El descodificador

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Pedro Piqueras cuenta muchas, muchísimas cosas, cada vez que aparece en televisión: es director de informativos de Telecinco, nada más y nada menos, y presenta el  telediario estrella de esa cadena. Anoche, sin ir más lejos, dijo que “En Japón se libra una batalla cada vez más desesperada”. Aunque la verdad es que no sé si creerle… Solo unos minutos antes había aparecido contando patrañas sobre Actimel, el producto lácteo probiótico de la empresa francesa Danone. Piqueras, periodista de raza, informador riguroso y serio de la vieja escuela, recurrió, como no podía ser de otra manera, a los principios de su profesión: “Contrasté la información sobre sus estudios (los de Actimel) y entendí por qué podía ayudarme”. Piqueras se refiere, sin nombrarlo, a la bacteria Lactobacillus casei DN-114001, defensora incansable de las defensas del organismo humano. “Por eso, yo lo recomiendo… Cuando algo funciona, hay que compartirlo”, sentenció el periodista minutos antes de asegurar que Gadafi se prepara para lanzar su gran ofensiva contra los rebeldes.

Piqueras no cuenta en el anuncio, y jamás lo hará en su informativo, que Actimel recibió el premio “a la mentira publicitaria más insolente” otorgado por Footwatch, la asociación sin ánimo de lucro que defiende los intereses y derechos de los consumidores alemanes. Según Footwatch las campañas publicitarias de Actimel son un engaño, puesto que este producto no protege frente a las enfermedades y, pese a que refuerza el sistema inmunológico, no lo hace de manera tan eficaz como el yogur tradicional. Además, resulta excesivamente azucarado y es cuatro veces más caro que un yogur clásico.

¿Podemos creer a Piqueras cuando habla del caso Gürtel después de que haya intentado hacernos creer que un yogur carísimo con “inmunitas” nos protege contra achaques e indisposiciones? La utilización de la ciencia por la mercadotecnia casi siempre es perversa. El periodismo y la publicidad en demasiadas ocasiones se confunden. Incluso el periodismo y la publicidad engañosa tienen sus flirteos. ¿Tan mal pagan en Telecinco a sus jefazos como para que necesiten estar pluriempleados?

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P.D.

Las cosas están muy achuchadas en todos los sitios, pero en Castilla La Mancha más. Esta noticia se podía leer en la portada de La Tribuna de Talavera el pasado sábado…

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Un motivo para NO ver la televisión

Knockemstiff.

Autor: Donald Ray Pollock.

Editorial: Libros del silencio.

Basura blanca. De eso trata este libro con 18 cuentos despiadados, descarnados, brutales. De la claustrofóbica y miserable vida de la población de Knockemstiff, un pueblo de Ohio que se consume en el abandono, las anfetaminas, el alcohol barato y la desesperanza. No hay futuro para esta población, auténtica White Trash, que se limita a sobrevivir en una encerrona geográfica y vital.

Es el libro más intenso y triste que leo sobre los embrutecidos norteamericanos desde las “Crónicas de la América profunda” de Joe Bageant (Los libros del lince), allá por 2009. Está escrito con enorme agilidad, descomunal desparpajo y mucho talento por Donald Ray Pollock, un trabajador de plantas cárnicas que ha dado el salto a la literatura con este libro. Es realismo sucio, sin duda, puesto que muestra el lado oscuro de una sociedad que se descompone. Beben lejía, comen basura, se drogan con mierda y follan como animales. Saben que no tienen futuro, que jamás saldrán de la encerrona, y su proceso de autodestrucción comienza en el momento en que nacen y viven en Knockemstiff. Desgarrador, pero siempre brillante y en ocasiones hasta enternecedor. La belleza de la derrota.

Leer el primer relato INTEGRO.

Mercedes Milá defiende los métodos de trabajo de Ana Rosa Quintana. Se refiere a presionar a una minusválida, la mujer de Santiago del Valle, presunto asesino de la niña Mari Luz, para obtener una exclusiva. “No veo ni un solo resquicio en todo este asunto que pueda ser cuestionado. El periodismo es esto. Mando desde aquí, públicamente, lo que ya he hecho en privado: mi apoyo y mi felicitación a Ana Rosa y todo su equipo”, aseguró la presentadora de ese prodigioso experimento antropológico llamado “Gran Hermano”. Le recuerdo, por si no lo sabía, que Ana Rosa y Milá cobran de la misma caja: Telecinco.


El periodismo no vive sus mejores momentos, para qué vamos a engañarnos. Pero de eso a pensar que la televisión que hace Ana Rosa tiene algo que ver con el periodismo… Sería tanto como creer que lo que escribe Ana Rosa (su negro) tiene algo que ver con la literatura. El desarme moral y crítico de la profesión es descomunal. Tanto como para que tenga que ser alguien ajeno a la profesión quien ponga un poco de sentido común en este tema tan desagradable: “Los periodistas que hicieron confesar a Isabel deberían estar en la cárcel”, dijo ayer Alberto Revuelta, el abogado de la familia de la niña asesinada. Han leído bien: el abogado de la familia de la niña asesinada.

No se puede presionar a una persona con un 65% de minusvalía. Hay que tener dignidad, como personas y como periodistas. Aquí no hay buenos porque tengan una cámara en la mano y una alcachofa…”, sentenció el abogado a la salida del juzgado, rodeado por decenas de micrófonos y cámaras. Antena 3 retransmitió en directo las declaraciones, pero el programa de Ana Rosa no. ¡Vaya por dios! En ese momento se encontraba en publicidad. Y a la vuelta, evitaron el tema y hablaron del conde Lequio y un divorcio de una pareja de famosetes. Qué raro, ¿verdad? Con lo atentos que están los periodistas del equipo de Ana Rosa a todo lo que rodea el caso Mari Luz…

Actualmente es complicado creer en el periodismo. No es fácil encontrar información de calidad, independiente, objetiva, libre, con calado. Pero sí es muy sencillo saber qué NO es periodismo. Lo de Ana Rosa es sensacionalismo, extorsión, menoscabo, atropello, despotismo, vejación, tropelía, abuso de poder… Como usted quiera llamarlo, excepto periodismo.

He viajado a Roma con Paolo Vasile. Juntos, pero no revueltos: él, en preferente, yo, en turista. Entró antes que el resto de los viajeros, y nos recibió de pie, como un pavo real, con aire triunfal, repartiendo sonrisas y miradas cómplices. Parecía de buen humor. “Mira Manolo, ese es el chulo de Belén Esteban”, me pareció que le decía una señora a su marido. Desde mi claustrofóbico asiento podía ver al Consejero Delegado de Telecinco repanchingado en su cómoda butaca, comiendo galletitas saladas y bebiendo algún cóctel exótico mientras mi azafata, extrañamente antipática, me quería sacar un riñón por un bocata de jamón serrano (plastificado, 8.50 euros).


Nada más aterrizar, antes incluso de que el avión se detuviera por completo, me quité el cinturón a toda prisa y, como buen español, salté por encima de los demás viajeros, golpeé unas cuantas cabezas y pude alcanzar a don Paolo en la cinta transportadora de maletas. “¿Por qué nos está usted haciendo esto?”, le pregunté en mi mediocre italiano. “Las siete y media pasadas”, me respondió en un perfecto castellano del trastévere. Hablábamos idiomas diferentes… Sin darme tiempo a reaccionar, Vasile giró ligeramente la cabeza y sonrió de nuevo: había visto al chófer con el cartel de “Sr Vasile”, y ya estaba camino de casa, lejos, muy lejos de Telecinco, de España…

Escribo este post en la bolsa de potar de Iberia, satinada por dentro y suave por fuera. En el avión, Paolo Vasile me ha recordado a esos perros viejos, pero fieles, que pese a tener la próstata como un melón y el esfinter como una Thermomix, jamás se cagan o mean en casa. Siempre fuera.

Telecinco es de las peores cosas que nos han podido pasar. Una desgracia colectiva sólo comparable al paro, la corrupción o el deterioro de lo público (sanidad, educación…). Los programas de esta cadena, un insulto al buen gusto y a la inteligencia, suponen un empobrecimiento descomunal de la vida colectiva de los españoles, que afecta a nuestra cultura, a nuestra información, a nuestra política, a nuestro carácter… Cada día que esta cadena emite somos un poco más lerdos, un poco más asociales, estamos más aislados y atontolinados.

Un buen día el señor Vasile sacará sólo billete de ida, y regresará a Italia para quedarse. Tomará una larga ducha caliente, como esas prostitutas que quieren creer que el agua hirviendo les arranca el olor a semen, y se dedicará a vivir la vida desde la sordidez de la indiferencia. Es posible incluso que esa misma noche quede a cenar con Berlusconi, capo di tutti capi.

Para entonces su legado, la mierda del perro, ya se habrá consolidado como uno de los pilares de la miseria de los españoles.

“La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples”. Salmo 119:129-130

Juan Luis Cebrián, consejero delegado de PRISA, alertó durante la inauguración de la 25ª promoción del master de El País del riesgo populista en el nuevo escenario digital. El periodista y académico dijo que “muchos ciudadanos otorgan una credibilidad inaudita a las mentiras, rumores, calumnias y disparates de los confidenciales y blogueros, que desdicen del rigor periodístico de los medios tradicionales”. Cebrián defiende el Wikiperiodismo que practica su periódico, interpretar y publicar los “cables” que les filtró Julian Assange, pero advierte que la interpretación y publicación de la actualidad realizada por otros puede convertirse en Wikipopulismo.

Cebrián habla de “el rigor periodístico” como de una exclusiva de “los medios tradicionales”. Y como no creo que se refiera a El Mundo y el 11-M, imagino que se trata de una alusión a sus propios “medios tradicionales”, los del grupo Prisa. Un viejo error, que se repite a lo largo del tiempo: la legendaria soberbia de una empresa que, después de serlo todo en el mundo de la comunicación, se desintegra víctima de una gestión nefasta: su deuda asciende a 5.000 millones de euros, han vendido el 44% de Digital +, han cerrado CNN+ y perdido el control de Cuatro, están maltratando la Cadena SER, acaban de anunciar un ERE de 2.500 trabajadores… El desaparecido Soitu (No Mass Media, ¿recuerdan?) contó en su día de manera impecable el derrumbamiento de este gran grupo “tradicional”.

Leyendo este fin de semana El País me ha parecido encontrar varios ejemplos del “rigor periodístico de los medios tradicionales” al que se refiere Cebrián. El sábado publicaban una crítica excelente de “El manuscrito de nieve”, la nueva nóvela de Luis García Jambrina publicada por… Alfaguara. En el periódico del domingo se podía leer una fabulosa entrevista, a toda página, con Alejandro Nieto, director general de… la cadena SER. El suplemento dominical tampoco estaba mal, puesto que incluía un reportaje a todo trapo (seis páginas) sobre “Crematorio”, la nueva serie que estrena el lunes siete de marzo… Canal +. Finalmente, y también ayer domingo, la Defensora del Lector contaba precisamente la historia de un alumno del máster de la Escuela de Periodismo EL PAÍS-UAM que ha escrito un texto en ese periódico en el que ha copiado el 80% del contenido de un documental. Su propósito era “democratizar la sabiduría”.

En el periodismo español no hay día sin mesías. Cuando no dan doctrina los directores de grandes periódicos son los consejeros delegados y, cuando no, los gurús a su servicio. Todos hablan sobre el futuro de la profesión, todos apuestan por el periodismo de calidad mientras despiden trabajadores, promocionan mamporreros, firman ERES y conducen coches de empresa. “¿Seremos los periodistas sustituidos por ecuaciones complejas?”, se preguntaba un Cebrián aficionado a las alertas, a las reflexiones profundas y a las frases para la posteridad. A lo largo de los últimos años ha tenido innumerables ocasiones de aplicarse su propia medicina. Lástima. Es la palabra de Dios…

Por cierto… ¿Qué pensará Cebrián, adalid del periodismo de calidad, de Telecinco, su actual socio audiovisual? ¿Verá con buenos ojos la sustitución de CNN+ por el “Gran Hermano 24 horas”? ¿Creerá, como le sucede con los blogs, que “muchos ciudadanos otorgan una credibilidad inaudita a las mentiras, rumores, calumnias y disparates” de Telecinco?

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P.D.

“No quiero más cámaras, por favor… voy a acabar muy malamente”, lloriquea la mujer de Santiago del Valle, presunto asesino de Mari Luz Cortés. El cámara de Cuarzo, la productora del programa de Ana Rosa Quintana, responde a esas súplicas con un primer plano de su rostro desencajado. Según El Mundo, la productora se convirtió en la sombra de Isabel García, siguiéndola “día y noche para evitar que pudiera aparecer en el plató de otra cadena”.

Toda la miseria de la televisión, los repugnantes métodos del programa de Ana Rosa Quintana, se pueden apreciar en las imágenes conseguidas por El Mundo TV. La enésima demostración de que en  algunos programas, para algunas personas, el fin (la audiencia, el dinero) justifica los medios (acosar a una enferma mental).

En Telecinco están apenados. No por el método empleado por la productora a su servicio, sino porque creen que les tenemos manía y les juzgamos con mayor severidad que al resto de cadenas. “Duele ver que no sea juzgado de la misma forma una exclusiva que da un medio, que una exclusiva que puede dar cualquier otro periódico o cadena de televisión”, se atreve a decir un portavoz de Telecinco. La presidenta de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), Elsa González, no es de la misma opinión: la “exclusiva” emitida por Telecinco es “un atentado contra la dignidad de la entrevistada” y “no favorece la reputación de los medios de comunicación ni la de los periodistas”.

En Telecinco están tristes, pero hay algo que les compensa todos estos malos tragos: en 2010 han ganado 70,5 millones de euros, un 45,6 % más que el año anterior. ¡Viva la telebasura! ¡Arriba Ana Rosa y sus necrófagos!

“Preferiría ser un gato y gritar ¡miau!, a ser uno de esos vendedores de baladas en verso; mejor oiría el frotamiento de un candelabro de cobre o el chirrido de una rueda seca al girar sobre su eje”. William Shakespeare en “Enrique IV”.

Una excelente noticia para los amantes de la música: este domingo se emite por última vez “Operación Triunfo”, el concurso de Telecinco que nació para  descubrir nuevos talentos de la canción. Tras ocho años en antena, es evidente que el único nuevo talento descubierto ha sido el de Risto Mejide, un avinagrado jurado sobradamente amortizado por la cadena. El resto, una sucesión de cantantes de grupo de pueblo en fiestas: David Bisbal, David Bustamante, Chenoa, Rosa López, Manuel Carrasco, Soraya Arnelas…

“No existen personas sin sentido musical”, aseguraba Hans Werner Henze. El compositor alemán hizo esta arriesgada afirmación en 1982, cuando aún faltaban treinta años para que Esther y Tania grabasen el vídeo que acompaña este post. “¿Es que nadie apuesta por la música y por el talento?”, se pregunta llorosa Eva Perales, una de las jueces del programa. ¡Pues claro que mucha gente apuesta por la música y el talento! Sin ir más lejos, todos los telespectadores que, nada más escuchar la cabecera de OT, apagan la televisión y ponen un disco o se van a un concierto. “OT no se merece este final”, insiste Nina, la directora de esta supuesta academia, con toda la razón del mundo. OT se merece un final mucho peor, con los concursantes y profesores de todas sus ediciones soportando las más espeluznantes torturas, prisioneros en mazmorras medievales perfectamente insonorizadas en las que unos enormes altavoces escupiese, a todo volumen y en un bucle sin fin, el “Bulerías, bulerías” de Bisbal.

Pero como eso no va a suceder (Artículo 5 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos), disfrutemos simplemente de la defunción de un reality que, además de un atentado para oídos sensibles, es caro y obtiene poca audiencia: cada gala cuesta la friolera de 800.000 euros, y que la audiencia ha caído hasta unos niveles miserables: 13.8% de share medio con 2.229.000 espectadores, cuando en la primera edición la media fue de 44,2% de share y 6.895.000 de espectadores.

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P.D.

“Operación Triunfo” no es el único fracaso reciente de Telecinco. Tras la fusión con Cuatro, la cadena de Paolo Vasile decidió cerrar, debido a su escasa audiencia, CNN+, y emitir en esa frecuencia “Gran Hermano 24 horas”. Pues bien, han pasado las semanas y los gurús de la televisión comercial vuelven a tropezar de manera estrepitosa: ¡Gran Hermano tiene ahora menos audiencia que la que tenía CNN+!


“Gran Hermano 24 horas” arrancó con un 0,9% de audiencia, seguramente por eso de la novedad, mientras que CNN+ se despidió con una media mensual del 0,76%. ¡El titular estaba servido! “Gran Hermano 24 horas logra en seis días una audiencia similar a la de CNN+”.

El 18 de enero “GH24h” alcanzó un digno 1,1% de cuota de pantalla, pero poco a poco se ha ido desinflando. El pasado miércoles registró un miserable 0,4%. Y actualmente tiene un 0,6% de media mensual, mientras que  CNN+ se despidió con, recuerden, un 0,76%. En lo que no pueden competir ambos productos es en costes: es más caro mantener una plantilla de informativos como Pulitzer manda que instalar cuatro cámaras en una jaula de primates y retransmitir sus gruñidos y ventosidades.

Alejandro Echevarría, presidente de Telecinco, ha comentado en público la buena salud del mercado televisivo español y “la calidad de sus programas”. Como cuando hizo esa reflexión el señor Echevarría no estaba sobre el escenario de “El club de la comedia”, sino en una conferencia sobre “Los retos del sector audiovisual”, será cuestión de tomarse muy en serio sus palabras. Sus sabias palabras, puesto que Echevarría, responsable de la cadena más cutre, chabacana y miserable de la historia de España, sentenció la charla con una frase memorable: “Se hace la televisión que quieren los ciudadanos”.


Echevarría se lava las manos y viene a decir que los ciudadanos no quieren calidad, quieren mierda. Él, como máximo responsable de Telecinco, está capacitado para hacer una televisión excelente, dos o tres “Boardwalk Empire” a la semana sin despeinarse, pero los ciudadanos españoles no están a su altura. Es bien sabido que el pueblo llano no tiene criterio, y de la misma forma que antes se alimentaba de pan y circo, ahora exige programas de Ana Rosa, “Mujeres y hombres y viceversa”, “Sálvame” y “Enemigos íntimos”. Son tan zoquetes que han obligado al pobre Echevarría a sustituir CNN + por “Gran Hermano”. Los ciudadanos no tienen preparación, admitámoslo, y los directivos de televisión no han venido a este mundo para educarles, que para eso están los colegios, sino para forrarse administrando al populacho la dosis diaria de excrementos que exigen sus resecos cerebros. Telebasura.


Algo parecido sucede con la política. “Se hace la política que quiere la ciudadanía” es una frase que firmaría cualquier diputado, alcalde o secretario de organización, imputado o no. Yo iría incluso más lejos, y diría que “se hace la política empresarial que quiere la ciudadanía”. Porque el pueblo no sólo es ignorante, también es chorizo, y si no ahí tienen a Francisco Correa, cerebro de la trama Gürtel, completamente deprimido porque después de saquear más de 120 millones de euros del erario público el juez le ha denegado la libertad condicional. Dice Correa que los espacios cerrados le producen ansiedad. Lógico, puesto que en chirona sólo puede disponer de un juego de camisa a rayas y jugar a tirar la pastilla de jabón al suelo en las duchas, mientras que en el exterior le esperan las 25 fincas, 30 casas, 22 coches, 18 garajes y 2 barcos de que es propietario.

Para solucionar todos estos problemas, y que el pueblo sea menos lerdo, y más exigente con directivos de televisión, políticos y empresarios deprimidos, el Gobierno ya ha tomado medidas: la educación española dispondrá en 2011 de 1.800 millones menos de presupuesto.

Tenemos Echevarrías y Correas para rato.

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P.D.

Muchos de los miembros del Partido Popular que se niegan a condenar el franquismo restan importancia al rechazo de Sortu a la violencia de ETA. “Son los mismos perros con distinto collar”, asegura en “Los desayunos de TVE” Jorge Moragas, coordinador de Presidencia y Relaciones Internacionales del PP. La frase no es original, pero resulta muy oportuna, puesto que se les puede aplicar tanto a unos como a otros.


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Un motivo para NO ver la televisión

Bow Thayer & Perfect Trainwreck.

Cd: Bottom Of The Sky.


Buenas noticias: nuevo disco de Bow Thayer, esta vez acompañado por los cuatro Perfect Trainwreck y de nuevo grabado en los estudios del gran Levon Helm. Semejante cúmulo de circunstancias sólo podía dar como resultado otro excelente trabajo de folk rock contemporáneo. Es decir, como si The Band, Gram Parsons, Lowell George y Jerry Garcia resucitaran y unieran sus fuerzas en pleno siglo XXI.


Je suis désolé. La cotización de la trufa, ese hongo ascomiceto de exquisito sabor, se ha desplomado: apenas se han pagado 1.700 euros por 569 gramos en la subasta benéfica organizada por Madrid fusión, cuando el pasado año se superaron los 3.000 pavos. ¿Cómo puede suceder una cosa así? ¿Es que ya no creemos en nada? Sin trufas, el termómetro anímico de nuestra sociedad, ya nada tiene sentido. ¿De qué sirve una sanidad pública eficaz, una justicia rápida o una educación de calidad, si no podemos espolvorear una miaja de negra de Périgord sobre nuestros tagliatelle? El paro, las pensiones, la violencia de género, la ausencia de valores, la dimisión de Alex de la Iglesia…Minucias si lo comparamos con la debacle que supondría la decadencia de este hongo de micelio tabicado y precio desmesurado.

¿Sabe usted que es el aroma lo que delata a las trufas, y hace posible su localización y recolección? El humano, que lamentablemente no está suficientemente dotado a nivel pituitario como para realizar este trabajo, recurre al cerdo. ¡Qué gran animal! El cerdo, digo. Sería injusto que la agonía de esa industria condenase al gorrino, otro de los pilares de nuestra sociedad, a la jubilación anticipada. Nosotros podemos trabajar hasta los 67 con una sonrisa en los labios, qué duda cabe, pero el cochinillo no trufero como mucho a los 18 meses tiene excursión al matadero. ¿Por qué no recuperamos a esos puercos de fino olfato para tareas audiovisuales?

Ya estoy viendo la escena: un guarro presidiendo las reuniones de contenidos de Telecinco. “¿Otro?”, pensará el lector con guasa. Efectivamente, uno grande y hermoso, un gocho rebozado en mierda que, sentado en un sillón de cuero (de vaca), sea capaz de, con sólo olisquear las carpetas de proyectos, decir cuáles serán un éxito y cuáles un fracaso. Voy a ir más lejos: la programación que la  cadena de Berlusconi emitió ayer, sin duda diseñada de forma meticulosa por profesionales de gran prestigio y jugosa nómina, podría hacerla un lechón por la mitad de dinero. ¡Qué digo por la mitad! Por un saco de bellotas el cerdo te prepara la parrilla de todo el año. Lean, lean: “El programa de Ana Rosa”, “Hombres, mujeres y viceversa”, “Informativos”, “Sálvame diario”, “Gran Hermano”…

Nacido y criado en una dehesa, el más apestoso y sucio de los cerdos ibéricos haría un papel de ensueño al frente de Telecinco, una auténtica cochiquera audiovisual, una enorme pocilga intelectual.

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P.D.1

Gracias a TVE sé más cosas de Harbin que de Teruel. Las dos son ciudades frías de cojones, pero los informativos de la televisión pública llevan dos días informando con detalle de la primera, una población China donde hace una rasca  pelona. ¿Por qué Harbin y no Teruel u otra cualquiera de las ciudades-congeladores del planeta? Muy fácil: en Harbin está Almudena Ariza, la reportera en constante movimiento, flamante premio del Club Internacional de Prensa a la mejor corresponsal española en el extranjero.

Es posible que usted recuerde a Ariza porque sus piezas son tan dinámicas que le impiden permanecer quieta: siempre se desplaza de un lado a otro de la pantalla. Si cuando comienza a hablar está en la izquierda, cuando termina está en la derecha. Pura acción, periodismo vivo. Quizá tampoco haya olvidado un reportaje memorable que comenzaba así: “Nos hemos colado en El Rocío…” ¿Colarse en El Rocío, una fiesta abierta a la que asisten miles de personas? O por el dramatismo de sus conexiones, siempre en el corazón de la tragedia, siempre en el centro del huracán, siempre vacías de contenido. Periodismo Harbin, melodramático como un culebrón, frío como el pecho de una rana.

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P.D.2

He recibido un correo muy triste: “Nuevos Medios cesa su actividad”. La muerte de Mario Pacheco  acarrea la desaparición de una de las discográficas más creativas, influyentes e independientes de todos los tiempos. Otro mal día para la música…

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Un motivo para NO ver la televisión

Pat Anderson.

CD: Magnolia Road.

En Estados Unidos das una patada a un bote y salen diez o doce cantautores. Si el bote es de Budweiser incluso dos o tres más. Y si se las das en Nashville… Más. Pero muy pocos son capaces de atreverse con una versión del “Dancing in the Dark” de Springsteen y salir airosos. Pat Anderson los tiene bien puestos, y en su primer disco lo demuestra: baladas, sí, pero también temas con los amplis a buen volumen y las baterías galopando. Raíces, de acuerdo, pero con una producción para el siglo XXI. Un tipo a seguir.


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