El descodificador

Archive for enero 26th, 2011

Tengo amigos que han entrado en profunda depresión después de escuchar a Durán i Lleida. Unos son funcionarios, y otros tienen apreturas económicas. Unos y otros estaban ilusionados por iniciar carrera política. Pensaban que tenían ideas, ganas de trabajar por los demás, creían que podían ayudar a construir una sociedad mejor. Pero en eso llegó el secretario general de CiU y les hundió en la miseria. Cuando un periodista le preguntó su opinión sobre la posibilidad de hacer públicos los bienes de los diputados, Durán i Lleida, cabreado como un mandril, respondió: “Si ustedes quieren que esta sea una cámara de funcionarios y gente pobre vamos por el mejor de los caminos”.

¡Funcionarios y gente pobre! ¡Qué espanto! Nada peor podría pasarle a la sociedad española, actualmente dirigida con sabiduría y transparencia por hombres y mujeres sin ataduras con el estado y con el riñón bien cubierto, que caer en esas manos. Durán i Lleida defiende que la política está reservada para “gente preparada”, las élites intelectuales y económicas, esas “que se pueden ganar la vida en la actividad privada”. Funcionarios y pobres son, por tanto, indignos de practicar tan noble arte. “Ha llegado un momento en que hay que defender la dignidad política”, sentencia el diputado en Cortes Generales.

Si seguimos dudando de esta buena gente, exigiendo el fin de sus privilegios, preguntando por sus incompatibilidades, pidiéndoles transparencia y el recorte de unas pensiones pensadas para exiliados, es muy posible que un día se enfaden y nos dejen en la estacada. ¿Imaginan una huelga de políticos? El pueblo ingobernable, moviéndose como pollo sin cabeza, llevaría al país a una situación de caos sólo comparable a “The Walking Dead”: ciudadanos zombies arrastrándose por las calles, sin oficio ni beneficio, al carecer de la iluminación ética, intelectual y moral que nos proporcionan sus señorías.

¡Qué ingrato es el pueblo llano! Y qué bueno es Durán i Lleida, que podría estar viviendo como un marqués y, sin embargo, está salvando a funcionarios y pobres de la crisis galopante. Es normal que piense que gana poco, que merece más, que su patrimonio debería ser secreto de estado. Recuerden que un día alguien le puso una pistola en el pecho para que se presentase a unas elecciones. Si no, ahora no disfrutaríamos de su sabiduría y buen hacer: estaría forrándose en una empresa privada.

“¡Al final me presento a las elecciones, que estoy hasta el coño!”, resume Belén Esteban, a las cuatro y media de la tarde, en Telecinco.


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Un motivo para NO ver la televisión

Ocho cerditos. Reflexiones sobre historia natural.

Stephen Jay Gould.

Editorial: Crítica.

Releo algunas de las piezas que el inolvidable Jay Gould escribió para revistas científicas, crónicas que se fueron publicando a lo largo de los años recopiladas en forma de libro. Son magníficas. Defienden teorías imposibles, reflexionan de manera divertida, y reflejan aspectos sorprendentes de la vida, en algunos casos de una complejidad infinita (la modularidad de Mozart). Están escritas de una manera tan pedagógica y amena que se disfrutan como si se tratase de pequeñas aventuras cotidianas.

La aportación de Jay Gould al mundo del conocimiento es infinita. Pone al alcance de cualquier zoquete con un mínimo de curiosidad la vida pluricelular, las peripecias de George el solitario (la última gran tortuga), los secretos de los dedos de los vertebrados, la historia jamás contada de la Creación o una visión inédita de la filosofía de Darwin. Jay Gould es mucho más que el cocreador de la Teoría del equilibrio puntuado. Es un maestro, en el sentido tradicional, eterno e insustituible de la palabra. Y el libro se puede conseguir en una magnífica, y económica (11,95 euros), edición de bolsillo.

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