El descodificador

Archive for noviembre 16th, 2010

Las ventajas de vivir en una sociedad tan avanzada como la nuestra es que nunca estás solo y desvalido: los rescatadores siempre están listos para echarte una mano. Rescataron a los bancos, a los mineros de Chile, a los pescadores del Alakrana… Ahora que la deuda económica está asfixiando a Irlanda, ahí está la Unión Europea esperando que pida ayuda para iniciar las labores de rescate. Y después, a rescatar a Portugal…Nuestro glorioso ejército pacifista acaba de dar por finalizadas las labores de rescate en Bosnia, y Estados Unidos anuncia que, tras el éxito del rescate a Irak, en 2014 dejará de rescatar Afganistán. Mourino ha venido para rescatar al Real Madrid, y en Telecinco quieren salir al rescate de Alonso: “sólo gana cuando está con Vasile”. ¿Quién dijo que éste es un mundo insolidario?

Todo, absolutamente todo, merece ser rescatado, excepto una cosa. Algo tan maltratado y complejo que parece negarse a ser salvado y se autodenomina “ente”: la televisión pública. Nadie quiere asumir la labor de recuperar el prestigio y la economía de unas cadenas que pierden dinero, son utilizadas políticamente, carecen de credibilidad informativa (autonómicas) y reciben críticas despiadadas. Según una encuesta del diario El Mundo entre sus lectores, “deben recortarse las subvenciones a las televisiones públicas”.

Para la mayoría de medios de comunicación el IV Informe económico sobre la televisión pública en España, presentado estos días y elaborado por Deloitte para Uteca, se resume en una frase: el elevadísmo precio que tienen que pagar los ciudadanos por esas bazofias de cadenas. Según El Mundo, “Las TV públicas tienen un coste por hogar de 187 euros en plena crisis. Según El País, “Las autonómicas cuestan 110 euros por hogar y año”. Según Público, “El coste neto de la televisión pública por hogar y año creció en 2009 un 11% hasta alcanzar los 144 euros”.

En cualquier caso, carísimas. Aunque quizá influya en el análisis que todos estos medios de comunicación tienen sus propias cadenas de televisión, y están deseando la muerte y desaparición de los canales públicos. Menos competencia se traduce en más publicidad, es decir, en más beneficios.

¿Dónde están los rescatadores? Las televisiones públicas son necesarias. ¿Dónde si no podríamos ver un clásico de Berlanga, el programa “Redes”, un documental sobre las migraciones (gratis) o una película sin publicidad (gratis)? El problema, el despilfarro, está en quienes y cómo gestionan esas televisiones.

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Un motivo para NO ver la televisión

Abluciones: apuntes para una novela.

Autor: Patrick deWitt.

Editorial: Libros del silencio.

La vida vista desde detrás de la barra de un bar. Eso es “Abluciones”, una sucesión de reflexiones, de perfiles, de bebidas, de derrotas… La gente pasa por delante de los ojos del protagonista, un camarero que habla, discute, sueña y bebe con ellos. Un libro intenso, melancólico, a veces cruel, que, empapado en alcohol de diferentes graduaciones, entronca con el comienzo del realismo sucio. Y recuerda algunos de los momentos etílicos más inspirados de Bukowski.

Es decir, un libro maravilloso que pide música de Tom Waits y algún líquido áspero para espabilar el gaznate. El responsable de esta joya es un canadiense de 35 años que, tras pasar seis años poniendo copas, se convierte en la gran esperanza de la literatura construida alrededor de una botella.

 

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