El descodificador

Archive for enero 27th, 2011

Je suis désolé. La cotización de la trufa, ese hongo ascomiceto de exquisito sabor, se ha desplomado: apenas se han pagado 1.700 euros por 569 gramos en la subasta benéfica organizada por Madrid fusión, cuando el pasado año se superaron los 3.000 pavos. ¿Cómo puede suceder una cosa así? ¿Es que ya no creemos en nada? Sin trufas, el termómetro anímico de nuestra sociedad, ya nada tiene sentido. ¿De qué sirve una sanidad pública eficaz, una justicia rápida o una educación de calidad, si no podemos espolvorear una miaja de negra de Périgord sobre nuestros tagliatelle? El paro, las pensiones, la violencia de género, la ausencia de valores, la dimisión de Alex de la Iglesia…Minucias si lo comparamos con la debacle que supondría la decadencia de este hongo de micelio tabicado y precio desmesurado.

¿Sabe usted que es el aroma lo que delata a las trufas, y hace posible su localización y recolección? El humano, que lamentablemente no está suficientemente dotado a nivel pituitario como para realizar este trabajo, recurre al cerdo. ¡Qué gran animal! El cerdo, digo. Sería injusto que la agonía de esa industria condenase al gorrino, otro de los pilares de nuestra sociedad, a la jubilación anticipada. Nosotros podemos trabajar hasta los 67 con una sonrisa en los labios, qué duda cabe, pero el cochinillo no trufero como mucho a los 18 meses tiene excursión al matadero. ¿Por qué no recuperamos a esos puercos de fino olfato para tareas audiovisuales?

Ya estoy viendo la escena: un guarro presidiendo las reuniones de contenidos de Telecinco. “¿Otro?”, pensará el lector con guasa. Efectivamente, uno grande y hermoso, un gocho rebozado en mierda que, sentado en un sillón de cuero (de vaca), sea capaz de, con sólo olisquear las carpetas de proyectos, decir cuáles serán un éxito y cuáles un fracaso. Voy a ir más lejos: la programación que la  cadena de Berlusconi emitió ayer, sin duda diseñada de forma meticulosa por profesionales de gran prestigio y jugosa nómina, podría hacerla un lechón por la mitad de dinero. ¡Qué digo por la mitad! Por un saco de bellotas el cerdo te prepara la parrilla de todo el año. Lean, lean: “El programa de Ana Rosa”, “Hombres, mujeres y viceversa”, “Informativos”, “Sálvame diario”, “Gran Hermano”…

Nacido y criado en una dehesa, el más apestoso y sucio de los cerdos ibéricos haría un papel de ensueño al frente de Telecinco, una auténtica cochiquera audiovisual, una enorme pocilga intelectual.

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P.D.1

Gracias a TVE sé más cosas de Harbin que de Teruel. Las dos son ciudades frías de cojones, pero los informativos de la televisión pública llevan dos días informando con detalle de la primera, una población China donde hace una rasca  pelona. ¿Por qué Harbin y no Teruel u otra cualquiera de las ciudades-congeladores del planeta? Muy fácil: en Harbin está Almudena Ariza, la reportera en constante movimiento, flamante premio del Club Internacional de Prensa a la mejor corresponsal española en el extranjero.

Es posible que usted recuerde a Ariza porque sus piezas son tan dinámicas que le impiden permanecer quieta: siempre se desplaza de un lado a otro de la pantalla. Si cuando comienza a hablar está en la izquierda, cuando termina está en la derecha. Pura acción, periodismo vivo. Quizá tampoco haya olvidado un reportaje memorable que comenzaba así: “Nos hemos colado en El Rocío…” ¿Colarse en El Rocío, una fiesta abierta a la que asisten miles de personas? O por el dramatismo de sus conexiones, siempre en el corazón de la tragedia, siempre en el centro del huracán, siempre vacías de contenido. Periodismo Harbin, melodramático como un culebrón, frío como el pecho de una rana.

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P.D.2

He recibido un correo muy triste: “Nuevos Medios cesa su actividad”. La muerte de Mario Pacheco  acarrea la desaparición de una de las discográficas más creativas, influyentes e independientes de todos los tiempos. Otro mal día para la música…

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Un motivo para NO ver la televisión

Pat Anderson.

CD: Magnolia Road.

En Estados Unidos das una patada a un bote y salen diez o doce cantautores. Si el bote es de Budweiser incluso dos o tres más. Y si se las das en Nashville… Más. Pero muy pocos son capaces de atreverse con una versión del “Dancing in the Dark” de Springsteen y salir airosos. Pat Anderson los tiene bien puestos, y en su primer disco lo demuestra: baladas, sí, pero también temas con los amplis a buen volumen y las baterías galopando. Raíces, de acuerdo, pero con una producción para el siglo XXI. Un tipo a seguir.

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