El descodificador

Archive for enero 2010

Tras el anuncio de la marcha de Gabilondo, Cuatro dio anoche un nuevo paso hacia el barranco. Es decir, hacia Telecinco. Y lo hizo de la mano de otro nombre histórico, Concha García Campoy, que presentó un programa de esos que nunca se deberían emitir: “Marta del Castillo. Red de Mentiras”. Y no se deberían emitir por morbosos, oportunistas, obscenos e innecesarios. Jamás creí que Campoy cayese tan bajo como para protagonizar una nueva versión del abominable episodio de Nieves Herrero y las niñas de Alcásser.

Utilizar los sentimientos de las víctimas de un crimen con fines comerciales es ruin. En el reportaje, Campoy hace de macabra guía por uno de los momentos más negros de nuestra historia reciente: la desaparición y el presunto asesinato hace un año de una joven sevillana de 17 años. Nunca ha aparecido el cadáver.

Dicen que es periodismo de investigación. Con la que está cayendo en España, en el mundo, también es mala suerte que el periodismo de investigación se dedique a buscar álbumes de fotos de niñas desparecidas. O a entrevistar a sus padres y amigos. Y eso es lo que ofreció “Marta del Castillo. Red de Mentiras”. La colección de detalles siniestros que anunciaba El País: “La presentadora de ´Las mañanas de Cuatro` descubrirá a los espectadores cómo era Marta a través de sus padres y sus mejores amigos. El programa ofrecerá imágenes inéditas de la joven de su álbum familiar, fotografías en exclusiva que muestran lo niña que era y cómo se divertía con sus amigos”.

Como telespectador, me niego a ver “el álbum familiar” de una chica desaparecida, con “fotografías en exclusiva que muestran lo niña que era y cómo se divertía con sus amigos”. Me resulta nauseabundo. Y a partir de ahí, poco importa el resto, es decir, si el programa está bien realizado, documentado o presentado. Me interesa tan poco, me repugna tanto, me siento tan incómodo, como cuando la madre de la niña desaparecida se desnuda ante Campoy: “Me dijo: ‘Mamá, rízame el pelo un poquito’. Lo hice y le dije: ‘Estás muy guapa’. Llamaron al portero automático y fue la última vez que la vi”.

Las técnicas melodramáticas de Campoy me recordaron a las de Nieves Herrero en “De tú a tú” (Antena 3, 1993), cuando nada más aparecer el cadáver de Miriam, una de las niñas asesinadas en Alcásser, le preguntó a su padre aquello de “¿Qué es lo que hay en estos momentos en tu corazón?”. Campoy alcanza grados similares de cinismo cuando pone una grabación “inédita” de la víctima: “estás viendo imágenes de tu hija en movimiento. Nos da un poco de apuro todo esto, debe ser doloroso”, le dice a la madre. Después continúa la entrevista en la habitación de la víctima: “Vamos a entrar juntas en la habitación de Marta…No tenéis intención de cambiar nada, ni la cama, ni la decoración… ¿Qué recuerdas de ella?”.

Lo de Nieves Herrero fue el comienzo del fin. Esa ausencia de pudor, esa búsqueda desesperada del éxito, esa hipocresía, pueden considerarse el arranque de la telebasura. “Marta del Castillo. Red de Mentiras” es la continuidad, camuflada como periodismo de investigación, de aquel programa inolvidable, de aquella ausencia de moral, de ese momento terrible en la historia de nuestra televisión.

Quiero pensar que, para hacer un programa de esta calaña, García Campoy ha tenido que tirar de concha. Cómo los galápagos. Un protector externo, una cobertura rocosa con que aislarse de toda la tristeza y mezquindad que exige un programa como éste. Pero no estoy seguro. Nieves Herrero no levantó cabeza, profesionalmente hablando, después de aquel programa dedicado a las niñas de Alcásser. No sucederá lo mismo con Campoy: me temo que está en sintonía con su cadena en la búsqueda desesperada de la audiencia, de la supervivencia.

El retorno de Tertsch a Telemadrid. No sé que es peor, si su discurso (“mi aniquilación civil”), sus greñas o lo mal que le quedan las mangas de la chaqueta.

A modo de presentación, Ángel Llácer dijo que “La escobilla nacional”, el nuevo programa de Antena 3 para la noche de los domingos, “ofrece todo aquello que más une a los españoles: la envidia, el cotilleo, el despelleje y la calumnia”. No es para tanto. En realidad se trata de una burda caricatura de los programas del corazón, con los famosos y famosetes grotescamente recreados por imitadores disfrazados. Ya se pueden imaginar: actores que, caracterizados con diferente fortuna, interpretan el papel de Mariñas, Lydia Lozano, María Patiño y demás esperpentos del cotilleo. Incluida por supuesto Belén Esteban, con su nariz torcida, y la duquesa de Alba, que más parece uno de los Morancos con peluca.

Se ahorran los cachés originales, y aprovechan sus tópicos y estupideces. “Yo he dado las campanadas. Tú como mucho habrás tocado algún badajo”, le dice Belén a Mariñas en uno de los momentos más brillantes, en cuanto a guión, del programa. Es decir, que más que de escobilla, se trata de un escobón. De los de barrer cochiqueras, esos con mango de madera de fresno.

Para burlarse de los programas del corazón parasitándolos teníamos suficiente con “Sé lo que hicisteis…”. Lo sorprendente es que esta basura, la del corazón revenido y reciclado, dé para tanto. Que funcione tan bien entre la audiencia: en su estreno, “La escobilla nacional” tuvo un 18,2% de share y 3.715.000 espectadores.

Y hablando de estrenos y de mangos, déjenme que les haga una recomendación. En Canal +  se puede ver todos los lunes “Hung (superdotado)” (22,30), un pequeño homenaje a los miembros viriles en forma de serie de ficción norteamericana. Los que hemos sido dotados por la naturaleza con generosidad sabemos que se trata de un don. Algunos lo llevamos con discreción, pero otros utilizan ese talento para intentar  reconstruir sus vidas. Este último es el caso de Ray Drecker, profesor de instituto de día y prostituto de noche, que se ve obligado a llevar esta doble vida para tratar de superar una mala racha económica y vital.

“Hung” es la historia de las desdichas de Ray, un perdedor que ya no cumplirá los 40 y que sólo puede confiar en lo que tiene entre las piernas. Una comedia cargada de cinismo que, en realidad, habla del fracaso del sueño americano. Muy recomendable, puesto que tiene todo aquello de lo que “La escobilla nacional” carece: originalidad, guión, ingenio, ironía.

“Aquel que lucha con monstruos, cuídese de no llegar a ser monstruo a su vez. Y si miras por mucho tiempo un abismo, el abismo también mirará dentro de ti”. Más allá del bien y del mal. Friedrich Nietzsche.

En los atentados del 11 de septiembre en Nueva York murieron más de tres mil personas, pero los cadáveres apenas se vieron en prensa y televisión. Algo parecido sucedió cuando las bombas en los trenes madrileños el 11 de marzo. O con las inundaciones de Nueva Orleans. O con los ataques al metro de Londres en 2005. En España se llegó a detener a tres empleados de los servicios de urgencias por difundir en internet “fotos escabrosas” de los atentados en Madrid. Los Estados, la policía, la decencia, tratan de impedir que las imágenes de los muertos se conviertan en material comercial y ocupen portadas de periódicos o abran informativos. Quieren evitar que las personas se conviertan en despojos. Algunos medios se auto regulan. No se trata de ocultar la importancia del drama, sino de  intentar que el dolor de los familiares, amigos y vecinos de los fallecidos no se multiplique o se prolongue más allá de lo necesario. No parece censura. Parece ética periodística.


(AP Photo/Gregory Bull)

Curiosamente, cuando se trata de tragedias lejanas, de otros países, de otras pieles, no somos tan discretos y cuidadosos. Son cadáveres de segunda, víctimas que, pobres, no se han ganado el derecho a la intimidad. “Durmiendo con los muertos”, titulaba El Mundo en la portada del pasado viernes, a cuatro columnas, bajo una fotografía con cadáveres amontonados. “Parió la muerte”, titulaba ayer “Crónica”, suplemento dominical del mismo diario, sobre una foto a toda página de los cadáveres de una mujer embaraza y un niño agarrado a sus piernas. Ambos semidesnudos.

¿Dónde están los límites, tanto éticos como estéticos? Podríamos pensar que en la conciencia de cada medio, de cada periodista. “Cientos de cadáveres, como los que pueden ver a mis espaldas, cubren las calles”, dice la reportera de Cuatro mientras señala a sus espaldas. La cámara sigue su mirada. Y nos invaden las imágenes de muertos  descomponiéndose apilados en las aceras. “Todo es oscuro en Hahití”, dice un poeta llamado Pedro Piqueras. Otra forma de obscenidad periodística: convertirse, como hace el director de informativos de Telecinco, en protagonista de la información. Las cámaras de esta cadena muestran heridas abiertas y purulentas, o a Piqueras de reportero intrépido.

La libertad de expresión es indispensable, pero no absoluta. ¿Aporta algo de información sobre el terremoto de Haití, sobre la situación actual del país y sus miserias, el rostro aplastado de un hombre? ¿Y los cadáveres obscenamente desnudos de una mujer embarazada y un niño? Sea cual sea su respuesta, recuerden que, como escribió Baltasar Gracián, “No hay monstruosidad sin padrinos”. La indecencia de algunos medios de comunicación no es nueva, y obliga a que la responsabilidad final recaiga en el lector, en el televidente, que en dramas de este calibre se convierte en un editor obligado a filtrar qué tipo de información está dispuesto a recibir.

Las cadenas de televisión que emiten imágenes siniestras e innecesarias, y los periódicos en los que “pario la muerte”, insultan a las víctimas. Y a los lectores y telespectadores. Me quedo con The Boston Globe, y su álbum de fotografías sobre Haití, un modelo de prudencia y periodismo. No evitan las imágenes duras, pero no se recrean en ellas. Y advierten sobre las más escabrosas, que tienen que ser abiertas con un clic.

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Un motivo para NO ver la televisión

Los Madison

Cd: Vendaval.

Nuevo disco de los Madison, una banda madrileña que lleva camino de convertirse en una referencia dentro del rock and roll nacional. Grandes canciones, guitarras en ebullición, una voz identificable y creíble… Y además con un buen directo. Ya no es necesario seguirles la pista. Han confirmado que son una realidad con canciones tan grandes como esta: “Soldados”.

“Ma-to. Yo por estar en Haití ma-to”, piensan en estos momentos cientos de periodistas, en una adaptación libre de una de las reflexiones más jugosas de Belén Esteban. Hoy, Haití es cool. Si eres periodista y no estás en Haití, no eres nadie. El epicentro de un terremoto ha convertido a un olvidado país caribeño en el epicentro del universo, informativa y solidariamente hablando. Es difícil el acceso al corazón de la catástrofe, pero no imposible: han salido de España seis vuelos oficiales con ayuda humanitaria… y con cámaras y periodistas de televisiones privadas. Los primeros en llegar tendrán a la muerte en exclusiva.

Haití antes del terremoto. Fotografía: Alice Smeets.

Pedro Piqueras, todo un director de informativos de Telecinco, ha salido para allá con la ilusión de un becario. Dicen que en Haití el olor de la muerte lo impregna todo: el paraíso del sensacionalismo, la meca para una estrella de la información amarilla. Hasta entonces, es tiempo de tertulianos, esos sabelotodo que unos minutos antes de entrar en directo han tecleado en Google la palabra “Haití”. “El tiempo corre en contra”, es todo lo que acierta a decir uno de los sesudos colaboradores del programa de Concha García Campoy (Cuatro). Colecciones de tópicos. Banalidades. Palabras cargadas de teatralidad y melodrama. Y ya saben que en esto de la televisión el que da primero, da dos veces: Antena 3 ha organizado para hoy mismo un telemaratón solidario.

“La comunidad internacional se está volcando con este pequeño país”, dice Gabilondo en su informativo de Cuatro. “América está a vuestro lado. El mundo está a vuestro lado”, asegura Obama. Un poco tarde ¿no? Haití siempre ha necesitado ayuda. Nadie ha estado nunca a su lado. Es uno de esos “estados fallidos” a los que se refieren, con repugnante distancia, los expertos en política internacional. Un país más allá del alcance del derecho nacional o internacional. Un país de mierda.

Para miles de haitianos la ayuda humanitaria europea, la solidaridad de Antena 3, los directos de Piqueras, el apoyo de Obama, llegan demasiado tarde. Están muertos. Sus casas eran de una fragilidad miserable, no tenían hospitales, carecían de alimentos, de infraestructuras. ¿Quieren ustedes ser solidarios, como piden las televisiones? Diferencien una tragedia puntual, de carácter natural  y mediático, del olvido, la tragedia diaria de carácter político. Recuerden que, por poner un ejemplo, dentro de unos meses comienzan los monzones, y miles de personas morirán y perderán sus casas y cosechas en India, Bangladesh, Nepal…Y que luego llegarán las  hambrunas en Chad o Níger. Y las matanzas en Sierra Leona. Si esas miserias no son desproporcionadas, si a ellas no llegan las cámaras de televisión, si no sirven para abrir un telediario, no serán noticia. No existirán.

Además, dentro de unas horas otro suceso de rabiosa actualidad eclipsará el terremoto de Haití. Y entonces Obama, Piqueras y Antena 3 dejarán de estar a su lado. Los periodistas y cámaras regresarán. Y allí todo volverá a ser como antes.

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P.D.1

Las urgencias de los periodistas por emitir imágenes de tragedias son enormes. Tanto que les impiden la práctica del periodismo. Incluso en “el mejor telediario del mundo”. Los informativos de TVE han  emitido en las últimas horas dos vídeos falsos. Es decir, imágenes extraídas de You Tube que, vaya por Dios, no se correspondían con los hechos que se estaban narrando.

Para TVE es el terremoto de Haití, pero en realidad se trataba de una tormenta desatada durante un festival de rock en 2007 en Venecia.


Para TVE es una riada de hace dos semanas que tuvo lugar en Ciudad Real, pero lo cierto es que se trataba de un suceso ocurrido hace dos años en la localidad de Freeport, en Maine (EE.UU.), grabada por un fotógrafo del canal News 8.


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P.D.2

Cinco años y un día (el aniversario de Ana Rosa)

Tragedia en Haití. ¿Podría Estados Unidos coordinar la ayuda internacional? “Obama es heredero de esclavos negros. Imagino que tendrá una sensibilidad especial”, asegura Ana Rosa Quintana, que sabe mucho de negros. Es el resumen perfecto de “El programa  de Ana Rosa” (Telecinco). Un esperpento. Moral y estético. La ausencia de escrúpulos, la audiencia por encima de todo. Y viene siendo así desde hace cinco años. Tiempo suficiente para convertir a la escritora en líder de las mañanas televisivas.

Botox por dentro, hipocresía por fuera. En el programa de Ana Rosa coinciden los bastardos de “Gran Hermano” y un calendario solidario para un colegio en Nicaragua. Las tertulias facciosas y los niños con enfermedades espantosas. Los sucesos macabros y las entrevistas a las familias de las víctimas. Los vividores del corazón y los reportajillos de investigación. “Antes que periodistas somos personas”, dice Ana Rosa. Y no miente: antes que periodistas son cualquier cosa. Asustaviejas, trileros, exibicionistas, chupasangres, plagiadores… “Somos obreros de la comunicación”, insiste la reina del photo shop en un alarde de cinismo.

“Ana Rosa cambia constantemente de vestuario, pero cada día sale con la misma sonrisa y el mismo brillo en los ojos”, reza una voz en off. “Cinco años de exclusivas”, asegura Ana Rosa. Y arranca un vídeo para confirmar sus palabras: el hombre lobo mejicano, la mujer más pequeña del mundo, prendió fuego a su mujer, entrevista a los padres de la muerta, charla con la familia de Madeleine, el crimen de Fago, las víctimas del avión de Spanair, las escaleras donde murió Mari Luz, los padres de Marta del Castillo, Antonio Puerta escribe al programa… “Hay que ver lo que hemos llorado… pero también lo que nos hemos reído. Antes, unos bonitos anuncios”, sentencia la presentadora.

“El programa de Ana Rosa”, sin duda la mayor basura que se emite en televisión matinal, funciona: un 21,9% de audiencia media y 1004 días siendo líderes. “Un programa consolidado como el principal referente informativo de las mañanas”, resume la autopromoción del programa.

Lo peor. Eso es el programa de Ana Rosa.

El otro día, en un reportaje de investigación de Veo 7 (la televisión de El Mundo), las prostitutas cobraban a sus clientes en pesetas. Hace unas semanas, en otro de los trabajos de esta cadena, analizaron la crisis actual emitiendo un reportaje sobre la miseria en España… ¡grabado en tiempos de Aznar! Dos pequeñas obras maestras de la manipulación que me obligan a reflexionar: “¡qué lección de periodismo nos ofrece cada día esta gente! ¡qué rabiosa actualidad tienen sus trabajos!  ¡qué vibrante manera de hacer información de calidad! ¿Por qué no compartirán su talento periodístico?”. Algo parecido pensé cuando vi a John Müller presentar el inolvidable “La vuelta al mundo”. Sensaciones que se repiten cuando abro el videoblog de Pedro J. O  cuando escucho a Melchor Miralles y Casimiro García Abadillo dando doctrina en las tertulias de televisión. Esa fuente de sabiduría y conocimiento, ese gracejo, esa integridad profesional, no debería morir con ellos. Debería ser, como sucede con las culturas indígenas y los trajes regionales, patrimonio de la humanidad. Tengo buenas noticias que darles…

Veo 7, la Universidad CEU San Pablo y Jesús Hermida han creado una escuela de presentadores de televisión. ¡Qué falta nos hacía! La televisión de El Mundo, la universidad del Opus y el hombre que descubrió a Nieves Herrero, unidos en una misión de carácter universal: sacar las perras a los pardillos que quieren ser como Pedro Piqueras. “Aquí no vamos a rechazar a nadie”, se ha apresurado a decir Hermida. “Siempre que paguen la inscripción y las mensualidades”, añadió el gerente santiguándose por lo bajini.

El primer Curso Superior de Presentadores de Televisión tendrá una duración de 10 meses, ahí es nada. Pero la cosa no será tan fácil como llegar, pagar y, nunca mejor dicho, besar el santo: los alumnos candidatos tendrán que presentar un vídeo en el que muestren sus habilidades en “la primera red de presentadores de televisión”. El comité de la Escuela seleccionará a los 25 mejores. Los triunfitos. He tenido acceso a algunas de las grabaciones de los aspirantes con mejor pinta…

“Va a ser fascinante concentrar a tanto talento, con toda su creatividad, juntos en un mismo programa”, comenta Miralles. Y es que los elegidos tienen el éxito garantizado. Piensen que las prácticas las realizarán en un tele maratón creado para la ocasión: cinco horas de Veo Tv rellenadas por becarios de pago. Así es la TDT. No más calidad, pero cantidad a espuertas.

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P.D.

Dios visitó “Los desayunos de TVE”. Bueno, fue Felipe González, lo que viene a ser prácticamente lo mismo. No sé si fue cuestión de la iluminación del plató, o de la iluminación personal del ex presidente, pero lo cierto es que parecía bañado por un halo mágico. Como Gandalf. O como el espíritu santo. Con sus citas cultas (Kissinger, sin ir más lejos), sus gestos sabios, su discurso irrefutable, su sabiduría infinita, su karma, sus miradas por encima de las gafillas y de las personas… Con una  firmeza pétrea: ni un atisbo de duda, ni un síntoma de debilidad, ni una concesión al error (propio). Porque González parece saberlo todo, y tener las palabras adecuadas para contárnoslo a nosotros, pobres e ignorantes mortales.

Habló de Europa, la economía, el terrorismo, el cambio climático, las migraciones, los medios de comunicación, la piratería en la red, la continuidad de Zapatero… incluso de la serie “Cuéntame”. El conocimiento de González es enciclopédico, no tiene límites, lo que le permite hablar con la contundencia que sólo otorga la sabiduría infinita. Un Dios, efectivamente. Pero también un poeta. Dijo ser “optimista de la inteligencia”, en una frase de una belleza y profundidad que Zapatero, pobre, jamás alcanzará (recuerden su patético “la tierra le pertenece al viento”).

Fue tan impresionante el discurso de González, tan bello y trascendente, que en el Telediario de mediodía (La 1, TVE) hicieron un amplio y jugoso resumen del monólogo. E inmediatamente después hablaron de la actividad de Rodríguez Zapatero en la jornada. Pero esto último lo hicieron de pasada. Era tan insulsa que ni ofrecieron declaraciones, ni imágenes, ni nada de nada.

Una pena lo de los Gal. González era un líder inigualable, todopoderoso, eterno. Como el mismísimo Cid Campeador, pero más listo, más guapo y, encima, con un puestazo en Doñana.

Una cadena de televisión británica, Channel 4 (nada que ver con los perfumes, como verán más adelante), busca un voluntario para participar en un reality tan innovador como radical, puesto que el elegido será embalsamado delante de las cámaras con las mismas técnicas que se utilizaron con las momias egipcias. Cuando termine el programa, el voluntario, ya disecado, será expuesto en un museo con fines pedagógicos.

Cuando Zapatero pensó en Alberto Oliart, centrista de 81 años, para TVE, aún no se sabía nada de ese programa de Channel 4. Zapatero buscaba consenso. La idea de colocar a Oliart en la televisión pública fue del Presidente, el hombre que consintió la “limpia” de mayores de 50 años en TVE. Pues bien, parece que sólo mes y medio después de su nombramiento, Oliart, el hombre que creía que la parrilla era el artefacto para asar chuletas, a las primeras de cambio amenaza con dimitir.

El mundo de la televisión se ha estremecido ante tan contundente advertencia. ¿Qué sería de TVE sin Oliart? ¿Y de Zapatero sin su hombre de consenso? No quiero ni pensarlo. El acabose, la debacle, el caos, los brotes podridos… Volvemos a las andadas con la televisión pública. El presidente del Gobierno debe proteger al presidente de la Corporación, de manera que este último pueda proteger a sus dos nuevos directores. Cuestión de protectores y protegidos.

La serie que estrenó anoche Antena 3 también va de gente especial, extraordinaria, única. Gente con superpoderes. “Los protegidos” cuenta la historia de niños aparentemente normales que tienen dones sobrenaturales. Ya se imaginan, ¿verdad? Mueven objetos con la mente, escuchan el pensamiento de los demás, pueden ser invisibles o transmiten electricidad. Los lectores de mayor edad recordaran al tío calambres, ¿verdad? Pues esto no tiene nada que ver. Hablamos de pequeños superhéroes. Dos adultos hacen de improvisados padres de estos monstruitos, y buscan una casa donde esconderse de unos malhechores que quieren montar con los chavales un circo de freaks (o algo parecido).

Me suena el tema de los superpoderes… ¿Marvel? No, no, en televisión. ¿”Héroes”? Efectivamente, la ficción norteamericana de la NBC que, estrenada en 2006, habla de personas corrientes que un día descubren que poseen habilidades sobrehumanas (incluida la telequinesia: desplazar objetos sin la intervención de medios físicos). Un éxito: superó los 15 millones de espectadores en la primera temporada.

“Los protegidos” es parecida, pero no tiene nada que ver. Está hecha en España, con otro presupuesto, otros guionistas, otros actores, otros directores, otras músicas, las mismas… fuentes de inspiración. Es ciencia ficción castiza. “La primera serie en España con efectos especiales de calidad”, dice Antonio Garrido, uno de los protagonistas. Bueno, no esperen “Avatar”. Ni siquiera esperen “Héroes”. Confórmense con un vaso con agua desplazándose por la mesilla de la habitación de un niño o la puerta de un bar que se abre sola. Y con detalles tomados prestados de otras series: el cojo de “Los protegidos” muy bien podría ser el fumador de “Expediente X”.

Es decir, confórmense con una ficción española. Vean las fotos promocionales de las dos series en párrafos anteriores. Lo siento, pero esa es la diferencia entre ambas.

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P.D.

Los funcionarios europeos se encuentran más unidos que nunca. La culpa no es de la Presidencia Española de la Unión Europea, sino de una subida del salario del 4% a la que no quieren renunciar. Bien hecho. Me gustaría ofrecerles algunas imágenes de carácter artístico realizadas por trabajadores que desempeñan funciones en organismos del Estado. Un funcionario creativo, un lapicero afilado y los cadáveres de las últimas moscas del otoño. Con estos mimbres se han realizado estas pequeñas obras maestras. Les recuerdo que Arco está a la vuelta de la esquina…


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