El descodificador

Archivo para enero 2010

Tengo 49 años, estoy en el paro, vivo en un pueblo de Castilla La Mancha y Rodríguez Zapatero es el presidente de mi país. He elegido muerte. Mi futuro no es muy halagüeño, seamos realistas. Dada la gravedad de las  circunstancias puedo hacer dos cosas: confiar en el Gobierno o buscarme la vida. Ustedes creen que me debería buscar la vida, ¿verdad?

Las previsiones de paro y empleo para 2010 son desalentadoras: los expertos aseguran que habrá que esperar hasta 2013, cuando previsiblemente el crecimiento de la economía alcance el 3,1% que teníamos antes de la crisis, para que la tasa de desempleo se reduzca. El Gobierno, el mismo que prejubiló a los trabajadores de TVE a los 52 años, ahora pretende elevar a 58 años la edad mínima para jubilarse. ¿Y qué tiene que ver Castilla La mancha en todo esto? se preguntará el lector más espabilado. Pues muy fácil: tres pequeños pueblos de esta comunidad, la mía, han solicitado un almacén de residuos nucleares.

Dicen que la solución pasa por ahorrar. El Gobierno, que está en todo, quiere poner en marcha un plan de austeridad: necesitamos rebañar 40.000 millones de euros hasta 2013 para que no se desmorone el chiringuito. Podríamos sugerir a Elena Salgado, vicepresidenta económica, que el Gobierno prohíba de una puñetera vez el tabaco, de forma que la sanidad pública se ahorre los 7.700 millones de euros que le cuestan anualmente las patologías provocadas por el tabaquismo (¿o perderíamos dinero, dejando de cobrar impuestos?). También podríamos pedir que saquen las tropas de Afganistán, un agujero de vidas y de millones de euros. O que metan mano de una vez por todas a Carlos Fabra y le confisquen los sobres con dinero sin origen justificado que ingresa en sus cuentas.

Podría ponerles infinidad de ejemplos de austeridad en la gestión, pero les avanzaré una idea personal. Una propuesta innovadora, revolucionaria y progresista que une el ahorro económico con la solución al problema de los residuos nucleares. Vamos a ver ¿Por qué tienen que guardarse estos deshechos peligrosos en grandes y costosos depósitos, que se almacenan en edificios descomunales y provocan la división social e hipotecan el futuro de toda una comarca? Demos la posibilidad a los miembros de este Gobierno, y a cada ciudadano pro nuclear, de convertirse en su propio cementerio atómico. Me explico. Con mi proyecto, los eternos restos de las centrales atómicas no se almacenarían en unos cientos de bidones, atrapados bajo toneladas de cemento, sino en unos cuantos miles de supositorios de formato estándar. Un cambio de formato que haría posible que la basura nuclear se instalase en lugares muy receptivos a este tipo de alternativa energética, como los rectos del ministro Sebastián (hay que dar ejemplo) y sus familiares, de los alcaldes de los pueblos pro nucleares y de sus parientes, y de todos aquellos ciudadanos responsables en edad de jubilarse que quieran hacer una última contribución al Estado antes de alcanzar su merecido y eterno descanso.

Con decenas de miles de panderos repletos de basura radioactiva sólo sería cuestión de tiempo que España  recuperase el equilibrio económico. Que las pensiones estuviesen de nuevo garantizadas. Y que el paro fuese un mal recuerdo. ¿Quién dijo mala gestión? Es sólo falta de imaginación.

Zapatero seguro que analizará esta propuesta. Le añadirá una dosis de talante, algo de paridad, un “buenos rectos y buena suerte”, y la dejará caer en esa Europa entregada a su modelo económico. Ya estoy viendo la campaña promocional: “un culo, una solución”.

Anoche dos huracanes arrasaron la hora televisiva de máxima audiencia. No me refiero a Sara Carbonero y Pilar Rubio, de ellas hablaremos más tarde. Hablo de la final de “Gran Hermano 11” (Telecinco), y del primer capítulo de la tv movie sobre la vida de Adolfo Suárez (Antena 3). Cuatro millones y medio de telespectadores vieron el reality show, que superó el 50% de audiencia, y el estreno de ‘Suárez’ supero el 15.6% con mas de tres millones de telespectadores. El resto de las cadenas se olieron la tostada y se rindieron ante la superioridad de los rivales: recurrieron a las reposiciones (La 1 de “Comando actualidad”, Cuatro de “House”) y las películas de medio pelo (“Rounders” en La Sexta). Les confesaré que no me detuve demasiados minutos en ninguno de los dos programas triunfadores: puestos a ver “Gran Hermano” prefiero el documental de los chimpancés del que hablábamos ayer. Y respeto a lo de Suarez, tuve suficiente con el magnífico libro de Gregorio Morán “Suárez, ambición o destino”.

Reconozco, sin embargo, que la telerealidad nos fascina. Los energúmenos de “Gran hermano”, con sus mezquindades y sus ignorancias. Y un ex presidente del Gobierno que se consume presa de una terrible enfermedad. Morbo. Ganó Angel. Perdió Suarez. Les recuerdo que la familia del político se negó a colaborar en el proyecto ¿Tiene sentido rodar un biografía sobre Adolfo Suárez con el protagonista vivo?

Olvidémonos de mediocridades y busquemos la calidad suprema. La serie sobre Suarez y “Gran hermano” no son los mejores programas del mundo, supongo que estaremos todos de acuerdo. Sin embargo Sara Carbonero y Pilar Rubio si son las reporteras más sexys del planeta, según encuestas de diferentes pelajes realizadas sin método alguno. “Las reporteras más sensuales del mundo”, titulaba ayer mismo Yahoo en la portada de su web, sin explicar después el cómo o el porqué de semejante afirmación.

Sara y Pilar se han criado en los pechos de La Sexta, donde se han formado profesionalmente en el reporterismo. Y Telecinco, una cadena que tiene a Pedro Piqueras de director de informativos, las ha fichado precisamente por esas dotes periodísticas. Fíjense si valora Telecinco la categoría profesional de estas mujeres, su valía como informadoras, que el primer trabajo encargado a la reportera de “Sé lo que hicisteis” es presentar… “¡Mira quién baila!”.

Tal y como está el mercado laboral, esto se veía venir. Tarde o temprano tenía que pasar. No sé yo qué pensarán los sindicatos, o si se trata de una oscura maniobra de Díaz Ferrán, presidente de la CEOE… Tome asiento, respire fuerte y lea despacio: la BBC ha emitido el primer vídeo de la historia grabado por chimpancés. No CON chimpancés, sino POR chimpancés. Como se lo cuento. Monos tras las cámaras, al frente de una cinta que se emite nada más y nada menos que en la televisión pública británica. ¿Dónde vamos a llegar? “En España Curri Valenzuela presenta un programa de televisión, y las salas de cine proyectan películas de Garci”, dirá algún lector con guasa. No se lo tomen a  broma, por favor, que la cosa es muy seria. ¿Recuerdan la vieja reflexión atribuida a Bertolt Brecht, que en realidad es del pastor luterano Martin Niemoeller? “Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista…” Pues eso mismo puede pasar.

Si por ejemplo usted es notario es muy posible que se considere un ser superior, a años luz de distancia de los trabajadores de televisión. No se fíe. Vendrán a por usted, y colocarán a un orangután en su despacho. Cuando vea al primate dando fe de la venta de un chalet en Navalcarnero, mientras se zampa un plátano y huele el culo de su secretaria, entonces será demasiado tarde.

Deberíamos haber visto venir el comienzo de esta simiesca invasión. No lo digo por la visita de sus majestades los Reyes a la sede de Antena 3 con motivo del 20 aniversario de la primera cadena privada de nuestro país, dios me libre. Aunque si siguen así las cosas el 30 aniversario lo celebrarán con la visita de Chita y Jane Goodall. Lo digo por el progresivo deterioro de la profesión. ¿Saben ustedes que Leticia Sabater tiene una columna de opinión en Marca? Sí, en el diario deportivo líder de nuestro país.

No nos desviemos del asunto: ya tenemos a los monos tras las cámaras. Como en las peores pesadillas, o en un cuento apocalíptico de H.G. Wells.  ¿Cuál será el siguiente paso? ¿Micos presentadores? ¿Redactores? ¿Guionistas? ¿Ejecutivos? ¿Presidentes de consejos de administración? En ocasiones el comienzo del fin llega en forma de acontecimiento sencillo y aparentemente controlable (un mono manejando una cámara), en cuyo caso las soluciones que tendrían que aplicarse deberían ser igual de pequeñas y funcionales. ¡Demos más poder a los monos! ¡Situémoslos al frente de las grandes cadenas! Puede que se cuelguen con su propia cuerda (el poder es muy goloso), pero es francamente dificil que hagan una televisión peor que la actual.

Dicen que el ingenio del hombre va paralelo a su demencia. El líder bolivariano Hugo Chávez, quizá preocupado por la rivalidad macaca, sin duda celoso, ha decidido acabar con la competencia cortando la señal de Radio Caracas Televisión Internacional. No se trata de un atentado contra la libertad de expresión, sino una cuestión de pura lógica: los muy antipatriotas se negaba a emitir sus discursos. No es la sutileza una de las características de los dictadores. Si lo fuese, no cerrarían televisiones, sino todo lo contrario: concederían muchas cadenas nuevas. Donde sí emitiesen sus discursos, en directo, en diferido y en nombre de la pluralidad. Lo que es la democracia de la banana y el cacahuete.

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P.D.

Según las previsiones de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), el organismo de Naciones Unidas que regula las comunicaciones en el planeta, “dentro de 15 ó 20 años la televisión ofrecerá casi perfectamente el entorno visual natural del ser humano”. Una tele con la calidad del ojo del hombre. A buenas horas. Si todo sigue así dentro de 15 ó 20 años un espalda plateada (gorila) dirigirá Telecinco, sustituyendo a un cabeza plateada (Vasile) que será expuesto en el museo de la telebasura. Un longevo bonobo estará al frente de la televisión pública. Y así sucesivamente.

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Un motivo para NO ver la televisión

Los Cenzontles.

Cd: American Horizon.

Esta banda de raíces mexicanas ubicada en San Francisco tiene incluso su propia escuela de música y baile. Son un grupo amplio, ecléctico, total, que en su último trabajo cuenta con el apoyo de dos estrellas: el bluesmen Taj Mahal y David Hidalgo, el guitarrista de Los Lobos. En este disco espléndido hablan de la frontera, de la inmigración, de la marginación y del sueño americano. Grandes.

Si usted piensa que la pornografía es algo sucio, y le gusta esa sensación, no pare, siga leyendo. Se sentirá guarrísimo. Porque hoy les voy a hablar de una chica  muy, pero que muy mala. Y muy descarada. Una fresca, vamos. Y de cómo esta golfilla hace alarde de una absoluta falta de escrúpulos, de un teatral desparpajo, de una capacidad inagotable para enfangarse hasta los corvejones, de una calentorra manera de hacer televisión. ¿Se está poniendo  cachondo? No me extraña, porque esta viciosilla es capaz de hacer cualquier cosa, por arriba y por abajo, por delante y por detrás, con tal de que la audiencia de su programa suba un puntito. Se llama Samanta Villar, y es la Nellie Bly cochinilla de Cuatro.

Nellie Bly es el pseudónimo de Elizabeth Jane Cochran (Pensilvania 1867-Nueva York 1922), una pionera del periodismo “encubierto”. Para escribir un reportaje sobre la vida en las instituciones de enfermos mentales Nellie, o Elizabeth, como prefieran, fue capaz de hacerse la loca e ingresar en un manicomio. Estuvo diez días dentro, y escribió un clásico que acaba de editarse en España: “Diez días en un manicomio” (Ediciones Buck).

Una mindundi esta Nellie Bly. Recuerden que Samanta Villar nunca dedica menos de 21 días a sus reportajes. Da igual que sea fumar porros, bajar a una mina, robar chatarra o hacer cine porno. Tienen que ser 21 días, más del doble que Nellie. Es como para estar orgullosa…“¡Voy a hacer mi primera escena porno!”, anunció Villar durante toda la pasada semana, con una lasciva sonrisa en los labios. En las páginas de comunicación de El País avisaban de que los gurús del porno nacional le habían abierto… las puertas de los rodajes. Y en eso consistía el morbo, en saber si a Samanta le habían puesto mirando para Cuenca, se le había corrido el maquillaje después de una copiosa eyaculación facial o era todo un vulgar reclamo para incautos salidillos.


Era un reclamo para incautos salidillos. Samanta ni hace felaciones, ni es penetrada analmente, ni siquiera gime y se queda en pelotas. Al menos en pantalla. Es más, va de monjita: “me está empezando a dar asco el oler a condón y a sexo”, dice. Lo suyo se queda en acompañar a unas actrices porno, pasar la mano por un consolador, ponerse un par de vestidos ajustados, cortar dos hilos de un tanga, ir al Rastro con un freak llamado Torbe, rodar cuatro planos y abrir la boca para decir “¡qué bestia es!”, “¡vaya tamaño!”, “qué duro ¿no?”…

Destacaría dos detalles de esta pantomima: el exceso de protagonismo de Samanta, como es habitual. Y su soberana estupidez. Porque solo a alguien muy, pero que muy merluzo se le ocurre recoger un condón usado del suelo con la mano. Samanta lo hizo. Menuda periodista “encubierta”…sólo le faltó chuparse los dedos.

Pero cuidado, porque los coqueteos de Cuatro con el porno no acaban con el pufo de Samanta Villar. Y no me refiero al viejo y deprimente documental emitido inmediatamente después, “Alondra, historia de un transexual”, simplemente una manera oportunista de poner broche de oro a una noche dedicada al morbo (“Alberto tiene 25 años y se prostituye para conseguir dinero y hacer un cambio de sexo”, asegura la promoción).

Me refiero a “Valientes”, el estreno de la cadena de Prisa para los mediodías. Y es que de pornografía intelectual, con penetraciones mentales y estilísticas, puede considerarse lo que aseguran es una serie “de amor y venganza”. Aunque después de ver los dos primeros capítulos yo juraría que es un culebrón de los de toda la vida, pero en plan postmoderno. Es decir, mestizo. Actores españoles y del otro lado del Atlántico. Pero los mismos follones familiares, los mismo sementales apellidados Soto-Morales, las mismas furcias malencaradas, las mismas tramas huecas. La misma basura folletinesca, para que usted me entienda.

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Un motivo para NO ver la televisión.

Stefan Zweig.

El mundo de ayer.

Editorial Acantilado.

Zweig es un maestro de la sencillez. Y esta es la historia de su vida, la de un escritor libre y genial, contada como sólo el podría hacer: desde una estremecedora humildad. Era un hombre culto, que construyó su vida alrededor de sus amigos, la cultura y los viajes. Odiaba las fronteras y las dictaduras. Se consideraba, ante todo, europeo. Vivió dos guerras. Fue desposeído de sus propiedades y sus amigos. Escribió con hambre. Y cuando sintió que el mundo que soñaba era imposible, se dejó marchar.

“El mundo de ayer” es un clásico absoluto, como autobiografía y como guía histórica de la Europa del siglo XX. Y está repleto de claves para escritores, para periodistas, para todos aquellos que alguna vez quieren contar algo a alguien. El testamento de un genio.

Algo sorprendente, inaudito, acojonante, ha sucedido en “Gran Hermano” (Telecinco). No hablo de que follen como conejos, se escupan como llamas o se insulten como marineros borrachos en un burdel. No. Esta edición de “Gran Hermano”, la undécima, pasará a la historia porque las imágenes de una cámara nos han mostrado a uno de los concursantes sosteniendo en la manos un objeto de papel con letras impresas. Sucedió durante la última eliminación, en una imagen furtiva de archivo, en un plano secundario… Tenía lugar una bronca en esa zorrera que llaman habitación cuando, al fondo, tumbado en una de las camas, uno de los concursantes ojeaba algo que no era un libro, pero se le parecía bastante. Una revista. Sí, como lo están leyendo: una revista.

Y cuidado, porque no era Interviú, el catálogo de féminas de “Gran Hermano”. Ni el Pronto, el Diez Minutos o la revista de Ana Rosa. Se trataba, ni más ni menos, que de un ejemplar de la revista de historia de National Geographic. Pido tranquilidad. Les ruego que no se entusiasmen, que sean prudentes y tomen esta noticia con todas las precauciones posibles. Como ustedes sabrán las revistas con la firma de National Geographic tienen muchas y excelentes fotografías, circunstancia que nos impide confirmar lo que sería una gran noticia: que no todos los concursantes del reality de Telecinco son analfabetos. El supuesto gran hermano intelectual podría estar mirando los santos.

En el peor de los casos, nuestro gran hermano favorito en lugar de escupir, insultar, fumar, dormitar o rascarse los cojones, estaba ojeando una revista. Algo es algo. Un detalle para la esperanza. Lo que no puede decirse con respecto a la política de TVE con Eurovisión. Impedir que Karmele Marchante represente a España en el deteriorado y casposo festival supone la interrupción de una línea de estupidez mantenida durante años. Se trata de un cambio de criterio, una falta de coherencia, ciertamente sorprendente. ¿Supone una ignominia que tan deteriorada señora represente a los españoles en Eurovisión? ¿Acaso no lidera Zapatero la UE?

“¿Tú te crees cantante?”, le pregunta Jaime Peñafiel a Karmele Marchante en “La Noria”. “Es un argumento falaz”, responde muy seria, “porque hay gente que está lucrándose en el mundo de la música que desafina”. Una razón de peso, qué duda cabe, pero no la única: “Además, creo en la letra, de la cual soy autora”. Les recuerdo la letra de la canción en la cual cree la señorita Marchante:

“Pan con tomate,
Botox al horno,
Sexo en el carrefour
¡Y ostras con champagne!
Y es que yo soy un tsunami, yo soy una chica in
Y es que soy algo imparable
No te puedes resistir
Gibraltar, Gibraltar, Gibral, Gibral – tar español”.

Sin comentarios. Bueno sí, sólo uno: ¿Si TVE financió a Chiquilicuatre, el esperpento de La Sexta, porque no puede hacerlo con Marchante, el espantajo de Telecinco?

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P.D.1

Seguimos hablando de TVE… Alberto Oliart, el elegido por Zapatero para dirigir la televisión pública, habla en una entrevista publicada ayer domingo en el dominical de El País. Y no dice nada. Nada sobre televisión. Habla sobre la guerra civil, el error de Hitler al atacar Rusia, su talante conciliador, Cervantes, Adolfo Suarez, el 23 F… y detalla su amistad con Carlos Barral. Pero no dice ni pío, vaya por Dios, sobre el futuro de la televisión pública, la financiación, la producción propia, los servicios externalizados, los vídeos falsos de Youtube, el descontento de los trabajadores, etc. Asegura, eso sí, que Javier Pons, al que destituyó hace unos días, “es un tío genial”. Y que Carmen Caffarel, el brazo ejecutor de la limpia de mayores de 52 años en el Ente, es “una mujer extraordinaria”.

Por no decir, Oliart ni dice nada de su sobrina, fichada hace unos días como flamante directora de Coordinación de Contenidos de TVE.

P.D.2

Pilar Rubio, nueva presentadora de “¡Mira quien baila!” en Telecinco, ha desvelado la clave de su fichaje: “Vasile siempre ha valorado de mí que no tuviera miedo a nada”, dice en una entrevista publicada en Vertele.com. Puedo  perfectamente imaginarme a Paolo Vasile, consejero delegado de Telecinco, mirando detenidamente y de arriba abajo (como sólo un consejero delegado de Telecinco sabe hacer), a Pilar Rubio, y diciendo: “Esta señorita no tiene miedo a nada, tenemos que ficharla”.

P.D.3

“Me cago en Dios, te van a dar hostias hasta en el carné”, dice un chaval a las 8.45 en la promo de “Generación ni ni” incluida en el informativo de La Sexta. La verdad es que no sé quién es más gañán, si quién habla de esa manera o quién lo emite como reclamo publicitario.

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Un motivo para NO ver la televisión

South Memphis String Band.

Cd: Home Sweet Home.

Ha nacido una superbanda de blues. Se hace llamar South Memphis String Band, y está formada por tres músicos descomunales: Luther Dickinson (guitarrista de los North Mississippi Allstars y The Black Crowes), el bluesman Alvin “Youngblood” Hart y Jimbo Mathus (de los Squirrel Nut Ciprés). Juntos han grabado un disco magnífico, “Home Sweet Home”, perfecto para escuchar en el porche de una casa en mitad de un camino polvoriento. Guitarras, mandolinas y banjos en un espectacular ejercicio de músicas tradicionales ligeramente actualizadas. Roots para el siglo XXI.

Hace unos días, paseando por la madrileña plaza de Callao, vi a dos indigentes junto a la puerta de unos grandes almacenes. Hacía frío. Estaban tumbados en el suelo, sobre unos cartones, cubiertos con ropas mugrientas y acompañados de perros esqueléticos. Sus cabezas, cubiertas con gorros de lana, se tocaban. Ambos observaban atentamente la parte de atrás de la caja que sostenía su demanda (“algo para comer”) y el platillo de la limosna. Un hombre dejó caer unos euros, pero ni siquiera el tintineo de las monedas consiguió desviar su mirada hipnotizada. ¿Congelados? ¿Colgados? ¿Borrachos? No. Desde un lateral se podía ver una pequeña televisión dentro de la caja, bajo el platillo.

Mucha gente piensa que la televisión e internet han democratizado el acceso a la información. Pero eso no es del todo cierto. Si lo fuese, no sucederían cosas como las que se pueden ver estos días en telediarios y periódicos. Trinidad Jiménez, ministra de Sanidad y Política Social, ha dicho con la cabeza muy alta y sin disponer de ningún indicador global que sustente sus palabras, que, pese a la crisis, en España no ha subido el número de pobres. Lamentablemente, y a pesar de las facilidades para acceder a los medios y a la información, un inmigrante esloveno de 24 años que vivía en Valencia no debió escuchar la noticia y ha muerto aprisionado al intentar extraer prendas de un contenedor callejero de ropa usada. Tampoco deben haberse enterado de las palabras de Jiménez miles de inmigrantes más, puesto que el número de extranjeros afiliados a la Seguridad Social ha caído el último año un 4,68 %.

Me voy a atrever a pedirles un pequeño sacrificio económico: compren Público mañana sábado. El periódico será estupendo, como cada día (tiene una plantilla de lujo), pero les recomiendo ese ejemplar con especial interés porque incluye como regalo un libro de Pierre Joseph Proudhon, el legendario filósofo y revolucionario francés. No se trata de un libro cualquiera, sino de “¿Qué es la propiedad?”. Un clásico. Es decir, que por dos míseros euros usted se irá para casa con toda la información del día y con un manual anarco socialista que denuncia los abusos a que da lugar la concentración del poder económico y de la propiedad privada. Agradézcanle el obsequio a Jaume Roures, el empresario catalán propietario de Público. Y del grupo de comunicación Mediapro, de la cadena de televisión La Sexta, de los derechos de la liga de fútbol,  del campeonato del mundo de fórmula 1…

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P.D.

Gabilondo se despidió anoche de Cuatro. Y lo hizo definiéndose como “un veterano en etapa de aprendizaje televisivo”. Inmediatamente después  entraron los deportes, con las imágenes de una modelo desnuda tapándose las tetas con el brazo.

Suele pasar que, cuando alguien falta, es cuando más se le echa de menos. Somos así de miserables. Pues este es exactamente el caso de Iñaki Gabilondo, un periodista que, desde el primer minuto en que dejó  Cuatro para pasar a CNN+, parecía más necesario que nunca en una cadena generalista. Puedo estar de acuerdo con aquellos que piensan que su ritmo televisivo era escaso, su vanidad alta y su capacidad para impartir doctrina excesiva. Pero por encima de ello deberíamos valorar su trayectoria, su seriedad y su credibilidad.

“Yo venía a ser el extravagante pelmazo que estaba colocado en un sitio diferente… Puede poner como titular que yo no he dado lo que se esperaba y que no he dado la medida”, asegura en una entrevista publicada por El Periódico. Lleva sólo unas horas fuera de Cuatro y ya se le echa de menos.

Ni Elena Francis en sus mejores momentos hubiera podido soñar un continuador de su labor más cualificado, mejor dotado. Ni el Hugo Chávez más parlanchín, demagógico y manipulador podría imaginar que surgiría un rival de tanto postín. Y es que Pedro J. Ramírez, el director del periódico El Mundo, ha montado su propio consultorio. Como Rappel o Aramis Fuster. Y qué mejor ubicación para ese chiringuito que Veo 7, su propia televisión, una cadena incapaz de hacer un buen programa que intenta por todos los medios dar la nota: después de la entrevista más larga del mundo (Pedro Ruíz), y emitir el fútbol sala “como nunca antes se había visto”, llegan los  monólogos más engolados y vanidosos del planeta. Buscan, pobres, algo con lo que arañarle una miaja de audiencia a Intereconomía.

Pedro J. apareció en su consultorio, una sección de “La vuelta al mundo”, sonriente, elegante, sobrado. Y arrancó con el caso Faisán para decir que El Mundo ya lo había contado todo en días anteriores. El resto no fue muy diferente, la verdad. A los fallos en la señal de TDT de mi receptor, y la escasa calidad de los vídeos con las preguntas, se sumaba la espesura del discurso de Pedro J y su obsesiva promoción del periódico que dirige. El resultado fue un batiburrillo demasiado abstracto incluso para él, un periodista ni ni. Ni me fío, ni me lo creo.

No fue el único ni ni de la noche. Hubo más en La Sexta, una cadena que no admiten medias tintas. O eres un tiburón sin escrúpulos, capaz de trabajar 24 horas diarias y pasar por encima de todos para conseguir tus fines, o eres un besugo vago y analfabeto. Es decir, que o eres de los ejecutivos de “El aprendiz” o eres un niñato de “Generación ni ni”, un nuevo reality con casa, inquilinos y cámaras indiscretas. El hogar para esos jóvenes bastardos que ni trabajan, ni estudian… “ni se esfuerzan, ni aportan, ni respetan, ni tienen valores”.

Dicen que “Generación ni ni” nace con la idea de recuperar para la sociedad a ocho jóvenes-basura, que pasarán dos meses en una casa “especialmente diseñada para ellos”. ¿Con sofás comodísimos, un jardín de marihuana y neveras repletas de birras? De ninguna manera. Con una férrea disciplina, “viviendo un proceso de acompañamiento y monitorización terapéutica con un equipo de educadores en los valores, principios básicos, herramientas y habilidades sociales”. De meter en vereda a semejante rebaño, ocho adolescentes ninis, se encargan los psicólogos del programa. Los superninis, versión crecidita de la famosa supernanny de Cuatro.

“Generación ni ni” nos hace pensar de nuevo en los problemas de La Sexta con la producción propia, puesto que recuerda sospechosamente a “Curso del 63” (Antena 3) o, todavía peor, a “De patitas en la calle”, otro programa emitido en la propia cadena sobre jóvenes que, expulsados de sus familias por vagos y maleantes, tienen que buscarse la vida y convivir en una casa que les pone el programa. De nuevo nada nuevo.

Pero no todo es adaptación y copieteo. Hay que reconocer que en el reality estrenado anoche se nota la mano de su flamante director, Roberto Ontiveros, ex responsable supremo de “Gran Hermano”. Y se nota por la enorme facilidad que tiene este hombre para mostrar al telespectador lo peor de la especie humana, la escoria. Más que por los tiros de cámara o por la realización, por la iluminación o lo original de la idea, la presencia de Ontiveros al frente de un reality garantiza una absoluta falta de pudor.

Adolescentes maleducados, padres llorosos, porros, tacos, violencia, embarazos no deseados, situaciones aparentemente límites…“Si no generamos polémica, nos habremos equivocado en algo”, dice Roberto Ontiveros en una miserable declaración de principios.

Tras el anuncio de la marcha de Gabilondo, Cuatro dio anoche un nuevo paso hacia el barranco. Es decir, hacia Telecinco. Y lo hizo de la mano de otro nombre histórico, Concha García Campoy, que presentó un programa de esos que nunca se deberían emitir: “Marta del Castillo. Red de Mentiras”. Y no se deberían emitir por morbosos, oportunistas, obscenos e innecesarios. Jamás creí que Campoy cayese tan bajo como para protagonizar una nueva versión del abominable episodio de Nieves Herrero y las niñas de Alcásser.

Utilizar los sentimientos de las víctimas de un crimen con fines comerciales es ruin. En el reportaje, Campoy hace de macabra guía por uno de los momentos más negros de nuestra historia reciente: la desaparición y el presunto asesinato hace un año de una joven sevillana de 17 años. Nunca ha aparecido el cadáver.

Dicen que es periodismo de investigación. Con la que está cayendo en España, en el mundo, también es mala suerte que el periodismo de investigación se dedique a buscar álbumes de fotos de niñas desparecidas. O a entrevistar a sus padres y amigos. Y eso es lo que ofreció “Marta del Castillo. Red de Mentiras”. La colección de detalles siniestros que anunciaba El País: “La presentadora de ´Las mañanas de Cuatro` descubrirá a los espectadores cómo era Marta a través de sus padres y sus mejores amigos. El programa ofrecerá imágenes inéditas de la joven de su álbum familiar, fotografías en exclusiva que muestran lo niña que era y cómo se divertía con sus amigos”.

Como telespectador, me niego a ver “el álbum familiar” de una chica desaparecida, con “fotografías en exclusiva que muestran lo niña que era y cómo se divertía con sus amigos”. Me resulta nauseabundo. Y a partir de ahí, poco importa el resto, es decir, si el programa está bien realizado, documentado o presentado. Me interesa tan poco, me repugna tanto, me siento tan incómodo, como cuando la madre de la niña desaparecida se desnuda ante Campoy: “Me dijo: ‘Mamá, rízame el pelo un poquito’. Lo hice y le dije: ‘Estás muy guapa’. Llamaron al portero automático y fue la última vez que la vi”.

Las técnicas melodramáticas de Campoy me recordaron a las de Nieves Herrero en “De tú a tú” (Antena 3, 1993), cuando nada más aparecer el cadáver de Miriam, una de las niñas asesinadas en Alcásser, le preguntó a su padre aquello de “¿Qué es lo que hay en estos momentos en tu corazón?”. Campoy alcanza grados similares de cinismo cuando pone una grabación “inédita” de la víctima: “estás viendo imágenes de tu hija en movimiento. Nos da un poco de apuro todo esto, debe ser doloroso”, le dice a la madre. Después continúa la entrevista en la habitación de la víctima: “Vamos a entrar juntas en la habitación de Marta…No tenéis intención de cambiar nada, ni la cama, ni la decoración… ¿Qué recuerdas de ella?”.

Lo de Nieves Herrero fue el comienzo del fin. Esa ausencia de pudor, esa búsqueda desesperada del éxito, esa hipocresía, pueden considerarse el arranque de la telebasura. “Marta del Castillo. Red de Mentiras” es la continuidad, camuflada como periodismo de investigación, de aquel programa inolvidable, de aquella ausencia de moral, de ese momento terrible en la historia de nuestra televisión.

Quiero pensar que, para hacer un programa de esta calaña, García Campoy ha tenido que tirar de concha. Cómo los galápagos. Un protector externo, una cobertura rocosa con que aislarse de toda la tristeza y mezquindad que exige un programa como éste. Pero no estoy seguro. Nieves Herrero no levantó cabeza, profesionalmente hablando, después de aquel programa dedicado a las niñas de Alcásser. No sucederá lo mismo con Campoy: me temo que está en sintonía con su cadena en la búsqueda desesperada de la audiencia, de la supervivencia.

El retorno de Tertsch a Telemadrid. No sé que es peor, si su discurso (“mi aniquilación civil”), sus greñas o lo mal que le quedan las mangas de la chaqueta.

A modo de presentación, Ángel Llácer dijo que “La escobilla nacional”, el nuevo programa de Antena 3 para la noche de los domingos, “ofrece todo aquello que más une a los españoles: la envidia, el cotilleo, el despelleje y la calumnia”. No es para tanto. En realidad se trata de una burda caricatura de los programas del corazón, con los famosos y famosetes grotescamente recreados por imitadores disfrazados. Ya se pueden imaginar: actores que, caracterizados con diferente fortuna, interpretan el papel de Mariñas, Lydia Lozano, María Patiño y demás esperpentos del cotilleo. Incluida por supuesto Belén Esteban, con su nariz torcida, y la duquesa de Alba, que más parece uno de los Morancos con peluca.

Se ahorran los cachés originales, y aprovechan sus tópicos y estupideces. “Yo he dado las campanadas. Tú como mucho habrás tocado algún badajo”, le dice Belén a Mariñas en uno de los momentos más brillantes, en cuanto a guión, del programa. Es decir, que más que de escobilla, se trata de un escobón. De los de barrer cochiqueras, esos con mango de madera de fresno.

Para burlarse de los programas del corazón parasitándolos teníamos suficiente con “Sé lo que hicisteis…”. Lo sorprendente es que esta basura, la del corazón revenido y reciclado, dé para tanto. Que funcione tan bien entre la audiencia: en su estreno, “La escobilla nacional” tuvo un 18,2% de share y 3.715.000 espectadores.

Y hablando de estrenos y de mangos, déjenme que les haga una recomendación. En Canal +  se puede ver todos los lunes “Hung (superdotado)” (22,30), un pequeño homenaje a los miembros viriles en forma de serie de ficción norteamericana. Los que hemos sido dotados por la naturaleza con generosidad sabemos que se trata de un don. Algunos lo llevamos con discreción, pero otros utilizan ese talento para intentar  reconstruir sus vidas. Este último es el caso de Ray Drecker, profesor de instituto de día y prostituto de noche, que se ve obligado a llevar esta doble vida para tratar de superar una mala racha económica y vital.

“Hung” es la historia de las desdichas de Ray, un perdedor que ya no cumplirá los 40 y que sólo puede confiar en lo que tiene entre las piernas. Una comedia cargada de cinismo que, en realidad, habla del fracaso del sueño americano. Muy recomendable, puesto que tiene todo aquello de lo que “La escobilla nacional” carece: originalidad, guión, ingenio, ironía.

“Aquel que lucha con monstruos, cuídese de no llegar a ser monstruo a su vez. Y si miras por mucho tiempo un abismo, el abismo también mirará dentro de ti”. Más allá del bien y del mal. Friedrich Nietzsche.

En los atentados del 11 de septiembre en Nueva York murieron más de tres mil personas, pero los cadáveres apenas se vieron en prensa y televisión. Algo parecido sucedió cuando las bombas en los trenes madrileños el 11 de marzo. O con las inundaciones de Nueva Orleans. O con los ataques al metro de Londres en 2005. En España se llegó a detener a tres empleados de los servicios de urgencias por difundir en internet “fotos escabrosas” de los atentados en Madrid. Los Estados, la policía, la decencia, tratan de impedir que las imágenes de los muertos se conviertan en material comercial y ocupen portadas de periódicos o abran informativos. Quieren evitar que las personas se conviertan en despojos. Algunos medios se auto regulan. No se trata de ocultar la importancia del drama, sino de  intentar que el dolor de los familiares, amigos y vecinos de los fallecidos no se multiplique o se prolongue más allá de lo necesario. No parece censura. Parece ética periodística.


(AP Photo/Gregory Bull)

Curiosamente, cuando se trata de tragedias lejanas, de otros países, de otras pieles, no somos tan discretos y cuidadosos. Son cadáveres de segunda, víctimas que, pobres, no se han ganado el derecho a la intimidad. “Durmiendo con los muertos”, titulaba El Mundo en la portada del pasado viernes, a cuatro columnas, bajo una fotografía con cadáveres amontonados. “Parió la muerte”, titulaba ayer “Crónica”, suplemento dominical del mismo diario, sobre una foto a toda página de los cadáveres de una mujer embaraza y un niño agarrado a sus piernas. Ambos semidesnudos.

¿Dónde están los límites, tanto éticos como estéticos? Podríamos pensar que en la conciencia de cada medio, de cada periodista. “Cientos de cadáveres, como los que pueden ver a mis espaldas, cubren las calles”, dice la reportera de Cuatro mientras señala a sus espaldas. La cámara sigue su mirada. Y nos invaden las imágenes de muertos  descomponiéndose apilados en las aceras. “Todo es oscuro en Hahití”, dice un poeta llamado Pedro Piqueras. Otra forma de obscenidad periodística: convertirse, como hace el director de informativos de Telecinco, en protagonista de la información. Las cámaras de esta cadena muestran heridas abiertas y purulentas, o a Piqueras de reportero intrépido.

La libertad de expresión es indispensable, pero no absoluta. ¿Aporta algo de información sobre el terremoto de Haití, sobre la situación actual del país y sus miserias, el rostro aplastado de un hombre? ¿Y los cadáveres obscenamente desnudos de una mujer embarazada y un niño? Sea cual sea su respuesta, recuerden que, como escribió Baltasar Gracián, “No hay monstruosidad sin padrinos”. La indecencia de algunos medios de comunicación no es nueva, y obliga a que la responsabilidad final recaiga en el lector, en el televidente, que en dramas de este calibre se convierte en un editor obligado a filtrar qué tipo de información está dispuesto a recibir.

Las cadenas de televisión que emiten imágenes siniestras e innecesarias, y los periódicos en los que “pario la muerte”, insultan a las víctimas. Y a los lectores y telespectadores. Me quedo con The Boston Globe, y su álbum de fotografías sobre Haití, un modelo de prudencia y periodismo. No evitan las imágenes duras, pero no se recrean en ellas. Y advierten sobre las más escabrosas, que tienen que ser abiertas con un clic.

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Un motivo para NO ver la televisión

Los Madison

Cd: Vendaval.

Nuevo disco de los Madison, una banda madrileña que lleva camino de convertirse en una referencia dentro del rock and roll nacional. Grandes canciones, guitarras en ebullición, una voz identificable y creíble… Y además con un buen directo. Ya no es necesario seguirles la pista. Han confirmado que son una realidad con canciones tan grandes como esta: “Soldados”.

“Ma-to. Yo por estar en Haití ma-to”, piensan en estos momentos cientos de periodistas, en una adaptación libre de una de las reflexiones más jugosas de Belén Esteban. Hoy, Haití es cool. Si eres periodista y no estás en Haití, no eres nadie. El epicentro de un terremoto ha convertido a un olvidado país caribeño en el epicentro del universo, informativa y solidariamente hablando. Es difícil el acceso al corazón de la catástrofe, pero no imposible: han salido de España seis vuelos oficiales con ayuda humanitaria… y con cámaras y periodistas de televisiones privadas. Los primeros en llegar tendrán a la muerte en exclusiva.

Haití antes del terremoto. Fotografía: Alice Smeets.

Pedro Piqueras, todo un director de informativos de Telecinco, ha salido para allá con la ilusión de un becario. Dicen que en Haití el olor de la muerte lo impregna todo: el paraíso del sensacionalismo, la meca para una estrella de la información amarilla. Hasta entonces, es tiempo de tertulianos, esos sabelotodo que unos minutos antes de entrar en directo han tecleado en Google la palabra “Haití”. “El tiempo corre en contra”, es todo lo que acierta a decir uno de los sesudos colaboradores del programa de Concha García Campoy (Cuatro). Colecciones de tópicos. Banalidades. Palabras cargadas de teatralidad y melodrama. Y ya saben que en esto de la televisión el que da primero, da dos veces: Antena 3 ha organizado para hoy mismo un telemaratón solidario.

“La comunidad internacional se está volcando con este pequeño país”, dice Gabilondo en su informativo de Cuatro. “América está a vuestro lado. El mundo está a vuestro lado”, asegura Obama. Un poco tarde ¿no? Haití siempre ha necesitado ayuda. Nadie ha estado nunca a su lado. Es uno de esos “estados fallidos” a los que se refieren, con repugnante distancia, los expertos en política internacional. Un país más allá del alcance del derecho nacional o internacional. Un país de mierda.

Para miles de haitianos la ayuda humanitaria europea, la solidaridad de Antena 3, los directos de Piqueras, el apoyo de Obama, llegan demasiado tarde. Están muertos. Sus casas eran de una fragilidad miserable, no tenían hospitales, carecían de alimentos, de infraestructuras. ¿Quieren ustedes ser solidarios, como piden las televisiones? Diferencien una tragedia puntual, de carácter natural  y mediático, del olvido, la tragedia diaria de carácter político. Recuerden que, por poner un ejemplo, dentro de unos meses comienzan los monzones, y miles de personas morirán y perderán sus casas y cosechas en India, Bangladesh, Nepal…Y que luego llegarán las  hambrunas en Chad o Níger. Y las matanzas en Sierra Leona. Si esas miserias no son desproporcionadas, si a ellas no llegan las cámaras de televisión, si no sirven para abrir un telediario, no serán noticia. No existirán.

Además, dentro de unas horas otro suceso de rabiosa actualidad eclipsará el terremoto de Haití. Y entonces Obama, Piqueras y Antena 3 dejarán de estar a su lado. Los periodistas y cámaras regresarán. Y allí todo volverá a ser como antes.

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P.D.1

Las urgencias de los periodistas por emitir imágenes de tragedias son enormes. Tanto que les impiden la práctica del periodismo. Incluso en “el mejor telediario del mundo”. Los informativos de TVE han  emitido en las últimas horas dos vídeos falsos. Es decir, imágenes extraídas de You Tube que, vaya por Dios, no se correspondían con los hechos que se estaban narrando.

Para TVE es el terremoto de Haití, pero en realidad se trataba de una tormenta desatada durante un festival de rock en 2007 en Venecia.


Para TVE es una riada de hace dos semanas que tuvo lugar en Ciudad Real, pero lo cierto es que se trataba de un suceso ocurrido hace dos años en la localidad de Freeport, en Maine (EE.UU.), grabada por un fotógrafo del canal News 8.


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P.D.2

Cinco años y un día (el aniversario de Ana Rosa)

Tragedia en Haití. ¿Podría Estados Unidos coordinar la ayuda internacional? “Obama es heredero de esclavos negros. Imagino que tendrá una sensibilidad especial”, asegura Ana Rosa Quintana, que sabe mucho de negros. Es el resumen perfecto de “El programa  de Ana Rosa” (Telecinco). Un esperpento. Moral y estético. La ausencia de escrúpulos, la audiencia por encima de todo. Y viene siendo así desde hace cinco años. Tiempo suficiente para convertir a la escritora en líder de las mañanas televisivas.

Botox por dentro, hipocresía por fuera. En el programa de Ana Rosa coinciden los bastardos de “Gran Hermano” y un calendario solidario para un colegio en Nicaragua. Las tertulias facciosas y los niños con enfermedades espantosas. Los sucesos macabros y las entrevistas a las familias de las víctimas. Los vividores del corazón y los reportajillos de investigación. “Antes que periodistas somos personas”, dice Ana Rosa. Y no miente: antes que periodistas son cualquier cosa. Asustaviejas, trileros, exibicionistas, chupasangres, plagiadores… “Somos obreros de la comunicación”, insiste la reina del photo shop en un alarde de cinismo.

“Ana Rosa cambia constantemente de vestuario, pero cada día sale con la misma sonrisa y el mismo brillo en los ojos”, reza una voz en off. “Cinco años de exclusivas”, asegura Ana Rosa. Y arranca un vídeo para confirmar sus palabras: el hombre lobo mejicano, la mujer más pequeña del mundo, prendió fuego a su mujer, entrevista a los padres de la muerta, charla con la familia de Madeleine, el crimen de Fago, las víctimas del avión de Spanair, las escaleras donde murió Mari Luz, los padres de Marta del Castillo, Antonio Puerta escribe al programa… “Hay que ver lo que hemos llorado… pero también lo que nos hemos reído. Antes, unos bonitos anuncios”, sentencia la presentadora.

“El programa de Ana Rosa”, sin duda la mayor basura que se emite en televisión matinal, funciona: un 21,9% de audiencia media y 1004 días siendo líderes. “Un programa consolidado como el principal referente informativo de las mañanas”, resume la autopromoción del programa.

Lo peor. Eso es el programa de Ana Rosa.

El otro día, en un reportaje de investigación de Veo 7 (la televisión de El Mundo), las prostitutas cobraban a sus clientes en pesetas. Hace unas semanas, en otro de los trabajos de esta cadena, analizaron la crisis actual emitiendo un reportaje sobre la miseria en España… ¡grabado en tiempos de Aznar! Dos pequeñas obras maestras de la manipulación que me obligan a reflexionar: “¡qué lección de periodismo nos ofrece cada día esta gente! ¡qué rabiosa actualidad tienen sus trabajos!  ¡qué vibrante manera de hacer información de calidad! ¿Por qué no compartirán su talento periodístico?”. Algo parecido pensé cuando vi a John Müller presentar el inolvidable “La vuelta al mundo”. Sensaciones que se repiten cuando abro el videoblog de Pedro J. O  cuando escucho a Melchor Miralles y Casimiro García Abadillo dando doctrina en las tertulias de televisión. Esa fuente de sabiduría y conocimiento, ese gracejo, esa integridad profesional, no debería morir con ellos. Debería ser, como sucede con las culturas indígenas y los trajes regionales, patrimonio de la humanidad. Tengo buenas noticias que darles…

Veo 7, la Universidad CEU San Pablo y Jesús Hermida han creado una escuela de presentadores de televisión. ¡Qué falta nos hacía! La televisión de El Mundo, la universidad del Opus y el hombre que descubrió a Nieves Herrero, unidos en una misión de carácter universal: sacar las perras a los pardillos que quieren ser como Pedro Piqueras. “Aquí no vamos a rechazar a nadie”, se ha apresurado a decir Hermida. “Siempre que paguen la inscripción y las mensualidades”, añadió el gerente santiguándose por lo bajini.

El primer Curso Superior de Presentadores de Televisión tendrá una duración de 10 meses, ahí es nada. Pero la cosa no será tan fácil como llegar, pagar y, nunca mejor dicho, besar el santo: los alumnos candidatos tendrán que presentar un vídeo en el que muestren sus habilidades en “la primera red de presentadores de televisión”. El comité de la Escuela seleccionará a los 25 mejores. Los triunfitos. He tenido acceso a algunas de las grabaciones de los aspirantes con mejor pinta…

“Va a ser fascinante concentrar a tanto talento, con toda su creatividad, juntos en un mismo programa”, comenta Miralles. Y es que los elegidos tienen el éxito garantizado. Piensen que las prácticas las realizarán en un tele maratón creado para la ocasión: cinco horas de Veo Tv rellenadas por becarios de pago. Así es la TDT. No más calidad, pero cantidad a espuertas.

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P.D.

Dios visitó “Los desayunos de TVE”. Bueno, fue Felipe González, lo que viene a ser prácticamente lo mismo. No sé si fue cuestión de la iluminación del plató, o de la iluminación personal del ex presidente, pero lo cierto es que parecía bañado por un halo mágico. Como Gandalf. O como el espíritu santo. Con sus citas cultas (Kissinger, sin ir más lejos), sus gestos sabios, su discurso irrefutable, su sabiduría infinita, su karma, sus miradas por encima de las gafillas y de las personas… Con una  firmeza pétrea: ni un atisbo de duda, ni un síntoma de debilidad, ni una concesión al error (propio). Porque González parece saberlo todo, y tener las palabras adecuadas para contárnoslo a nosotros, pobres e ignorantes mortales.

Habló de Europa, la economía, el terrorismo, el cambio climático, las migraciones, los medios de comunicación, la piratería en la red, la continuidad de Zapatero… incluso de la serie “Cuéntame”. El conocimiento de González es enciclopédico, no tiene límites, lo que le permite hablar con la contundencia que sólo otorga la sabiduría infinita. Un Dios, efectivamente. Pero también un poeta. Dijo ser “optimista de la inteligencia”, en una frase de una belleza y profundidad que Zapatero, pobre, jamás alcanzará (recuerden su patético “la tierra le pertenece al viento”).

Fue tan impresionante el discurso de González, tan bello y trascendente, que en el Telediario de mediodía (La 1, TVE) hicieron un amplio y jugoso resumen del monólogo. E inmediatamente después hablaron de la actividad de Rodríguez Zapatero en la jornada. Pero esto último lo hicieron de pasada. Era tan insulsa que ni ofrecieron declaraciones, ni imágenes, ni nada de nada.

Una pena lo de los Gal. González era un líder inigualable, todopoderoso, eterno. Como el mismísimo Cid Campeador, pero más listo, más guapo y, encima, con un puestazo en Doñana.

Una cadena de televisión británica, Channel 4 (nada que ver con los perfumes, como verán más adelante), busca un voluntario para participar en un reality tan innovador como radical, puesto que el elegido será embalsamado delante de las cámaras con las mismas técnicas que se utilizaron con las momias egipcias. Cuando termine el programa, el voluntario, ya disecado, será expuesto en un museo con fines pedagógicos.

Cuando Zapatero pensó en Alberto Oliart, centrista de 81 años, para TVE, aún no se sabía nada de ese programa de Channel 4. Zapatero buscaba consenso. La idea de colocar a Oliart en la televisión pública fue del Presidente, el hombre que consintió la “limpia” de mayores de 50 años en TVE. Pues bien, parece que sólo mes y medio después de su nombramiento, Oliart, el hombre que creía que la parrilla era el artefacto para asar chuletas, a las primeras de cambio amenaza con dimitir.

El mundo de la televisión se ha estremecido ante tan contundente advertencia. ¿Qué sería de TVE sin Oliart? ¿Y de Zapatero sin su hombre de consenso? No quiero ni pensarlo. El acabose, la debacle, el caos, los brotes podridos… Volvemos a las andadas con la televisión pública. El presidente del Gobierno debe proteger al presidente de la Corporación, de manera que este último pueda proteger a sus dos nuevos directores. Cuestión de protectores y protegidos.

La serie que estrenó anoche Antena 3 también va de gente especial, extraordinaria, única. Gente con superpoderes. “Los protegidos” cuenta la historia de niños aparentemente normales que tienen dones sobrenaturales. Ya se imaginan, ¿verdad? Mueven objetos con la mente, escuchan el pensamiento de los demás, pueden ser invisibles o transmiten electricidad. Los lectores de mayor edad recordaran al tío calambres, ¿verdad? Pues esto no tiene nada que ver. Hablamos de pequeños superhéroes. Dos adultos hacen de improvisados padres de estos monstruitos, y buscan una casa donde esconderse de unos malhechores que quieren montar con los chavales un circo de freaks (o algo parecido).

Me suena el tema de los superpoderes… ¿Marvel? No, no, en televisión. ¿”Héroes”? Efectivamente, la ficción norteamericana de la NBC que, estrenada en 2006, habla de personas corrientes que un día descubren que poseen habilidades sobrehumanas (incluida la telequinesia: desplazar objetos sin la intervención de medios físicos). Un éxito: superó los 15 millones de espectadores en la primera temporada.

“Los protegidos” es parecida, pero no tiene nada que ver. Está hecha en España, con otro presupuesto, otros guionistas, otros actores, otros directores, otras músicas, las mismas… fuentes de inspiración. Es ciencia ficción castiza. “La primera serie en España con efectos especiales de calidad”, dice Antonio Garrido, uno de los protagonistas. Bueno, no esperen “Avatar”. Ni siquiera esperen “Héroes”. Confórmense con un vaso con agua desplazándose por la mesilla de la habitación de un niño o la puerta de un bar que se abre sola. Y con detalles tomados prestados de otras series: el cojo de “Los protegidos” muy bien podría ser el fumador de “Expediente X”.

Es decir, confórmense con una ficción española. Vean las fotos promocionales de las dos series en párrafos anteriores. Lo siento, pero esa es la diferencia entre ambas.

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P.D.

Los funcionarios europeos se encuentran más unidos que nunca. La culpa no es de la Presidencia Española de la Unión Europea, sino de una subida del salario del 4% a la que no quieren renunciar. Bien hecho. Me gustaría ofrecerles algunas imágenes de carácter artístico realizadas por trabajadores que desempeñan funciones en organismos del Estado. Un funcionario creativo, un lapicero afilado y los cadáveres de las últimas moscas del otoño. Con estos mimbres se han realizado estas pequeñas obras maestras. Les recuerdo que Arco está a la vuelta de la esquina…

“¡Qué más quisiera yo!” y “Periodistas Fútbol Club”, los últimos estrenos de La Sexta, dan la razón a todos aquellos que piensan que el talón de Aquiles de esta cadena es la producción propia. El primero es otro programa más de cámara oculta, lo que a estas alturas podría entenderse como un insulto a la inteligencia del telespectador. “Periodistas Fútbol Club”, el espacio que arrancó ayer al mediodía, es una versión futbolera de “Sé lo que hicisteis”. Es decir, un repaso supuestamente sarcástico a la actualidad, en este caso deportiva, basado en imágenes de otras cadenas.

Dos vulgaridades. No es normal que una cadena con programas del nivel de “Buenafuente”, “El Intermedio” o “Qué vida más triste”, y que cuenta con el respaldo de una productora del prestigio de Globomedia, sólo sea capaz de ofrecer como primeras novedades para 2010 un programa de cámara oculta y una versión cutre de “SLQH”.

“Periodistas Fútbol Club comienza con bronca”, anunciaba la web de La Sexta. Pero no es verdad. Comienza con una mediocridad apabullante, tanto en el guión como en la dirección o el decorado. Es un programa diario que precede a “SLQH”, y que muy bien podría considerarse como un lamentable preámbulo del mismo dedicado al deporte. También está basado en parasitar el trabajo, casi siempre los errores, del resto de cadenas. Si “SLQH” es un contenedor de la basura que producen los programas del corazón,  “Periodistas Fútbol Club” es un contenedor de la basura que producen los programas e informativos de deportes.

Me gusta el fútbol, y seguramente por eso jamás vería “Periodistas Fútbol Club”. Demuestra una preocupante falta de creatividad, ideas y talento. Y un exceso de humor forzado. Buena prueba de ello es que Dani Mateo y Ricardo Castella, los presentadores, están muy por encima del resto del programa. Son buenos. El resto, incluida una reportera con poca gracia y voz de pito, resultó francamente decepcionante: “nunca había estado tan cerca de un jugador”, dijo durante un reportaje de actualidad grabado en el partido “Champions for Africa” que se jugó… ¡hace 20 días!

Había más ingenio, agudeza y mordacidad en los créditos de “Padre de familia”, la serie de animación que hasta ayer emitía La Sexta a las 14.55, que en “Periodistas Fútbol Club” y “¡Qué más quisiera yo!” juntos.

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P.D.

Se acabó el buenrrollismo en TVE. Cuando todos creíamos que Javier Pons abandonaba voluntariamente la dirección de TVE, para fichar por alguna cadena o productora privada, ahora resulta que “ha sido cesado por criticar el nuevo modelo sin publicidad de la cadena pública”. Alberto Oliart, el mismo abuelete bonachón que hace menos de un mes aseguraba que “contaba con el mismo equipo que su antecesor”, ahora entiende que Pons “no era la persona más idónea para capitanear la nueva etapa”. Lo cuenta Europa Press vía vértele.com.

“No he perdido la fe, pero la estoy perdiendo”, dijo Iñaki Gabilondo en la presentación de su último libro, modestamente titulado “Verdades como puños” (Aguilar). El veterano periodista tenía motivos para desconfiar: el próximo jueves presentará por última vez el informativo estrella de Cuatro. La cadena de Prisa (y de Telecinco)  prescinde de la estrella que inauguró la cadena, en lo que debería entenderse como una declaración de principios. Ofrecer información de calidad ya no es lo más importante. Vamos a por la audiencia perdida. Gabilondo ha muerto… ¡Vivan los Manolos!

Un primer análisis podría hacernos considerar al veterano periodista como la primera víctima de la fusión entre Telecinco y Cuatro. Un daño colateral. La sombra de Berlusconni, el hombre que amordaza Italia, planea sobre los medios de comunicación españoles. Pero no todo el mérito es de il Cavalieri. Ni siquiera del actual Gobierno, que ha empobrecido el panorama audiovisual facilitando la fusión de cadenas. A Gabilondo ya le había sentenciado la audiencia. Su telediario “de autor” no enganchó a los televidentes y, pese a ser el informativo más serio de la parrilla (como lo están leyendo), su jubilación sólo era cuestión de tiempo. La marcha hace un par de meses del director de informativos de la cadena, José María Izquierdo, otro veterano ilustre, fue un aviso para navegantes.

“Me jubilaré al acabar esta temporada”, dijo Gabilondo en septiembre de 2006. “A Iñaki le quedan muchos telediarios”, aseguró inmediatamente Daniel Gavela, director general de Cuatro. Ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario. El nuevo orden televisivo termina por apuntillar a un profesional intachable y necesario que, posiblemente, apuró demasiado su suerte.

Gabilondo, un periodista de los grandes, posiblemente el último de su especie, no se merece un final así. En cuatro años ha pasado de dirigir y presentar el programa más escuchado de la radio española (“Hoy por hoy”, Cadena SER) a aceptar un subsidio en el canal temático CCN+. Canal que, por cierto, estuvo a punto de desaparecer hace solo unos días.

Decía Gregorio Morán, no sé si con estas mismas palabras, que mientras la realidad se endurece, la prensa se ablanda. Corren malos tiempos para la reflexión, el análisis y el periodismo de calidad. Manda la audiencia. Es hora, por tanto, de aligerar la información, de banalizar las noticias, de prescindir del criterio. Lo importante son las imágenes, el espectáculo. Es la victoria de lo visual sobre lo real. Gabilondo era lo real. Lo visual son los sucesos, los Manolos, la mujer más vieja del mundo, el niño torero, Elsa Pataky en pelotas en la portada de una revista…

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P.D.1

La fusión de cadenas no sólo trae desgracias. Un ejemplo: ahora  leyendo la sección de televisión de El País podemos enterarnos no solo de los estrenos de Cuatro. También nos enteramos de los de Telecinco. Anoche le tocó el turno a “El pacto”, una mini serie de dos capítulos basada en un tema francamente escabroso: el acuerdo de siete adolescentes para quedar embarazadas al mismo tiempo. Puede parecer un planteamiento algo  retorcido, pero en realidad resulta conservador. Metidos en faena, y teniendo en cuenta que se estrenaba en la cadena de Paolo Vasile, lo suyo hubiese sido darle una vuelta de tuerca para hacer el producto aún más atractivo. Una idea: los padres de las criaturas serían extraterrestres, y los fetos tendrían al menos dos cabezas y tres órganos sexuales. Sólo con estas pequeñas modificaciones el éxito de la mini serie estaría garantizado.

Pero Fernando Colomo, el director del engendro, no se ha atrevido a llegar tan lejos. Las siete niñas están embarazas de humanos. ¡Qué decepción! “Es una ida de olla, una frikada. Esperamos que no cunda el ejemplo en España”, asegura un Colomo que demuestra estar comprometido con la calidad y los valores positivos. O arrepentido. Aprecio a Colomo. Por eso quiero pensar que se ha planteado dirigir “El pacto” como un trabajo nutricional. Las cosas están muy malitas en el cine, y la nevera no se llena sola.

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P.D.2

Seguimos hablando de tv movies. Telemadrid tiene una ocasión magnífica para ponerse a la altura de las grandes cadenas rodando una película para televisión sobre un tema de actualidad: la agresión a Hermann Terstch. Ya la estoy viendo… Mezcla de información y suspense, estaría dirigida por Amenábar, la protagonizaría el propio Terstch, que narraría la historia desde la cama del hospital, y se podría llamar… “Bar adentro”. Poli Díaz bordaría el papel de agresor “profesional”. Teddy Bautista interpretaría el papel de agresor de la SGAE. Marcelino Camacho sería el agresor de izquierdas (no es fácil encontrar a alguien en este país para un papel de izquierdas). El gordito de Intereconomía sería el Gran Wyoming. Y Esperanza Aguirre realizaría un cameo de lujo: sería una de las dos mujeres que acompañaban al agresor. La otra sería Carmen de Mairena. El papel de presidenta de la Comunidad Madrileña, vinculando la agresión sufrida por el periodista con una broma que hizo “El Intermedio”, lo interpretaría Violeta Santander. Tiene buena pinta ¿verdad?

Han detenido al agresor de Hermann Terstch. Y no es el Gran Wyoming. Ni un radical de la SGAE. Ni siquiera un profesional de la violencia, un sicario. Sólo es un empresario de la noche madrileña, dueño de un bar de copas. Según la policía, la famosa agresión fue ajena a móviles políticos: “una trifulca entre una persona con algunas copas de más y otro individuo que se sintió ofendido”.

“Es el mejor regalo de reyes” dice Terstch. El presentador de Telemadrid está contento porque sabe que ni siquiera la verdad se interpondrá en su camino. La semilla del mal se sembró a tiempo, ha soportado las heladas, y ya tiene brotes. Eso es lo importante, no que la agresión política se haya transformado en una disputa entre borracho y ofendido. Sólo hay que escuchar las tertulias de los bares o las radios, o leer a algunos columnistas. David Torres, hace sólo unos días, escribía en El Mundo: “El Gran Wyoming (que de grande hace tiempo sólo le queda el nombre) se ha apresurado a declarar que él también se siente una víctima. Oyendo sus chistes, no nos extraña. Ahora intenta arreglar su carrera de cómico de presa a costa de dar pena y dice sentir miedo, pero le falta ideología para que alguien le calce una hostia”. Torres, por si ustedes no lo sabían, es escritor.

El retorno triunfal de Hermann Terstch a Telemadrid será la guinda de este esperpento provinciano-fascista.

Como saben ustedes, desde hace unos días la televisión pública española no emite anuncios. Esta nueva situación ha producido una gran inquietud en los trabajadores del departamento de publicidad de TVE que,  lógicamente, no ven claro su futuro. Tranquilos. Las plazas que sobran en publicidad se trasladarán a archivos y documentación, departamentos en plena expansión. Piensen que buena parte del espacio libre dejado por la publi se está rellenando con imágenes antiguas. El espíritu del NODO, ya me entienden. Vean los informativos, o los nuevos programas: el próximo lunes La 1 estrena “volver con”, un reality nostálgico con Lolita como protagonista…

Una de las consecuencias más terribles de las crisis, y de los malos gobiernos, es que nos obligan a mirar atrás. Señal de falta de ideas y canguelo. Y no lo digo sólo por la elección del presidente de RTVE o la tendencia a recuperar imágenes viejunas. El último grupo de “sabios” reunido por Zapatero está formado por Pedro Solbes, Jacques Delors y… Felipe González.

Felipe González fue presidente del Gobierno, pero ahora es gurú. O sabio mediático, que viene a ser lo mismo. Y alguna otra cosita más, porque a González la Junta de Andalucía le acaba de nombrar  Presidente del Consejo del Espacio Natural de Doñana. Como lo oyen. El político que colecciona árboles enanos sustituye a Ginés Morata, todo un biólogo premio Príncipe de Asturias, al frente del consejo rector del humedal más hermoso de Europa.

Un político entenderá y defenderá Doñana mucho mejor que un biólogo, ¿verdad? Sobre todo si se trata de un político como González, pro nuclear y con dudas sobre la mayor amenaza que sufre el parque: el oleoducto de la refinería Balboa que rozará el espacio protegido, y multiplicará  por cuatro el riesgo de mareas negras.

González ha confesado que “en España hacen falta más refinerías para evitar la dependencia energética”. Pero cuando le han preguntado por el oleoducto de Doñana, un proyecto amparado por su colega Rodríguez Ibarra, no ha sido tan claro: “¿La refinería de Extremadura? Hay que hacer la evaluación”.

La zorra guardando las gallinas.


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P.D.

¿Recuerdan aquello de “Los políticos hablan, los líderes actúan”? Pues eso. Un fuerte abrazo para Juantxo López de Uralde y el resto de miembros de Greenpeace.

P.D.2

Alberto Oliart dijo que contaba para su proyecto con todo el equipo de TVE. Lo que no sabía Oliart es que el equipo de TVE tiene otros proyectos, que no le incluyen ni a él, ni a una televisión pública sin dinero para gastar. Tal y como estaba previsto Javier Pons, actual director general de RTVE, sigue los pasos de Luis Fernández y deja su puesto. Le sustituirá Santiago González, actual director de RNE.

La noticia sólo tiene interés por una cosa: saber  dónde irá Pons. Yo apuesto por una productora privada.

P.D.

Un nuevo éxito de Veo7, la televisión de El Mundo: “el fútbol sala como nunca antes se había visto”. La retransmisión de la Supercopa con “un despliegue técnico más que importante”, es decir, con 10 cámaras, 14 micrófonos, varios metros de cable, numerosos operarios, dos presentadores y un director de cadena. Impresionante. Jaume Roures tiene que estar tirándose de los pelos. Y es que muy bien tienen que irle las cosas a Pedro J. a nivel económico para haber podido quitar al empresario catalán este grandioso espectáculo deportivo.

Tengo que confesarles que a mí no me ha sorprendido demasiado, puesto que ya veía fútbol sala gracias a las televisiones locales de Talavera de la Reina. Pero mereció la pena sólo por contemplar a Melchor Miralles, director de la cadena, convertirse, una vez más, en protagonista del espectáculo y dar diez toques al balón en plena cancha. Este hombre no tendrá ni idea de televisión pero, hay que reconocerlo, en la pierna derecha tiene un guante.


Preferimos cantidad a calidad. Es triste, pero es así. Les pondré dos ejemplos, uno de ellos sexual. En el mundo de la televisión, cuando ha aumentado la oferta de canales, ha crecido el consumo: los espectadores con TDT vieron 15 minutos más la televisión al día en 2009 que el resto. No se trata de cadenas de mayor calidad, con programas nuevos, más imaginativos, mejores, que hayan despertado el interés de los telespectadores y disparado la audiencia. No. Es exactamente la misma basura que antes distribuida en más vertederos, gracias al nunca suficientemente valorado invento de la Televisión Digital Terrestre.

El segundo ejemplo de culto a la cantidad tiene carácter sexual. Ya lo había sugerido un Woody Allen que soñaba con reencarnarse en las yemas de los dedos de Warren Beatty. Pero ahora nos lo ha confirmado el biógrafo Peter Biskind en su libro “Star. How Warren Beatty seduced America”: el actor ha tenido relaciones sexuales con 12.775 mujeres. Más incluso que Nacho Vidal puesto que, según Biskind, tan precisa cifra (12.775, ni una más ni una menos) no incluye “polvos rápidos, aventuras casuales y besos robados”.

Muy Triste. Porque ustedes estarán de acuerdo conmigo en que, sexualmente hablando, lo importante no es la cantidad, sino el amor. ¿Verdad que sí? Vayamos entonces más lejos y recordemos que, puesto que el biógrafo de Beatty otorga a esas 12.775 parejas cierta estabilidad (descarta deslices y polvetes a salto de mata), podemos aventurar que el actor habría realizado un mínimo de… ¿Pongamos que 30 casquetes en cada una de esas relaciones? Qué menos. Estamos por tanto en condiciones de afirmar que el amigo Warren protagonizó alrededor de 383.250 coitos. ¿Les parecen pocos? Enhorabuena. ¿Les parecen muchos? Añádanle entonces los “polvos rápidos, aventuras casuales y besos robados” que sugiere su biógrafo.

Cifras importantes, en cualquier caso, que conforman una vida sexual de una intensidad aún más brutal si tenemos en cuenta que ha estado concentrada en 52  años. Warren confesó haber perdido la virginidad a los 20, y actualmente tiene 72. Saquen la calculadora: 383.250 coitos en 18.980 días… ¡más de 20 coitos al día! Y el puñetero aún tenía salud y ganas para “polvos rápidos, aventuras casuales y besos robados”.

Warren ha penetrado como un poseso, es cierto, pero supongo que no ha podido amar. No ha ha tenido tiempo: cuando podría haber amado, sin duda estaba penetrando. Y díganme ¿De qué sirven 383.250 coitos sin amor? Salvando las distancias, y las cifras, una desproporción carnal de semejante magnitud está teniendo lugar en directo, delante de nuestras narices, en “Gran Hermano”, esa obra maestra de la televisión que triunfa en Telecinco.

Arturo, el concursante estrella de la edición actual, ya se ha cepillado a dos de sus compañeras. A dos. Y según ha reconocido en varias ocasiones lo ha hecho como Warren Beatty. Sin tiempo para el amor. Arturo es un pene con piernas, y ni siquiera la presencia de millones de espectadores ha podido frenar su voracidad sexual. Pero Arturo, queridos lectores, no es feliz: ni con 383.250 cópulas retransmitidas en directo conseguiría serlo. Porque Arturo es el concursante de “Gran Hermano” perfecto: vago, egoísta, miserable, maleducado, insolidario, mezquino, sucio, ignorante…

Warren Beatty es un actor, guionista, productor y director de cine de intensa vida profesional y personal: elegante, educado, inteligente, irónico, comprometido… La diferencia en las montas de ambos sementales, esas heroicas 383.250 frente a las rácanas dos, es fiel reflejo de la distancia que separa el cine de la  televisión. El talento, pese a excepciones que se puede contar con los dedos de una oreja (alguna serie de ficción, algun grupo de guionistas), aún habita en la pantalla grande.

Huele a incienso y a pedo de camello. Sé que ya estáis por aquí, rondando la casa, buscando una ventana mal cerrada, tratando de subir a la chimenea. He soltado a los perros y conectado la cerca electrificada. He cargado la escopeta con postas. Y por supuesto he encendido la chimenea. No soporto ni vuestras miradas bondadosamente bovinas, ni vuestras capas de pieles exóticas, ni vuestras coronas de pega, ni vuestros ostentosos regalos. Y me repugna tener que recoger las boñigas de vuestros piojosos camellos. Siento arcadas cuando os veo, sentados con niños sobre las rodillas, en las casetillas que monta el Corte Inglés. Parecéis obispos endomingados. Voy a por vosotros.

Abusáis de la buena fe de los inocentes. “¡Que haiga trabajo!”, os pide un concursante de “Gran Hermano” (Telecinco). “Espero que los Reyes vengan cargaditos”, dice el entrenador del Sevilla. “Les pido lo mejor pa los que me quieren”, asegura Belén Esteban. Pero en realidad, ¿qué nos traen los Reyes? Pues una cabalgata que se convierte en el último esperpento televisado de las Navidades. Una cabalgata que este año se les ha ido de las manos: ¡incluye una carroza contra el aborto!

Yo no les escribo carta a los Reyes, es una pérdida de tiempo, pero si tuviera que hacerlo… les pediría una buena conexión para la próxima retransmisión futbolera de J.J. Santos.

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