El descodificador

Archive for enero 2011

El juez Santiago Pedraz, en una de esas iniciativas que nos hacen volver a soñar con la justicia universal, se ha desplazado a Bagdad para reconstruir la muerte de José Couso. La idea es excelente, puesto que satisface las exigencias de una familia que se siente víctima de un crimen de guerra: piensan que al cámara de Telecinco le dispararon de manera premeditada, sabiendo que no era un francotirador, y que los gobiernos de Estados Unidos y España han silenciado el caso al considerarlo “daños colaterales”. Con su viaje, Pedraz, como en otras circunstancias hiciera Garzón, demuestra que al menos una parte de la justicia española no mira para otro lado, no cree en la impunidad, no se doblega ante el poder.


La comunicación también es poder. A lo largo de varios días veo a un Pedraz omnipresente, que aparece en televisiones, en webs, en periódicos, en fotos, en entrevistas, en vídeos… Pedraz en el aeropuerto de Madrid, Pedraz sonriendo junto a un escolta, Pedraz fumando delante del cartel del aeropuerto de Bagdad, Pedraz en un puente grabando con una cámara,  Pedraz charlando con corresponsales, Pedraz en la habitación del hotel, Pedraz con enviados especiales, Pedraz…

Admiro la decisión de Pedraz, un soplo de aire fresco en una institución oxidada y rancia. Pero, ¿es necesario convertir una investigación judicial en un show mediático? Plantearé de otra manera la pregunta: ¿Se puede evitar que una investigación judicial se transforme en un espectáculo informativo? Quizá sean prejuicios personales, pero cada vez admiro más la discreción. Jean de la Fontaine creía que “las personas que hacen poco ruido son peligrosas”. No estoy de acuerdo: la gente prudente, silenciosa y mesurada resulta tan adorable como escasa. El ruido es un mal de nuestra sociedad, una de las formas más terribles de contaminación, y los medios informativos se han transformado en amplificadores sin criterio. Son capaces de convertir las nueces en estruendo.

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Un motivo para NO ver la televisión

El último buen beso.

Autor: James Crumley.

Editorial: RBA.


Aviso a navegantes: nada más terminar de leer “El último buen beso” abrí Iberlibro, introduje el nombre de Crumley, y reservé todos los títulos suyos editados en España que encontré. “Uno que marque el paso” y “Un caso equivocado”. La razón es muy sencilla: ¡hacía años que no me divertía tanto con una novela negra!

El último buen beso” es la historia de C.W. Sugrue, un investigador privado aficionado a la botella con una facilidad sorprendente para contactar con otros bebedores. Incluso con animales que beben como esponjas: durante buena parte de la novela le acompaña un bulldog alcohólico. Y digo le acompaña porque todo sucede durante un viaje interminable, miles de kilómetros bañados en cerveza y whisky, en busca de una mujer que resulta no ser quien parecía ser.

Dicen que Crumley ha hecho por las carreteras del Oeste lo que Raymond Chandler hizo por Los Angeles de los años treinta, y es absolutamente cierto. El escritor de Three Rivers (Texas), fallecido hace tres años, describe con maestría e ingenio las carreteras, los bares y las calles de la América profunda. Olvide los coctels caros, los Cadillacs rosas y los apartamentos lujosos. Aquí se bebe cerveza en lata, se conducen camionetas desvencijadas y se vive en una continua resaca.

El último buen beso” es una novela espectacular. Por lo bien que escribe Crumley, un maestro de la ironía, y por el personaje protagonista, uno de esos detectives condenados a convertirse en clásicos. Diversión garantizada.

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Je suis désolé. La cotización de la trufa, ese hongo ascomiceto de exquisito sabor, se ha desplomado: apenas se han pagado 1.700 euros por 569 gramos en la subasta benéfica organizada por Madrid fusión, cuando el pasado año se superaron los 3.000 pavos. ¿Cómo puede suceder una cosa así? ¿Es que ya no creemos en nada? Sin trufas, el termómetro anímico de nuestra sociedad, ya nada tiene sentido. ¿De qué sirve una sanidad pública eficaz, una justicia rápida o una educación de calidad, si no podemos espolvorear una miaja de negra de Périgord sobre nuestros tagliatelle? El paro, las pensiones, la violencia de género, la ausencia de valores, la dimisión de Alex de la Iglesia…Minucias si lo comparamos con la debacle que supondría la decadencia de este hongo de micelio tabicado y precio desmesurado.

¿Sabe usted que es el aroma lo que delata a las trufas, y hace posible su localización y recolección? El humano, que lamentablemente no está suficientemente dotado a nivel pituitario como para realizar este trabajo, recurre al cerdo. ¡Qué gran animal! El cerdo, digo. Sería injusto que la agonía de esa industria condenase al gorrino, otro de los pilares de nuestra sociedad, a la jubilación anticipada. Nosotros podemos trabajar hasta los 67 con una sonrisa en los labios, qué duda cabe, pero el cochinillo no trufero como mucho a los 18 meses tiene excursión al matadero. ¿Por qué no recuperamos a esos puercos de fino olfato para tareas audiovisuales?

Ya estoy viendo la escena: un guarro presidiendo las reuniones de contenidos de Telecinco. “¿Otro?”, pensará el lector con guasa. Efectivamente, uno grande y hermoso, un gocho rebozado en mierda que, sentado en un sillón de cuero (de vaca), sea capaz de, con sólo olisquear las carpetas de proyectos, decir cuáles serán un éxito y cuáles un fracaso. Voy a ir más lejos: la programación que la  cadena de Berlusconi emitió ayer, sin duda diseñada de forma meticulosa por profesionales de gran prestigio y jugosa nómina, podría hacerla un lechón por la mitad de dinero. ¡Qué digo por la mitad! Por un saco de bellotas el cerdo te prepara la parrilla de todo el año. Lean, lean: “El programa de Ana Rosa”, “Hombres, mujeres y viceversa”, “Informativos”, “Sálvame diario”, “Gran Hermano”…

Nacido y criado en una dehesa, el más apestoso y sucio de los cerdos ibéricos haría un papel de ensueño al frente de Telecinco, una auténtica cochiquera audiovisual, una enorme pocilga intelectual.

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P.D.1

Gracias a TVE sé más cosas de Harbin que de Teruel. Las dos son ciudades frías de cojones, pero los informativos de la televisión pública llevan dos días informando con detalle de la primera, una población China donde hace una rasca  pelona. ¿Por qué Harbin y no Teruel u otra cualquiera de las ciudades-congeladores del planeta? Muy fácil: en Harbin está Almudena Ariza, la reportera en constante movimiento, flamante premio del Club Internacional de Prensa a la mejor corresponsal española en el extranjero.

Es posible que usted recuerde a Ariza porque sus piezas son tan dinámicas que le impiden permanecer quieta: siempre se desplaza de un lado a otro de la pantalla. Si cuando comienza a hablar está en la izquierda, cuando termina está en la derecha. Pura acción, periodismo vivo. Quizá tampoco haya olvidado un reportaje memorable que comenzaba así: “Nos hemos colado en El Rocío…” ¿Colarse en El Rocío, una fiesta abierta a la que asisten miles de personas? O por el dramatismo de sus conexiones, siempre en el corazón de la tragedia, siempre en el centro del huracán, siempre vacías de contenido. Periodismo Harbin, melodramático como un culebrón, frío como el pecho de una rana.

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P.D.2

He recibido un correo muy triste: “Nuevos Medios cesa su actividad”. La muerte de Mario Pacheco  acarrea la desaparición de una de las discográficas más creativas, influyentes e independientes de todos los tiempos. Otro mal día para la música…

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Un motivo para NO ver la televisión

Pat Anderson.

CD: Magnolia Road.

En Estados Unidos das una patada a un bote y salen diez o doce cantautores. Si el bote es de Budweiser incluso dos o tres más. Y si se las das en Nashville… Más. Pero muy pocos son capaces de atreverse con una versión del “Dancing in the Dark” de Springsteen y salir airosos. Pat Anderson los tiene bien puestos, y en su primer disco lo demuestra: baladas, sí, pero también temas con los amplis a buen volumen y las baterías galopando. Raíces, de acuerdo, pero con una producción para el siglo XXI. Un tipo a seguir.

Tengo amigos que han entrado en profunda depresión después de escuchar a Durán i Lleida. Unos son funcionarios, y otros tienen apreturas económicas. Unos y otros estaban ilusionados por iniciar carrera política. Pensaban que tenían ideas, ganas de trabajar por los demás, creían que podían ayudar a construir una sociedad mejor. Pero en eso llegó el secretario general de CiU y les hundió en la miseria. Cuando un periodista le preguntó su opinión sobre la posibilidad de hacer públicos los bienes de los diputados, Durán i Lleida, cabreado como un mandril, respondió: “Si ustedes quieren que esta sea una cámara de funcionarios y gente pobre vamos por el mejor de los caminos”.

¡Funcionarios y gente pobre! ¡Qué espanto! Nada peor podría pasarle a la sociedad española, actualmente dirigida con sabiduría y transparencia por hombres y mujeres sin ataduras con el estado y con el riñón bien cubierto, que caer en esas manos. Durán i Lleida defiende que la política está reservada para “gente preparada”, las élites intelectuales y económicas, esas “que se pueden ganar la vida en la actividad privada”. Funcionarios y pobres son, por tanto, indignos de practicar tan noble arte. “Ha llegado un momento en que hay que defender la dignidad política”, sentencia el diputado en Cortes Generales.

Si seguimos dudando de esta buena gente, exigiendo el fin de sus privilegios, preguntando por sus incompatibilidades, pidiéndoles transparencia y el recorte de unas pensiones pensadas para exiliados, es muy posible que un día se enfaden y nos dejen en la estacada. ¿Imaginan una huelga de políticos? El pueblo ingobernable, moviéndose como pollo sin cabeza, llevaría al país a una situación de caos sólo comparable a “The Walking Dead”: ciudadanos zombies arrastrándose por las calles, sin oficio ni beneficio, al carecer de la iluminación ética, intelectual y moral que nos proporcionan sus señorías.

¡Qué ingrato es el pueblo llano! Y qué bueno es Durán i Lleida, que podría estar viviendo como un marqués y, sin embargo, está salvando a funcionarios y pobres de la crisis galopante. Es normal que piense que gana poco, que merece más, que su patrimonio debería ser secreto de estado. Recuerden que un día alguien le puso una pistola en el pecho para que se presentase a unas elecciones. Si no, ahora no disfrutaríamos de su sabiduría y buen hacer: estaría forrándose en una empresa privada.

“¡Al final me presento a las elecciones, que estoy hasta el coño!”, resume Belén Esteban, a las cuatro y media de la tarde, en Telecinco.


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Un motivo para NO ver la televisión

Ocho cerditos. Reflexiones sobre historia natural.

Stephen Jay Gould.

Editorial: Crítica.

Releo algunas de las piezas que el inolvidable Jay Gould escribió para revistas científicas, crónicas que se fueron publicando a lo largo de los años recopiladas en forma de libro. Son magníficas. Defienden teorías imposibles, reflexionan de manera divertida, y reflejan aspectos sorprendentes de la vida, en algunos casos de una complejidad infinita (la modularidad de Mozart). Están escritas de una manera tan pedagógica y amena que se disfrutan como si se tratase de pequeñas aventuras cotidianas.

La aportación de Jay Gould al mundo del conocimiento es infinita. Pone al alcance de cualquier zoquete con un mínimo de curiosidad la vida pluricelular, las peripecias de George el solitario (la última gran tortuga), los secretos de los dedos de los vertebrados, la historia jamás contada de la Creación o una visión inédita de la filosofía de Darwin. Jay Gould es mucho más que el cocreador de la Teoría del equilibrio puntuado. Es un maestro, en el sentido tradicional, eterno e insustituible de la palabra. Y el libro se puede conseguir en una magnífica, y económica (11,95 euros), edición de bolsillo.

“Pedantones al paño / que miran, callan y piensan / que saben, porque no beben / el vino de las tabernas” Antonio Machado.

Un día, hace no mucho tiempo, comí en el restaurante favorito del actual presidente del Gobierno. Entonces no lo sabía. Quiero decir que entonces yo no sabía que era el restaurante favorito de Zapatero. Un amigo me dijo que hacían muy buena la carrillada de ternera, y allí nos fuimos a probarla. El restaurante favorito de Zapatero no es una taberna del barrio Húmedo de León, no se vaya usted a pensar. En el restaurante favorito de Zapatero las lámparas son holandesas, el pan de oro brilla en unos espejos barrocos del XIX, la bodega es excelente, y las comandas se presentan protegidas por cubreplatos de plata que camareros uniformados levantan de manera ceremoniosa y perfectamente coordinada. Cuentan que el restaurante favorito de Zapatero, que se encuentra en un edificio singular de la madrileña calle Ferraz, nació como “cenáculo privado de financieros y políticos… con entrada restringida a un colectivo de socios muy definido”. En 2003 abrió “sus puertas al público en general, pero manteniendo un cierto sabor privado”. Actualmente concede un premio taurino anual y ofrece “espacios íntimos” y “alta cocina”. “Arte en su mesa”, resumen.

El restaurante favorito del líder socialista es el Club Allard. Un restaurante algo estirado y bastante caro capaz de transportar al cliente, tal y como dice su promoción, “a un paraíso de plácida elegancia”. Yo no he vuelto por allí, pero que conste que no ha sido porque no estuviese buena la carrillada, que estaba riquísima, sino porque me la tuve que pagar yo.

Si usted come con un político es muy difícil que le deje pagar la cuenta. Son generosos por naturaleza. No sería descabellado pensar que la cocina española de vanguardia debe tanto a ministros y concejales de urbanismo como a Arzak o a Ferrán Adriá. Allá por 1930 el conde de Keyserling aseguró, tras limpiarse unas migas de la boca con la manga del gabán, que para conocer el arte culinario de la edad de piedra bastaba con visitar a los pastores de las sierras españolas. El descomunal progreso gastronómico se ha cimentado sobre las visas de políticos, constructores y nuevos ricos, quienes con su generosidad han permitido que en menos de un siglo nuestra cocina se haya elevado desde el chozo del cabrero al paraíso de la plácida elegancia. Hoy celebramos la consolidación de Madrid Fusión, meca del soplete y la textura gelatinosa. Y nos enorgullecemos de que el Bulli, mejor restaurante del planeta, cierre sus puertas para convertirse en una fundación-centro de investigación con emisiones cero.

Conseguir emisiones cero es el sueño de todo comedor de legumbres y, por supuesto, de todo político concienciado. Zapatero, en un ejemplo de coherencia y compromiso, se niega a comer fabada y a cerrar las nucleares. Es la evolución lógica de unos progresistas exquisitos que se afanan por saber de vinos, educar el paladar y ofrecer una imagen de compromiso social. Saben que la alta cocina y las izquierdas son perfectamente compatibles, como ya demostró Miguel Hernández, republicano fuera de toda sospecha, con su pionera deconstrucción de la morcilla: “sangre escarchada de azúcar, cebolla y hambre”.

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Un motivo para NO ver la televisión

Tom Petty & The Heartbreakers.

Cd: Damn The Torpedoes.

Me pondré cebolleta: ya no se hacen discos como este. Esas canciones, ese sonido, esa portada… El tercer disco del genio de Florida, un derroche de inspiración y sensibilidad rocanrolera, roza la perfección. Escuchándolo esta tarde, más de 30 años después de que fuese grabado, es difícil no añorar esa batería perfecta de Stan Lynch, esos teclados omnipresentes de Benmont Tench, esa guitarra luminosa de Mike Campbell, esa producción colosal de Jimmy Iovine… Y por supuesto esos temas demoledores que Petty canta con voz de ratón y alma de león. En “Dawn The Topedoes” están los Byrds y los Stones, la Creedence y los Beatles, la verdad y la gloria del rock norteamericano.

Hace un par de meses se editó una versión Deluxe Editión, con el disco original  remasterizado y nueve temas más. Recomiendo la edición en vinilo, por respeto a la foto de Petty en la portada.

Un Mariano Rajoy eufórico, aún bajo los efectos afrodisiacos de la última convención de su partido, se presentó en el plató de Antena 3 con cuerpo de jota, aplomo presidencial y ánimo de reforzar su liderazgo con un nuevo golpe de propaganda hueca. Está en plena campaña electoral, y me temo que no ya de autonómicas, sino de generales. Es un líder sediento, quizá no tanto de urnas como de poder, y charlaba con Gloria Lomana, una de las entrevistadoras con menos reflejos de la historia de la televisión. No es de extrañar que después de esa conversación entre dos pesos pesados de la insolvencia comenzase la república…

Lamentablemente se trataba de la segunda, no de la tercera. República, digo. Continuación de “La señora” (spin-off, le dicen), “14 de abril. La República” es el nuevo culebrón histórico de TVE, una vuelta de tuerca más al inagotable filón que han encontrado en las series inspiradas en el franquismo y aledaños. Ya saben, “Amar en tiempos revueltos”, “Cuéntame”… Pura nostalgia light. Que nadie se asuste y piense, como contaba La Razón en su alarmista portada, que la serie “hurga en la memoria de la guerra civil”. He podido ver el primer capítulo en la web de TVE, y estoy en condiciones de asegurar que ni siquiera turbará el sueño de una monja de clausura. El telespectador encontrará una excelente ambientación, un vestuario muy cuidado, mucho amor, muchos enredos, muchos personajes extremos (buenísimos y malísimos)… Y poco más. Tranquilos, después de “14 de abril…” nadie saldrá a la calle para exigir la República.

Tampoco saldrá nadie a las calle para tirar cohetes por la entrevista de Lomana a Rajoy. Tras chutarse una sobredosis de autoestima el fin de semana, el candidato popular no es capaz de transmitir mejores sensaciones que antaño, es decir, más ideas que antaño. “Soy de buena pasta”, dice el pobre. “Ya lo veo”, reponde la pobre. El líder popular tiene grandes planes para crear empleo, asegura todo ufano, pero los desvelará en un futuro. Así las cosas, los 38 minutos de entrevista se podrían resumir en la pregunta y respuesta iniciales:

– ¿Se ve usted como presidente?

– En absoluto…

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P.D.

En “Los desayunos de TVE” Ana Mato, muy chulita, asegura que “Zapatero no quiere irse ni muerto”. Sólo unos minutos después nos enterábamos de que la vicesecretaria de Organización del Partido Popular es toda una experta en idas y venidas: Correa les regaló a ella y a su ex marido viajes por valor de 28.000 euros. ¿Esta es la “unidad” de la habla Rajoy? En la rapiña…

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Un motivo para NO ver la televisión

Ambrose Bierce y la reina de picas.

Autor: Oakley Hall.

Editorial Valdemar.

Descubrí a Oakley Hall gracias a “Warlock”, un western monumental que publicó hace poco Galaxia Gutemberg, y desde ese momento me convertí en un incondicional del escritor californiano. Pocos han narrado con tanta fuerza, profundidad y humanidad los tiempos del far west. Ahora se publica “Ambrose Bierce y la reina de picas”, una historia ambientada en el San Francisco de finales de 1880, tiempos duros en los que la violencia, el vicio y la ausencia de escrúpulos estaban a la orden del día.

En este libro, editado por Valdemar, Hall recrea una aventura del legendario periodista Ambrose Bierce, en la que investiga, con la colaboración del joven reportero Tom Redmond, la aparición de un asesino en serie que mata y destripa prostitutas. Las cosas no acaban ahí, puesto que Bierce, obsesionado por la corrupción que rodea el monopolio del ferrocarril, husmea en los entresijos del poder. Corrupción, prostitución, alcohol, muerte y algo de periodismo dan forma a una obra apasionante que, sin alcanzar la grandeza de “Warlock”, ofrece al lector momentos de enorme placer. Hall es un clásico, no lo olvidemos.


José Luis Moreno, el empresario-ventrílocuo imputado en el caso “Palma Arena” por un supuesto soborno al presidente balear Jaume Matas, pensó que la mejor manera de probar su inocencia era presentarse ante el juez con un manojo de billetes falsos. Moreno quería demostrar que los siete centímetros de grosor del sobre que portaba, y que incluía billetes de 500 euros fotocopiados, hacían inviable su transporte en el bolsillo interior de una chaqueta. Una defensa francamente innovadora, que sólo podía haberse mejorado incluyendo como testigo a Francisco Camps, seguramente el mayor experto mundial en trajes  multibolsillo. “Ha sido una declaración intensa y distendida”, sentenció el individuo que pone voz a Rockefeller.

Todo cabe, sólo es cuestión de saber cómo meterlo. Esta frase, que muy bien podría firmar Nacho Vidal, pretende reflejar lo endeble y circense de la defensa de Moreno, legendario ideólogo de la telebasura. Pero también es aplicable a las ideas que se han transmitido estos días en la reunión del Partido Popular en Sevilla. Más parecía un congreso de ventrílocuos que uno de políticos. No por lo de hablar con el vientre, por favor, sino por escuchar el discurso de Aznar en boca de muñecos de cartón. Ni una idea, sólo propaganda electoral introducida con calzador en una convención nacional. Lean esta pequeña selección de la filosofía popular…

“España tiene sed de urnas”, anunció a bombo y platillo un Rajoy que ofreció “un proyecto de recuperación nacional” y aseguró querer acabar con los “privilegios” de las pensiones de los diputados, cuando sólo hace un mes votaba a favor de mantener las mismas. No dijo ni una palabra, eso sí, de los sueldos de Cospedal o de Aznar. “Gobernar es imitar a Francisco Camps”, aseguró Javier Arenas. Y la guinda: Mayor Oreja acusó a los socialistas de “abrazar la cultura de la muerte”.

Pues pese a todo, muchos siguen pensando, seguimos pensando, que necesitamos un cambio…

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P.D.

Carlos Boyero se queja en su columna de El País de algo “heavy”: Iñaki Gabilondo se ha quedado “sin curro”. “Obligado al paro, no destila amargura ni rencor, sino temple, racionalidad, autoridad moral, agudeza, brillantez expositiva, normalidad…”, escribe Boyero. Tiene razón, pero es muy posible que la gran mayoría de parados en la situación del ex presentador de Cuatro también demostrasen temple, racionalidad, autoridad moral y todo ese cúmulo de virtudes. Gabilondo, que estando en el paro es consejero de PRISA, entrevistó el viernes en La 2 (TVE) a Placido Domingo, y presentó una gala-homenaje que tuvo lugar en el Teatro Real.

Sin ánimo de corregir a Boyero, dios me libre, creo que lo que todos los críticos de televisión deberíamos preguntarnos es si en la plantilla de TVE, nuestra arruinada televisión pública, no hay nadie capacitado para entrevistar a Domingo. Heavy: han tenido que fichar al parado Iñaki Gabilondo.

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P.D.2

Un gran programa en La 2, de esos que convencen a cualquiera de la necesidad de una televisión pública: “El fotógrafo de los presidentes”. Un documental sobre Pete Souza, el director del gabinete de fotografía de la Casa Blanca. La película muestra el trabajo de Souza durante seis meses, en los que Obama trabajaba en la campaña para la reforma del sistema sanitario. Muy emocionante.

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Un motivo para NO ver la televisión

Gregg Allman

Cd: Low Country Blues.

Rounder Records

Siempre es un placer recordar a los Allman Brothers, una de las más influyentes y queridas bandas de la historia del rock norteamericano, pero hoy con mayor motivo puesto que no se trata de un motivo nostálgico. Nada de reediciones ampliadas, directos olvidados o temas desechados en su momento y ahora recuperados. Hoy hablamos de un nuevo disco, una grabación completamente actual, de uno de los ilustres hermanos Allman.

Catorce años después, Gregory Lenoir Allman ha entrado en el estudio, y nada menos que con T-Bone Burnett como productor, para registrar doce canciones que fascinarán a todos aquellos que algunas veces soñamos el riff de “Jessica”. Grandes teclados (no podía ser de otra manera), temas clásicos registrados de forma tan elegante como contundente, una voz en forma y toneladas de blues del Delta, rock pantanoso y folk cadencioso. Nada del rock sureño que hizo grandes a los Allman. Dos temas tradicionales junto a versiones de Sleepy John Estes, Muddy Waters, Junior Wells, Skip James, Bobby Bland, BB King, Amos Milburn, Samuel Maghett, Otis Rush y uno, sólo uno, compuesto por Gregg Allman y Warren Haynes. Auténtico.

“Y había también un príncipe malo, una bruja hermosa y un pirata honrado”. José Agustín Goytisolo.

¡Pobres Juan Carlos y Sofía, que en contra de su voluntad y sus ideas tuvieron que compartir mesa y misa con Franco, sin enfrentarse al sátrapa, sin exigirle libertad y democracia! ¡Pobre monarquía española, que se vio obligada a esperar a rebufo de la dictadura para, cuando esta murió en la cama, alcanzar el poder! En “Sofía”, la mini serie de Antena 3 sobre la vida y milagros de la realeza española, quieren ser tan políticamente correctos que transmiten al telespectador la idea de que el actual rey Juan Carlos era demócrata y antifranquista de toda la vida, incluso cuando levantaba la mano al ladito del mismísimo Francisco Franco. “No se puede tener a 30 millones de personas sin libertad, la democracia tiene que volver”, confiesa, por supuesto en la ficción, un jovencísimo Juan Carlos a una tierna Sofía mientras pasean por un parque, cogiditos de la cintura.

“A veces, la realeza parece más una condena que un privilegio”, dice el pobre príncipe televisivo. Y es que la mini serie, mala de solemnidad, ofrece al telespectador momentos realmente hilarantes en los que se alterna el humor más pueril con la más tosca manipulación histórica. El resultado, no podía ser de otra manera, es tronchante: los personajes son patéticos, los guiones ridículos, las situaciones esperpénticas, los actores nefastos… La serie muestra a Juan Carlos y Sofía como una pareja de merluzos sin personalidad, dos peleles en manos de las monarquías europeas, de la iglesia, del franquismo. Juanjo Puigcorbé es un Juan de Borbón sobreactuado e histriónico. El papel de Federica de Grecia, que interpreta Emma Suárez, parece escrito para Bárbara Rey. Carrero Blanco es el mejor caracterizado: resulta tan repugnante ahora como entonces.

En los momentos más inspirados, Juan Carlos recuerda incluso a profesionales del humor del prestigio de Gila. Y es que cuando el príncipe se pone al teléfono, el panoli se transforma en cascabel: llama a “Sofi”, su prometida (que entonces hablaba castellano perfectamente, no como después de casados), y le dice cosas hermosísimas: “Vas a ser la princesa de España más bonita que ha habido nunca”, “Hola princesa, soy tu príncipe azul”. ¿No es enternecedor? Lo sería si no fuese porque por aquel entonces, comienzo de los 60, la dictadura seguía siendo feroz: las últimas ejecuciones del franquismo tuvieron lugar en febrero de 1975, sin que se escuchasen las protestas del entonces príncipe.


Lo único sorprendente, y políticamente incorrecto, de esta mini serie es que tanto Juan Carlos como Sofía fuman como carreteros. En cualquier caso, deberíamos dar a “Sofía” una segunda oportunidad: en el capítulo final, el próximo miércoles, es posible que desvelen cómo la pareja de pánfilos protagonistas es capaz de acumular una fortuna de 1.790 millones de euros (según la revista Forbes).

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P.D.

Franco no ha muerto.

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Un motivo para NO ver la televisión.

La Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó hace dos días, por 245 votos a 189, la iniciativa republicana que pretende derogar la ley de reforma sanitaria. El camino de los que tienen sueños nunca es fácil… Will Kimbroug y Tommy Womack interpretan en una tienda de discos (de vinilo) la balada de Martin Luther King escrita por el gran Pete Seger.


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