El descodificador

Archive for enero 19th, 2011

Un amigo gitano me cuenta que el precio de la chatarra ha subido una barbaridad: de seis euros el kilo ha pasado a más de veinte. Los chinos, que están comprando toneladas, han devuelto a la chatarra el prestigio perdido. La chatarra es metal de desecho, esos trozos de hierro que un día formaron parte de algo tan bello como una lámpara, tan útil como una silla de ruedas, tan recio como la viga de un puente. Acosados por los años, incapaces de mantener la pátina, se oxidan en el sótano del olvido. El pasado averiado, el brillo apagado, el esplendor desenmascarado y mohoso. Eso es la chatarra. El metal es el origen del término, que también podemos aplicar a decadencias tales como la comida chatarra, la literatura chatarra, la chatarra espacial o la telechatarra. No olvidemos, sería injusto, a los políticos chatarra: descompuestos, recauchutados, roñosos, herrumbrosos, sórdidos, corrompidos, pútridos…

“Cuando me miro en el espejo estoy en paz con mi imagen”, asegura Silvio Berlusconi, la más grande de las chatarras políticas europeas. Acusado por la fiscalía de Milán de prostitución de menores y abuso de poder, este Mussolini sobremaquillado asegura que ni piensa dimitir ni tiene intención de prestar declaración ante los tribunales. Y es posible que no lo haga, puesto que goza de inmunidad parlamentaria y del control de los medios de comunicación. “No se necesita mucha política cuando se tiene la televisión”, resumió sabiamente uno de sus asesores.

Las democracias enfermas se extienden por los países más chatarreros. Ahí es donde debería aparecer el periodista… Ahí es donde tratan de impedir su trabajo los políticos. El grado de populismo y manipulación de Berlusconi es tan grande que algunas televisiones, de las pocas de las que no es propietario, rechazan sus llamadas telefónicas: Giovanni Floris, presentador de la tertulia nocturna de Rai 3, el tercer canal de la televisión pública italiana, se negó el martes a que le pasaran en directo la llamada del primer ministro. “La última vez que lo hizo llamó a los periodistas prepotentes y mistificadores”, aseguró Floris.

El periodista, si no es amigo, puede convertirse en el  principal objetivo del político chatarra. Miren a Francisco Camps, presidente de todos los valencianos. Hace unos días demostró en Bruselas su desprecio por la información libre, por el periodismo, ignorando la cuestión que le formuló el corresponsal de Público durante una rueda de prensa. El periodista le preguntó sobre la posible apertura del juicio en el caso del presunto cohecho de los trajes, y un Camps altivo y chulesco le respondió hablándole del corredor mediterráneo. Un micrófono abierto grabó segundos después los pensamientos de esta chatarra política: “Estos son los que me dan votos, porque al final fíjate, dos terceras partes del parlamento valenciano van a ser del PP”.

P.D.

¿Existe la chatarra nuclear? Quizá el término sirva para esos restos eternos que no sabemos dónde enterrar. En cualquier caso, de lo que no hay duda es del excelente momento que atraviesa la chatarra moral: El ministro de Industria, Miguel Sebastián, en nombre de Rodríguez Zapatero, asegura que está dispuesto a retrasar el cierre de las centrales nucleares, incluida la de Garoña, a cambio de un pacto global en pensiones y reforma laboral .

Por cierto ¿No será usted uno de los pardillos que votó al PSOE que incluyó en su programa el cierre progresivo de las centrales nucleares? Pobre: su voto se convirtió en chatarra.

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Un motivo para NO ver la televisión

Fuck America.

Autor: Edgar Hilsenrath.

Editorial: Errata Naturae.

Jakob Bronsky logró escapar de un gueto alemán y llegar hasta Nueva York para, desde las alcantarillas de esa ciudad, escribir a trompicones una novela de prometedor título: “El pajillero”. No esperen la historia de alguien con la conciencia social y la rectitud moral de un exiliado político. Bronsky es un vago, un trapichero, un salido e incluso un sinvergüenza. Trabaja lo justo para poder escribir, ni un minuto más. Frecuenta la compañía de prostitutas, roba a sus compañeros de pensión, y sueña con sodomizar a una secretaria. Una joya, el pájaro.

Un libro de estas características, protagonizado por un escritor onanista condenado al fracaso, sólo me lo podían haber recomendado unos tipos infames. Concretamente aquellos que escribían de literatura en Soitu. Los mismos que han abierto una librería independiente, luminosa y selecta en pleno centro de Madrid. “Tipos Infames” se encuentra en el número 3 de la calle San Joaquín, semi esquina con Fuencarral, y ofrece, además de una cuidada selección de  novedades editoriales (ni un libro malo), algunos vinos excelentes a precios ajustados. Y lo digo con conocimiento de causa: mientras escribo estas líneas me estoy bebiendo la botella de Ziries que me regalaron hace unos días. Un vino de Toledo, uva garnacha, riquísimo. ¡A vuestra salud! Y a la del bueno de Bronsky, un personaje que fascinará a los seguidores de Fante, Bukowsky y demás desaliñados escritores USA.

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