El descodificador

Archive for abril 13th, 2010

Si no estás jubilado, enfermo o de copas, lo normal es que a la una de la madrugada del lunes te encuentres en la cama. O aledaños. Si no eres vampiro, sereno o camello, terminar de ver un programa de televisión a las dos y media de la madrugada, cuando al día siguiente tienes que levantarte a las siete, es poco menos que un suicidio profesional y personal. Les cuento esto para que valoren el esfuerzo que tuve que hacer anoche para ver el estreno de “UAU!”, el nuevo programa de Santi Millán en Cuatro.

“UAU!” es un talk show que se emite en late night. No les puedo decir más porque me quede dormido… Es broma: aguanté como un cocainómano en celo y me fui a la piltra con una gran sonrisa. ¿Por el programa? No, porque por fin podía pillar la horizontal.

“Bienvenidos al lado cachondo de la vida”, aullaba Millán en un comienzo de programa espantoso que, por acelerado, vitalista y vacío parecía un anuncio de Red Bull. “¡UAU! es un poco living la vida loca”, insistía con un lenguaje modernillo plagado de expresiones como “esto lo peta”. Modernidad de pacotilla, puesto que los diez minutos iniciales, antes incluso de ofrecer los contenidos del programa, los dedicaron a sortear cruceros. Como podría pasar en “Cine de barrio” o “Las mañanas de La 1”. Hasta pasada la una de la madrugada no apareció Pilar Rubio…y comenzó realmente el programa.

Una entrevista simplemente hueca. Por parte del presentador, que no tenía nada que preguntar, y de la entrevistada, que no tenía nada que responder. Lastima de plató enorme, luminoso y desaprovechado. Durante la entrevista apareció la primera colaboradora con “¿Perdona?”, su sección sobre frases sorprendentes. Lamentable. Y después apareció una chica en bikini con una pitón albina que bailo en la barra. La chica. Chusco. O mucho más que chusco, puesto que terminó con el presentador en calzoncillos. Era el final. No del primer programa, no. Era la sentencia de muerte de “UAU!”.

Boris Izaguirre tardó semanas en quedarse en gayumbos en “Crónicas marcianas”. Anoche, Millán lo hizo en apenas 45 minutos. Es evidente que Buenafuente puede dormir tranquilo. Me temo que a “UAU!”, un programa sin alma, sin ritmo, sin guión, sin sorpresas, le quedan cuatro noches. Millán tenía razón cuando, en la campaña de promoción del programa, dijo aquello de “lo que pasa en la noche, se queda en la noche”.

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P.D.1

Ana Rosa Quintana pasó la mañana de ayer muy sofocada. Sólo le faltó blasfemar y tirárse de los pelos. Tenía motivos: Susanna Griso, la competencia directa, entrevistó en directo en su programa de Antena 3 al padre de la niña muerta en Seseña. Ya saben que en esto de la telebasura el que no corre, vuela. Y no se respetan las canas. Ana Rosa, la reina del morbo y la televisión en descomposición, había perdido la macabra exclusividad que supone este tipo de entrevistas. Mientras Griso hacía llorar al padre de la niña, la pobre escritora-presentadora tuvo que conformarse con los pelagatos de “Gran Hermano”. Tiempos duros para la gran dama de la televisión putrefacta.

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P.D.2

Malas noticias para Telecinco. Es decir, buenas para el resto de la humanidad: la cadena de Paolo Vasile y la productora de “Aquí hay tomate” deben pagar 100.000 euros a la familia de Félix Rodríguez de la Fuente por “intromisión ilegítima en el Derecho al Honor” del popular presentador y conservacionista. Según informa Vertele.com, el juez asegura que en “Aquí hay tomate” se emitieron unos reportajes en los que “se desvirtuó y puso en entredicho el valor de todo su trabajo, así como sus valores éticos y personales, ocasionando unos daños morales notorios y evidentes”. Telecinco, la cadena que no respeta nada.

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P.D.3

La televisión pública TV3 ha suspendido la emisión de un reportaje, ya grabado y editado, titulado “¿Monarquía o república?”. ¿Censura? De ninguna manera, puesto que según Mónica Terribas, directora del canal, lo que sucede es que el reportaje en cuestión “requiere un enfoque distinto del que tiene”. Acabáramos. El enfoque, esa es la cuestión.

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Un motivo para NO ver la televisión

La vida fácil

Autor: Richard Price.

Editorial: Mondadori.

Richard Price es guionista de “The Wire”, una de las mejores series de televisión de todos los tiempos. Si ustedes han visto “The Wire” sabrán que no es una ficción fácil, y que el telespectador necesita hacer un esfuerzo para sumergirse en las truculentas historias de los barrios de Baltimore. Con “La vida fácil” sucede algo parecido. El lector tiene que estar atento a los personajes, a los detalles, a los saltos de escenario, puesto que las calles de Nueva York son oscuras y peligrosas.

Tres personas caminan de noche tras correrse una juega. Suena un disparo y uno de ellos cae muerto. ¿Has sido víctima de dos asaltantes? Los testigos aseguran no haber visto a nadie. Una pareja de policías, un veterano y una hispana, investigan el caso. El padre de la víctima adquiere un dramático papel protagonista en esta historia triste y, quizá, demasiado larga, que se sostiene en los diálogos.

Price es un maestro del diálogo. En esta novela lo demuestra, con páginas realmente perfectas de conversaciones vibrantes, intensas, demoledoras. Todo un master para guionistas.

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