El descodificador

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Si yo les digo que los barriguitas tienen su propio estudio de televisión, es muy posible que piensen que hablo de la productora del gordito de Intereconomía y sus colegas. Pues no. Los barriguitas son unos muñecos buenos. Fabricados por Famosa y con el tamaño de una manzana, adoptan diferentes papeles de la vida humana. Hay barriguitas que tienen negocios, como una peluquería, una farmacia o una tienda de mascotas. Otros están en un hospital o en su casa. Una pareja de barriguitas se presenta en un “kit boda” con todos sus accesorios, ramo de novia, tarta nupcial y pista de baile giratoria incluidas. Pero el más original y fascinante es el estudio de televisión.

El plató de los Barriguitas incluye cuatro muñecos. Qué mínimo. Presentadora, cámara, maquilladora y realizadora, imagino. Los niños se lo pasarán como enanos con este divertido juego, que seguro que para las próximas navidades aumenta su plantilla. Ya lo estoy viendo… El quirófano de los barriguitas, con unas diminutas Belén Esteban y Ana Obregón con diferentes caras de quita y pon. El geriátrico de la tele pública, con decenas de barriguitas de cincuenta años y uno de 81 (que puedes intercambiar de posición). Y la fusión de los barriguitas, un batiburrillo de muñecos, empresas, acciones y billetes de 500 euros que puedes ordenar de las maneras más estrambóticas.

Cincuenta euros bien invertidos. Y no serán los últimos… En los grandes almacenes que no admiten que sus trabajadores estén sindicados, ya saben a cuales me refiero, están liquidando “las televisiones sin TDT de Disney”. Con esta frase intentan vender teles viejunas: la rosa de Campanilla, la negra de piratas del Caribe y la roja de Cars se saldan a 59,95 euros. Un chollo, si no fuera porque el descodificador de TDT cuesta otros 50 euros.

Pero para muñequito barriguitas, el cantante Alejandro Sanz, que fue protagonista anoche de un especial en La 1 de TVE. Un programa con muchas similitudes con el que tuvo lugar hace tres años, cuando Pepa Bueno entrevistó, también en Navidad y para la tele pública, a Miguel Bosé. Exactamente los mismos tópicos, las mismas banalidades, el mismo peloteo, pero sólo con parecidos protagonistas: cambien a Bosé por Sanz, y a Bueno por Ana Pastor (su sustituta al frente de “Los desayunos de TVE”), y tendrán el mismo engendro promocional. Entonces Bosé se forraba con “Papito”, ahora Sanz lo intenta con “Paraíso Express”. Los dos con la misma discográfica, Warner Music. Y con el mismo padrino, TVE.


Recostado en el sillón de su casa, con los pies sobre la mesa (como Bush en su rancho), el cantante con el corazón fragmentado en dos o más trozos opinó sobre Obama o Berlusconi. Y resultó que sus opiniones despiertan el mismo interés que sus canciones. Cero. Y sin bajar los pies se atrevió a hablar sin decir nada sobre el hambre en el mundo. ¿Lo mejor? Saber que Alejandro necesita una limpieza de cutis: “le sale el arte por cada poro”, asegura Ana Pastor en su blog. Terminaron brindando “por el paraíso navideño”.

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Según informa la agencia EFE, el habitual mensaje de Navidad del Rey cambiará la “escena tradicional” que ofrecía hasta ahora en su emisión televisiva por una “nueva” y “distinta”, según ha explicado el presidente de la Corporación de RTVE, Alberto Oliart. Al parecer es la Casa Real quien ha solicitado que se “variara” esa imagen. Podemos esperar cualquier cosa…

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La serie “Cuéntame” ha sido galardonada con el Premio Nacional de Televisión que, convocado por el Ministerio de Cultura, celebraba su primera edición. Un jurado, formado por cracks como Carmen Caffarel, Manuel Campo Vidal o Juan Cueto, ha tomado la decisión, que además del honor incluye un sobre con 30.000 euros. No se sabe quién recibirá la pasta, si la productora o TVE. Una cifra con la que no pagan, me temo, ni el catering del capítulo más barato. Una pasta que seguramente el Ministerio de Cultura podría invertir en proyectos más innovadores, arriesgados y, sobre todo, necesitados.

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Un motivo para NO ver la televisión.

Tom Waits.

Cd: Glitter and Doom Live.

El concierto del 12 de Julio de 2008 en San Sebastián está en cada surco (digitalmente hablando) de esta recopilación, un disco amplio (17 canciones) pero incapaz de mostrar en toda su inmensidad el espíritu de Tom Waits sobre un escenario. Tom es Dios. Y también una anguila. Es muy difícil atrapar a una anguila. “Soy un pez albino, ya sabes, ése que lleva tanto tiempo en el lago. Me estoy haciendo mayor y aún no me han pescado”, dijo en una entrevista en Australia. Pero merece la pena intentarlo: no todos los días se editan cd´s con la energía bastarda que desprende este genio de la narración y el sonido. De regalo, un disco con sus historias.

Vivimos en un mundo raro. No aquel sembrado de mentiras al que cantaba el gran Enrique Urquijo, (“no sé del dolor / triunfé en el amor / y nunca he llorado”). Sino ese otro de carne y hueso en el que las bellotas son más caras (6,90 euros el kilo en la Boquería, Barcelona) que los langostinos medianos (5,90 euros el kilo en Carrefour, Talavera de la Reina). Un mundo raro en el que el informativo del mediodía de Antena 3 se abre con el robo en la vivienda del empresario y ventrílocuo José Luis Moreno. ¿Es ésta una noticia para abrir un informativo nacional? Sólo el hecho de que aún no se haya descartado que los ladrones hayan sido los actores que, sin contrato, trabajaron para su productora, puede hacer dudar a un periodista de raza.

moreno1.jpgEn este mundo raro, el reportaje de Antena 3 sobre el robo en la casa de Moreno tiraba la casa por la ventana: “La vivienda estaba repleta de obras de arte y objetos de valor” ¡Coño, como las tumbas de los faraones! Y es que “repleto”, según el Diccionario de Uso del Español Actual (SM), prologado por García Márquez, significa: “muy lleno, o lleno por completo”. Ni Roca, con sus Mirós en el retrete, superaba este lujo y esplendor.

Las imágenes eran más austeras, y curiosamente mostraban al gran Moreno con el presentador del Tomate (programa de otra cadena, Telecinco), ese individuo que dice que le odiamos por ser homosexual. ¿Es normal que Antena 3 elija a esa extraña pareja para ilustrar la noticia? ¿Casualidad? ¿Mala baba? No sigo. Sé que dedicándole una sola línea al tal Jorge Javier Vázquez estoy engordando al monstruo, entendiendo este adjetivo como metáfora, nunca como descripción física o profesional.

En este mundo raro el telespectador puede esperarse cualquier cosa. Como ver en una cadena el velatorio de Franco (“Cuéntame”, TVE1) exactamente al mismo tiempo que otra celebra la onomástica del rey Juan Carlos (“El rey cumple 70 años”, Antena 3). No les voy a decir nada de “Cuéntame” que ustedes no sepan. Y no voy a decirles nada de “El rey cumple 70 años” que ustedes necesiten saber: un documental a la antigua, con voz en off y comentarios en la onda de Pilar Urbano. Un mundo raro éste, en el que las monarquías sobreviven en pleno siglo XXI. Las diferencias con las repúblicas son mentales, intrínsecas y si me apuran hasta estéticas. Observen: mientras Sarckozy entra en Carla Bruni, la infanta Elena sale de Marichalar. Un mundo raro de cojones.

¡Vaya nochecita les dieron ayer a los líderes del PP! Una serie de televisión hizo que en muchos hogares del Partido Popular se bordease la deshidratación lacrimal, se disparase el consumo de klínex y los ánimos se derrumbasen. Y es que en “Cuéntame” (TVE1) se vivieron las últimas horas de la vida de Franco. Como lo oyen. Me temo que muchos seguidores de Rajoy se han enterado por los Alcántara del luctuoso acontecimiento. A otros les ha venido bien para refrescar la memoria: lo habían olvidado. Algunos incluso creían que el sátrapa se había reencarnado en un antiguo presidente del partido. ¡Qué mal rato tuvo que pasar delante del televisor el pobre Mayor Oreja al comprender que esa etapa “de extraordinaria placidez”, vivida “por muchas familias con naturalidad y tranquilidad”, ya era historia. ¡Carne de folletín televisivo!

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“Cuéntame” cumplió ayer más que nunca un papel pedagógico de incalculable valor, al recordar a todos los telespectadores el final de uno de los capítulos más siniestros de nuestro pasado. Acebes, que reinterpretó las palabras de Oreja y se negó a condenar el franquismo, seguro que se vino abajo. Pero al resto nos mereció la pena. A mí, sin ir más lejos, me pareció un capítulo interesante, quizá algo largo, pero con momentos incluso divertidos. Los Alcántara sueñan, en la cama y en blanco y negro, cómo serán sus vidas sin Franco. Y tienen gracia hasta los montajes de imágenes, con juramento incluido delante de un joven y franquista Juan Carlos. Y el documental de pingüinos que emitiría la tele cuando se produjese el óbito. Hasta resultó entrañable el homenaje final, en los créditos, a un Fernán Gómez que interpretó al perfecto maestro.

Al final me despisté y no sé si Franco murió anoche o aguanta una semana más. Franco tardó en morir en la vida real, y en la ficción tampoco podemos decir que se haya dado mucha prisa: ha necesitado 151 capítulos de esta serie nostálgica para dar las últimas bocanadas. Pero… ¿realmente Franco ha muerto? Después de “Cuéntame” veo en un informativo las imágenes del desalojo del centro social “Casas Viejas”, en Sevilla. Unos “grises” tirando a negros dan estopa como en los viejos tiempos, esos que tanto gustaban a Oreja y Acebes. Porrazos a diestro y siniestro en plena calle, eligiendo sus víctimas en función del aspecto: el viejo con la barra de pan se salva, el joven con pañuelo palestino se lleva dos hostias. Les juro que la única diferencia que notaba con la serie era la ropa, los coches y el color de los uniformes…

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