El descodificador

Archive for noviembre 24th, 2010

El chiste es viejo, pero sigue funcionando… En una discoteca, un hombre le pregunta a una mujer si quiere bailar. Ella, tímida, afirma con un movimiento de cabeza. Bailan suavemente. Él le dice que es muy hermosa, que baila maravillosamente, que huele a tomillo recién arrancado. Ella sonríe, baja la cabeza… Luego él habla de su trabajo, de su familia, de sus aficiones… Ella se limita a sostenerle la mirada, a poner ojillos de cordero degollado. “Llevamos una hora bailando y no has dicho nada. Por favor, no puedes tenerme así, dime algo…”. “Pa qué, ¿pa cagarla?”, contesta por fin la bailarina con voz de estibador. Pues eso: ¿Necesitaban realmente José Montilla y Artur Mas un cara a cara televisado? ¿Pa qué? ¿Pacagarla?

Si usted ve los informativos de televisión estará de acuerdo conmigo en que, en demasiadas ocasiones, lo mejor que puede hacer un político es no abrir la boca. Hace unos días Zapatero separó los labios para asegurar que las tropas españolas se retirarían de Afganistán en 2012, e inmediatamente después Anders Rasmussen, secretario general de la Alianza Atlántica, le corrigió: “¿Retirarse en el 2012? Llegamos juntos y nos iremos juntos”. Por eso que la Junta Electoral Central prohibiese el debate cara a cara en TV3 entre Montilla y Mas, apenas unas horas antes de que comenzase, podría considerarse una excelente noticia. Para Montilla y Mas, sobre todo.

Las circunstancias obligan a nuestros políticos a exigir debates televisados, pero lo cierto es que lo hacen con la boca pequeña, sin verdadera convicción, deseando secretamente que nadie escuche sus peticiones. No dominan ese terreno, se sienten incómodos en la improvisación, en el cuerpo a cuerpo con miles de telespectadores como testigos. La razón para esta desconfianza es sencilla: entre la actual clase política no hay grandes comunicadores. A nivel dialéctico Felipe González ha sido, sin duda, el mejor de los políticos modernos. De los actuales, quizá Rubalcaba sea el único que ha heredado algo de aquel descomunal talento para el palique y la cháchara.

Por cierto… Hace 50 años el vicepresidente republicano Richard Nixon, griposo y sin maquillar, se sentó frente a un apuesto joven senador demócrata llamado John Kennedy. Fue el primer debate electoral retransmitido por televisión, seguido por 70 millones de espectadores.

Ted Sorensen, asesor de Kennedy,  en The New York Times


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Un motivo para NO ver la televisión

José Ignacio Lapido.

Cd: De sombras y sueños

Pentatonia Records.

Cada vez que se publica un nuevo disco de Lapido el mundo debería detenerse, abrirse los cielos y, gracias a una compleja instalación de megafonía celestial, sonar todas las canciones entre nubes con formas fantásticas, velados rayos de sol y finas gotas de lluvia fresca. Lapido, guitarrista granadino líder de los legendarios 091, es el secreto mejor guardado del rock español. Un compositor equilibrado y maduro, un letrista profundo, un músico total que no realiza concesiones. Cada nuevo disco suyo es un big bang emocional.

“De sombras y sueños” es su sexto disco en solitario. Trece hermosas canciones, muchas de ellas cargadas de melancolía, todas con un poso de esperanza. Guitarras de enorme originalidad y belleza, tanto en eléctrico como en acústico. Las colaboraciones de algunos amigos, como Quique González, Miguel Ríos o Eva Amaral. Y una de las presentaciones más sugerentes que recuerdo, en cuanto a diseño de carátula, cuadernillo interior, letras… Todo ello convierte de nuevo en imprescindible una grabación de Lapido. Un clásico.

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Rodolfo Martín Villa y Santiago Carrillo charlaron animosamente en el programa de TVE “La noche en 24 horas”, presentado y dirigido por Vicente Vallés. Escuchando su templado discurso, viendo sus sonrisas cómplices, cuesta trabajo creer que uno fuese condenado por la dictadura a un largo exilio y al otro le bautizasen “la porra de la Transición”. Parecían dos viejos camaradas recordando batallitas del pasado. La imagen rechinaba. Con esto no quiero decir que deberían tirarse los trastos a la cabeza, ni muchísimo menos, sino que en buena lógica sus posiciones deberían estar más alejadas para resultar coherentes. Casi tan alejadas como lo estaban entonces…


Alguien podría pensar que viejo león comunista ha perdido garra, y se encuentra muy cómodo con su pensión y sus tertulias de sabios en la Cadena SER. El mismo que podría creer que Martín Villa no sabe que es el terrorismo de estado, y se redimió definitivamente con la presidencia de Sogecable. Quizá su charla light, en la que todo el mundo es y fue bueno, sea la demostración perfecta de que la transición fue impecable, algo de lo que tratan de convencernos cada vez que se nombra el comienzo del proceso democrático. O quizá no. Quizá sea conformismo, complacencia, ausencia de crítica, falta de ideas. Mediocridad. Vicente Valles se contagió del ambiente y estuvo nefasto: ni una pregunta incisiva, ni un apunte inteligente, sólo anécdotas blandas y buenos modales. Un desperdicio.

Se acaban de cumplir 35 años de la muerte de Franco y de la proclamación de Juan Carlos como Rey de España. Franco dijo en una ocasión, para tranquilizar a sus seguidores, que dejaba “todo atado y bien atado”. Con el cadáver del dictador aún caliente, el falangista Rodríguez Valcarcel gritó: “Desde la emoción en el recuerdo a Franco, ¡Viva el Rey!”. ¿Está realmente muerto Franco? Hace unos días hablaban en televisión de una isla secreta caribeña donde se refugian esos personajes que creemos difuntos. Jesús Gil, Pinochet, Paesa…



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