El descodificador

Posts Tagged ‘Rodríguez Zapatero

“Solo conduce una persona, pero lo importante es que hay todo un equipo detrás”, rezaba la publicidad del Banco de Santander que La Sexta emitió durante la primera carrera de la temporada de Fórmula 1. En condiciones normales, lo lógico sería pensar que Emilio Botín y los suyos hablan de Fernando Alonso, el campeón español, y de los chicos de Ferrari que intentan que el asturiano vuelva a ser campeón del mundo. Pero la actualidad manda, y sugiere que los anuncios pagados por el banquero cántabro podrían muy bien ensalzar de manera subliminal a Rodríguez Zapatero y al resto de su Gobierno. Botín, un banquero depredador, pide a un presidente socialista que aplace el debate sucesorio, que no adelante las elecciones y que siga al frente de la nave. Y Zapatero calla, luego otorga. Normal, ¿no?

Botín está encantado con Zapatero y compañía. “Solo conduce una persona, pero lo importante es que hay todo un equipo detrás”. En un mundo cabal, un gobierno de izquierdas sería la pesadilla de la banca, pero no vivimos en un mundo cabal. Vivimos el mundo al revés de José Agustín Goytisolo, aquel en el que había un príncipe malo, una bruja hermosa, un pirata honrado y… un socialista de derechas. “No nos deje usted, señor Zapatero”, parece suplicar Botín en nombre del resto de empresarios, rescatados antes y encantados ahora con una crisis que empobrece a los pobres y enriquece a los ricos: Los consejeros del banco presidido por Botín ganaron 39,7 millones de euros el pasado año, una cifra que resulta un 13,4% mayor a la declarada en 2009.

¿Cómo no vas a estar contento con Zapatero si, con la que está cayendo, ganas un 13,4% más? Rajoy y su banda de mediocres, ansiosos, derrochadores y corruptos pueden dar muchas alegrías a Botín y los suyos, qué duda cabe, pero de momento no merece la pena arriesgarse. “Virgencita, virgencita, que me quede como estoy”, piensa Botín para desesperación de un líder del PP que, sin el apoyo del dinero, ve como su sueño de poder se aleja. Y el lobito bueno, ese al que maltrataban todos los corderos (incluidos los de su propio rebaño-manada), sigue jugueteando con un debate sucesorio que, pobrecillo, ya ni siquiera está en sus manos.

P.D.

En Londres, a palos con el Santander. Sucedió durante una marcha contra los recortes del Gobierno liberal conservador británico.

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Un motivo para NO ver la televisión.

Ron Sexsmith.

Cd: Long Player Late Bloomer.

Undécimo disco de un cantautor canadiense tan brillante como previsible. Dueño de una voz inconfundible, y de una inagotable capacidad para escribir canciones de amor y tristeza, el intimista Sexsmith ha grabado un puñado de excelentes temas a los que sólo puede echárseles en cara la ausencia de capacidad para sorprender. Es el mismo cantante, ya con 47 años, que maravilló con aquel “Blue Bloy” (2001) producido por Steve Earle. Y eso es bueno… y malo. En cualquier caso, trece grandes canciones pop.

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Un amigo gitano me cuenta que el precio de la chatarra ha subido una barbaridad: de seis euros el kilo ha pasado a más de veinte. Los chinos, que están comprando toneladas, han devuelto a la chatarra el prestigio perdido. La chatarra es metal de desecho, esos trozos de hierro que un día formaron parte de algo tan bello como una lámpara, tan útil como una silla de ruedas, tan recio como la viga de un puente. Acosados por los años, incapaces de mantener la pátina, se oxidan en el sótano del olvido. El pasado averiado, el brillo apagado, el esplendor desenmascarado y mohoso. Eso es la chatarra. El metal es el origen del término, que también podemos aplicar a decadencias tales como la comida chatarra, la literatura chatarra, la chatarra espacial o la telechatarra. No olvidemos, sería injusto, a los políticos chatarra: descompuestos, recauchutados, roñosos, herrumbrosos, sórdidos, corrompidos, pútridos…

“Cuando me miro en el espejo estoy en paz con mi imagen”, asegura Silvio Berlusconi, la más grande de las chatarras políticas europeas. Acusado por la fiscalía de Milán de prostitución de menores y abuso de poder, este Mussolini sobremaquillado asegura que ni piensa dimitir ni tiene intención de prestar declaración ante los tribunales. Y es posible que no lo haga, puesto que goza de inmunidad parlamentaria y del control de los medios de comunicación. “No se necesita mucha política cuando se tiene la televisión”, resumió sabiamente uno de sus asesores.

Las democracias enfermas se extienden por los países más chatarreros. Ahí es donde debería aparecer el periodista… Ahí es donde tratan de impedir su trabajo los políticos. El grado de populismo y manipulación de Berlusconi es tan grande que algunas televisiones, de las pocas de las que no es propietario, rechazan sus llamadas telefónicas: Giovanni Floris, presentador de la tertulia nocturna de Rai 3, el tercer canal de la televisión pública italiana, se negó el martes a que le pasaran en directo la llamada del primer ministro. “La última vez que lo hizo llamó a los periodistas prepotentes y mistificadores”, aseguró Floris.

El periodista, si no es amigo, puede convertirse en el  principal objetivo del político chatarra. Miren a Francisco Camps, presidente de todos los valencianos. Hace unos días demostró en Bruselas su desprecio por la información libre, por el periodismo, ignorando la cuestión que le formuló el corresponsal de Público durante una rueda de prensa. El periodista le preguntó sobre la posible apertura del juicio en el caso del presunto cohecho de los trajes, y un Camps altivo y chulesco le respondió hablándole del corredor mediterráneo. Un micrófono abierto grabó segundos después los pensamientos de esta chatarra política: “Estos son los que me dan votos, porque al final fíjate, dos terceras partes del parlamento valenciano van a ser del PP”.

P.D.

¿Existe la chatarra nuclear? Quizá el término sirva para esos restos eternos que no sabemos dónde enterrar. En cualquier caso, de lo que no hay duda es del excelente momento que atraviesa la chatarra moral: El ministro de Industria, Miguel Sebastián, en nombre de Rodríguez Zapatero, asegura que está dispuesto a retrasar el cierre de las centrales nucleares, incluida la de Garoña, a cambio de un pacto global en pensiones y reforma laboral .

Por cierto ¿No será usted uno de los pardillos que votó al PSOE que incluyó en su programa el cierre progresivo de las centrales nucleares? Pobre: su voto se convirtió en chatarra.

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Un motivo para NO ver la televisión

Fuck America.

Autor: Edgar Hilsenrath.

Editorial: Errata Naturae.

Jakob Bronsky logró escapar de un gueto alemán y llegar hasta Nueva York para, desde las alcantarillas de esa ciudad, escribir a trompicones una novela de prometedor título: “El pajillero”. No esperen la historia de alguien con la conciencia social y la rectitud moral de un exiliado político. Bronsky es un vago, un trapichero, un salido e incluso un sinvergüenza. Trabaja lo justo para poder escribir, ni un minuto más. Frecuenta la compañía de prostitutas, roba a sus compañeros de pensión, y sueña con sodomizar a una secretaria. Una joya, el pájaro.

Un libro de estas características, protagonizado por un escritor onanista condenado al fracaso, sólo me lo podían haber recomendado unos tipos infames. Concretamente aquellos que escribían de literatura en Soitu. Los mismos que han abierto una librería independiente, luminosa y selecta en pleno centro de Madrid. “Tipos Infames” se encuentra en el número 3 de la calle San Joaquín, semi esquina con Fuencarral, y ofrece, además de una cuidada selección de  novedades editoriales (ni un libro malo), algunos vinos excelentes a precios ajustados. Y lo digo con conocimiento de causa: mientras escribo estas líneas me estoy bebiendo la botella de Ziries que me regalaron hace unos días. Un vino de Toledo, uva garnacha, riquísimo. ¡A vuestra salud! Y a la del bueno de Bronsky, un personaje que fascinará a los seguidores de Fante, Bukowsky y demás desaliñados escritores USA.

Nos están intoxicando. Algunos de forma rápida y sin contemplaciones, añadiendo aceites industriales a los piensos de granjas de pollos y cerdos, permitiendo que el aire de Madrid esté tan sucio como para provocar infartos o contaminando el río Guadalquivir con toxinas y altísimas concentraciones de CO2. Otros lentamente, vendiéndonos a través de la televisión ideas viejas, conceptos agotados, filosofías decadentes, personajes sin importancia. Sin ir más lejos, hoy lunes desfila por la pantalla el pasado del PSOE. En los desayunos de La 1 (TVE) Ana Pastor entrevista, en su regreso post parto, a Felipe González. Y por la noche, en el nuevo plató de Antena 3 Noticias, Gloria Lomana hará lo propio con Rodríguez Zapatero. Dos son los entrevistados y dos los únicos puntos de interés informativo: ver en qué grado de ebullición se encuentra la soberbia de González y conocer el alcance de la depresión pre mortem de Zapatero. ¿Fascinante verdad?

Las comparaciones siempre son odiosas, pero si se hacen entre González y Zapatero, más. En cualquier caso, me temo que a lo largo de estos últimos años hemos tenido tiempo de saber todo lo que necesitamos saber sobre González y Zapatero. ¿Qué tal si utilizamos la televisión para otros menesteres? Los ciudadanos nos merecemos algo más que las bocanadas finales de políticos agotados.

La sociedad, es decir, la televisión, necesita desintoxicarse de políticos. ¡Dejen paso a los ciudadanos con cosas interesantes que decir! Queremos oír otras voces, conocer otras opiniones, recuperar la sinceridad y la credibilidad en la palabra. ¿Quieren saber de qué les estoy hablando? Muy sencillo: lean cada día la contraportada de La Vanguardia. Por esa página maravillosa desfilan personas con cosas fascinantes que contar. Filósofos, horticultores, escritores, veterinarios, empresarios, bailarines, astrofísicos, poetas, arquitectos, monjes tibetanos, ornitólogos, cantautores, psiquiatras, primatólogos, escaladores, psiconautas, ex presidiarios, apicultores, enfermos mentales, neurobiólogos, mimos, espeleólogos, supervivientes, teólogos, historiadores, guerrilleros…

En el mundo hay gente interesantísima que tiene cosas grandiosas que contar. Entonces ¿por qué perdemos el tiempo escuchando una y otra vez a los mismos políticos? Repetitivos, mentirosos, amorales, ambiciosos, egoístas, sin ideas… Los políticos ya nos han dicho todo lo que nos tenían que decir. Hagamos un esfuerzo por escuchar voces sabias, exijamos su presencia en televisión. Ya saben, filósofos, horticultores, escritores, veterinarios, empresarios, bailarines, astrofísicos…

P.D.

Impresentable información (¿) en El País sobre la decisión de TVE de no retransmitir corridas de toros. Firmada por R.G. Gómez, incluye frases tan tendenciosas como la que abre el artículo: “La televisión estatal da otro rejonazo a la tauromaquia”. ¿Otro rejonazo? No conforme con el alarde imaginativo que supone semejante frase, Gómez parece dudar de las intenciones de la televisión pública: “En principio, RTVE justificaba la renuncia a retransmitir este tipo de festejos en su discreta audiencia. Posteriormente, alegó problemas presupuestarios, incompatibles con el alto coste de los derechos. Ahora se escuda en que los espectáculos taurinos se celebran en horario de protección de menores para proclamar que abolirá las corridas de sus parrillas”.

Pues le guste o no a Gómez, resulta que todas esas “razones” son ciertas. Las corridas de toros tienen poca audiencia, los derechos son muy caros y se celebran en horario de protección infantil. TVE, la televisión pública, hace muy bien en no retransmitir tortura de animales.

Un motivo para NO ver la televisión

Caso cerrado.

Autor: Philip Gourevitch.

Editorial: Alfaguara.

Gourevitch ha escrito tres grandes libros, dos de ellos reportajes largos, intensos y emocionantes de esos que todo periodista debería leer con atención: “Queremos informales de que mañana seremos asesinados con nuestras familias” y “La balada de Abu Ghraib” (Debate, ambos). En el primero analiza el genocidio de Ruanda después de entrevistar a cientos de víctimas y verdugos. En el segundo se centra en la guerra de Irak, más concretamente en las torturas realizadas por soldados norteamericanos en las viejas mazmorras de Sadam Husein.

Gourevitch  es un periodista descomunal y un escritor meticuloso y concienzudo. “Caso cerrado” es diferente a los dos trabajos anteriormente citados. Es un reportaje con alma de novela negra basado en la vida criminal de un hombre. Y en las obsesiones del policía que le persigue durante tres décadas.

Documentado de manera minuciosa, escrito de forma brillante, “Caso cerrado” es la historia que a todo periodista le gustaría escribir. Real, corta, directa, genial…


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