El descodificador

Archivo para abril 28th, 2010

Cuando murió mi padre, en un hospital madrileño, estuve menos informado de su salud, de la evolución de su enfermedad, que lo he estado de la femoral de José Tomás después de la cornada que sufrió en Aguascalientes (México). Han pasado cuatro días de la cogida y los periódicos siguen dedicándole páginas completas, las emisoras de radio continúan incluyendo el parte médico en titulares, los informativos de televisión aún repiten las imágenes de la corrida. El martes el diario El País dedicaba al tema una doble página, con declaraciones del padre del torero, dos monosabios, el apoderado, el cirujano y el subalterno, además de sendos textos de opinión firmados por los cirujanos de Las Ventas y La Maestranza. Ayer la información quedó reducida a sólo una página, una nueva entrevista con el cirujano de Aguascalientes y otra con el médico personal del torero. “Sálvame”, el programa de Telecinco para las sobremesas, aseguraba hace unas horas que “la madre de José Tomás vivió la cogida como estuviera en el velatorio”.

Estar muy informado no significa, ni muchísimo menos, estar bien informado. El Mundo, sin ir más lejos, eligió un enfoque sensacionalista para la noticia. ¿Estaba ETA detrás del pitón? No, pero casi, casi: “Héroes y villanos en la cogida de José Tomás. La plaza no estaba lista para esto; no había banco de sangre ni oxígeno”. Y es que durante estos días hemos podido escuchar y leer absolutamente de todo: ¿Podrá volver a torear con la sangre tan licuada? ¿Ha podido contagiarse de SIDA en transfusiones tan precipitadas? ¿Afectará la cornada a su posible matrimonio?

Ante tamaña alarma social cabe preguntarse qué hubiera pasado si el torero hubiese muerto. El Acabose. Lo que quiere decir que no hemos avanzado tanto desde los tiempos de Manolete o Paquirri: los toreros siguen fascinando a los españoles. Y si no me creen, piensen en la fotografía que publicó El País en portada con tres magistrados del Constitucional en una barrera de La Maestranza…

La justicia, atascada. El Estatuto catalán, sin sentencia. Y sus señorías, eso sí con cara de pocos amigos, fumándose un puro en los toros. ¡España se desmorona! La surcoreana Oh ha superado a Edurne Pasabán en su carrera por ser la primera mujer en subir los catorce ochomiles. Chile ha birlado a Canarias el proyecto del mayor observatorio astronómico del planeta. El Bulli ha perdido el trono como mejor restaurante del mundo. El Inter ha eliminado al Barcelona. La Piedad del Valle de los Caídos sucumbe a la erosión que provoca el paso del tiempo. Y en otro orden menor de cosas, el paro supera el 20% y afecta a más de cuatro millones y medio de personas.

Ante estas circunstancias, es normal que la agencia de calificación Standard & Poor’s rebaje un escalón la calidad de la deuda española. Esperen… ¿la deuda española? Será la de algunos. En el mundo de la televisión los resultados financieros son excelentes: Telecinco ingresó por publicidad un 32% más en este trimestre, y Antena 3 ha doblado sus beneficios respecto al mismo periodo de 2009.

No hay por qué preocuparse. Cuando cierro este post, El Mundo tranquiliza a todos los españoles: “José Tomás está despierto, charlando, leyendo y viendo la TV en su habitación”.

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P.D.

Un fallo en la TDT impidió a miles de telespectadores ver correctamente como un Inter rácano ganaba la eliminatoria de Champions a un Barcelona gris, en un partido triste, soso, lamentable… y pixelado! Ya sé que el fútbol no sólo es talento, también es orden, pero si todos los equipos fuesen tan ultradefensivos como el Inter yo dejaría de ver fútbol. ¡Un delantero como Eto´o jugando de lateral! ¡Tendremos que conformarnos con un equipo español, el Atlético de Madrid, en una final europea!


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Un motivo para NO ver la televisión.

Really The Blues.

Autor: Mezz Mezzrow.

Editorial: Acuarela.

Dicen que Mezzrow era mucho mejor camello que músico de jazz. Desconozco la calidad del  material que movía como traficante (dicen que la mejor marihuana de Harlem), y no sé hasta qué punto dominaba el clarinete, pero estoy convencido de que muy pocos escritores han sabido describir con mayor pasión y sinceridad el sonido de la generación beat. Esos baretos llenos de sombras, humo y músicos negros que fascinaban a unos jóvenes blancos obsesionados por explorar el lado salvaje de la vida.

Mezz Mezzrow dedica este libro, absolutamente imprescindible, “a todos los yonquis y borrachos que acabaron con sus huesos en pensiones de mala muerte o en los congeladores de la morgue… a todos los presos de todas las cárceles en su eterna lucha contra los chinches… A todos los zalameros, parlanchines y picos de oro que se libraron de las galeras y nunca volvieron a caer tan bajo”. También tiene un recuerdo para Bessie Smith y Louis Armstrong.

“Really The Blues” es jazz sonando en un callejón alumbrado por una bombilla rota, donde huele a meadas de gato, se acumulan bolsas de basura y las ratas se devoran entre ellas. Puede parecer el infierno, pero para eso está la música: el sonido del saxo sale del burdel, entra en el callejón, ilumina las paredes, invita a un porro de maría y hace que salga el arco iris. “En más de una ocasión me vi allí tumbado, con el blues oprimiéndome el pecho, y bastó con que uno de ellos se pusiera a cantar para que el peso se disipase. Aquellos tipos sabían perfectamente qué hacer con el blues”, asegura un Mezzrow que conocía el poder sanador del blues y del jazz. Recorrió todos los garitos de Nueva York, Nueva Orleans y Chicago, y vio desde la  primera fila cómo esa cultura negra influyó poderosamente en la generación Beat. Una absoluta delicia.


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