El descodificador

Archive for enero 12th, 2011

“¡Todos los políticos son iguales!”, ladra en la barra del bar un parado de 63 años que sólo ha cotizado a la seguridad social 39 de ellos. Se encuentra en pleno proceso de separación matrimonial y, a punto de perder su casa por no poder pagar la hipoteca, también ha perdido la fe en aquellos que eligió para gobernar. Y en los otros. ¡Pobre ignorante antisistema! La política es la verdad y la vida, es el presente y el futuro, es el poder y la gloria. Y por muy desafortunada que sea su existencia, ese trabajador fracasado debería saber que, como dicen los grandes analistas de la actualidad española, no todos los políticos son iguales. Si no me cree fíjese en el magnífico ejemplo dado estos últimos días por dos ex presidentes, José María Aznar y Felipe González. El primero se ha convertido en asesor externo de Endesa (200.000 euros anuales) mientras que González ha fichado como consejero independiente por Gas Natural (126.500 euros anuales).

Más diferentes, imposible. Aznar lleva bigote y ha fichado por una compañía pública privatizada, mientras que González fuma puros y ha sido fichado por una empresa pública privatizada. ¿Ven cómo no todos los políticos son iguales?

Es bien sabido que con la energía pasa como con el dinero: ni se crea ni se destruye, se consume. El presidente del Congreso José Bono se encuentra en estos momentos en Líbano, encabezando una delegación parlamentaria que ha viajado hasta Oriente Próximo para agradecer su trabajo a los cascos azules españoles. Quizá los soldados hubieran preferido la visita de Shakira, pero Bono ha elegido como compañeros de excursión un amplio grupo de diputados (auténticos cascabeles, eso sí), entre los que se encuentra la vicepresidenta segunda, Ana Pastor, el vicepresidente cuarto Jordi Jané, el secretario primero Javier Barrero, los portavoces de los grupos parlamentarios del PSOE, José Antonio Alonso, de CIU, Josep Antoni Duran i Lleida, del PNV, Josu Iñaki Erkoreka…

Mucha gente, muchos viajes, muchas dietas… No importa: el dinero gastado en políticos siempre está bien empleado. Solucionan nuestros problemas ¿no es así? Un ejemplo: conscientes de que vivimos tiempos de crisis, los presupuestos públicos destinados en España a la enseñanza en 2011 dispondrán de 1.800 millones de euros menos que el pasado año. ¿Ven cómo sí se puede ahorrar?

Con menos dinero para educación aumentará el fracaso escolar. Con mayor fracaso escolar los niños de hoy serán en un futuro adultos más ignorantes. Esos adultos ignorantes tendrán menos posibilidades de encontrar trabajos dignos, y más de estar desempleados y deprimidos. Jamás podrán jubilarse antes de los 65 años, puesto que nunca podrán cotizar 41 años a la seguridad social. Entonces, cuando se encuentren en el bar, hundidos y bebiendo cubatas, dirán: “¡Todos los políticos son iguales!”.

Pero a los políticos actuales no les importará, porque entonces ellos ya no estarán aquí. Les habrá contratado alguna empresa pública privatizada.

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P.D.

No todos los políticos son iguales, evidentemente. Los que sí son clavaditos son los medios de comunicación: si queremos saber con pelos y señales la vida laboral de Aznar tenemos que leer Público, sintonizar la SER o ver La Sexta. Sin embargo si lo que pretendemos es saber los detalles del nuevo curro de González deberemos leer ABC, oír la COPE y ver Intereconomía. ¿Entienden ahora la crisis de los medios de comunicación?

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Un motivo para NO ver la televisión

Elliott Murphy.

Cd: Elliott Murphy.

Desde décadas los discos del gran Elliott Murphy van apareciendo de manera más o menos rutinaria, sin grandes penas, con pocas glorias. Trabajos dignos que reúnen canciones más o menos brillantes que jamás alcanzan la intensidad y belleza de los viejos tiempos: “Aquashow”, “Lost Generation”, “Nigh Lights” y “Just a Story From America” parecen inalcanzables. Eran los años 70…

“Elliott Murphy” no nos devuelve al que considero uno de los más importantes cantautores norteamericanos de todos los tiempos, pero nos hace pasar un buen rato. Es un disco excelente del que es fácil imaginar la fórmula: letras muy cuidadas, auténticos poemas, envueltas en unas melodías construidas con y para la guitarra. Después de más de 30 discos grabados, y cientos de conciertos memorables, Murphy sigue mereciéndo todos nuestros respetos. Es un clásico. ¿La última de las estrellas del rock?


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No se dejen engañar por el título del post de hoy: no voy a hacer otro comentario agrio sobre el Gobierno. El post está dedicado a una serie de ficción norteamericana llamada “The Walking Dead”, estrenada anoche por La Sexta, la cadena más activa en los últimos días. Se trata de la adaptación de un comic que, escrito por Robert Kirkman y dibujado por Tony Moore en 2003, describe con gran éxito entre el público yankee un cataclismo que convierte a los humanos en zombis. Los zombis son, no hace falta que se lo cuente, esos muertos que no acaban de palmar y se mueven por el mundo como si fuesen sonámbulos a los que se les están acabando las pilas. ¿Han visto a Manuel Fraga recorrer la Ciudad de la Cultura de Galicia, ese monstruo presupuestado en 100 millones de euros en el que ya se han gastado 500 millones? Pues más o menos…

Antes de comenzar la crítica le confesaré que tengo ciertos gustos… digamos que extraños. Por ejemplo, me fascina la preparación de cadáveres de animales con fines científicos. Con esto quiero decir que no soy un tipo apocado o medroso. Pues bien, después de haber abierto en canal decenas de bichos muertos, escaldado y arrancado plumas de aves, extraído las vísceras de mamíferos, cocido sus cuerpos, descarnados y finalmente archivados sus esqueletos mondos y lirondos, tengo que confesar que con “The Walking Dead” he pasado algún mal rato. No me incomodan los restos reales de animales en diferentes fases de descomposición, pero me desagrada ver una ficción en la que disparan en la cabeza a una niña con la cara en proceso de putrefacción.

Con esto quiero decirle que “The Walking Dead” no es una serie para pusilánimes: la violencia es brutal y el detalle morboso no siempre está justificado. Cabezas reventadas con palos de beisbol, sesos saltando por los aires, sangre corriendo a chorros, cuerpos troceados que se arrastran con las tripas colgando, humanos embadurandos con restos de zombi… El ambiente post apocalíptico de la serie, que recuerda sospechosamente a “The Road” de Corman McCarthy y a la película de Danny Boyle “28 días después”, puede que así lo exija. Pero es seguro que tampoco le vendría mal un guión más jugoso, personajes emocionantes y actores con alma. Aunque tratándose de zombis imagino que no se les puede pedir demasiada pasión…

En cualquier caso, y pese al exceso de casquería, algunos momentos de los primeros capítulos son realmente memorables, como ese recorrido a caballo del protagonista camino de Atlanta, por el carril vacío de la autopista. Merece la pena echarle un ojo, en el sentido humano (no zombi), a la serie, y disfrutar de unos efectos especiales tan siniestros como brillantes. Pero no sé si será suficiente como para enganchar al público de ficción, ese que se debate entre bazofias como “Gavilanes” y exquisiteces como “Boardwalk Empire”.

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Un motivo para NO ver la televisión

Un naturalista y otras bestias.

George B. Schaller.

Editorial Altaïr.

Si envidio a alguien en este mundo, ese es George B. Schaller, el más grande de los biólogos de campo del siglo XX. Y no sólo porque fuera el compañero de Peter Matthiessen en su viaje por Dolpo, durante el que este último escribió “El leopardo de las nieves” (Siruela), un clásico absoluto. Sino porque Schaller ha pasado tres años estudiando a los leones del Serengeti, ha vivido más de un año junto a los gorilas de montaña de los Virunga, ha seguido las huellas de los tigres en India, ha instalado su tienda en la reserva natural de Wolong para desvelar las intimidades del oso panda… Y de la mayoría de estas aventuras ha escrito libros maravillosos, en los que ha sido capaz de mezclar con enorme sabiduría los datos científicos, y la etología de las especies, con descripciones mágicas de paisajes, animales y plantas.

Schaller es uno de esos hombres privilegiados que han vivido por veinte. Tras cincuenta años estudiando la naturaleza, viajando sin tregua y denunciando tropelías medioambientales, por fin edita en España este resumen de sus peripecias por todo el mundo. “Un naturalista y otras bestias”, subtitulado “Relatos de una vida salvaje”, es el ejemplo perfecto de una existencia plena, aprovechada al máximo.


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