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La frase no es de un iraquí que perdió a su familia durante la invasión de su país por tropas del trío de las Azores. La frase es del ex presidente del Gobierno José María Aznar, uno de los individuos que organizaron aquella guerra. Pero qué demonios, es tan efectista que puede aplicarse a muchas situaciones, a diferentes personas, a distintos gobiernos. A mí, por ponerles un ejemplo, me viene bien para calificar la gestión socialista de la televisión pública española: nunca nadie hizo tanto daño en menos tiempo.
Cualquiera que vea TVE sabe, gracias a las autopromociones con que saturan sus informativos, que desde que no tiene publicidad ha aumentado su audiencia. Sin embargo el ambiente que se vive dentro de la televisión pública no es el mejor posible: los trabajadores, reunidos en diferentes asambleas, organizan paros parciales de tres horas, concentraciones sonoras, una gran manifestación (sábado 20 de febrero) y, finalmente, una huelga general de 24 horas (miércoles 3 de marzo).
Nada nuevo. Los flecos del último capítulo en el viejo proyecto socialista de desmantelar la televisión pública. Proyecto cuyo comienzo coincidió, no lo olviden, con la creación de nuevas cadenas de televisión privadas y el proceso para asegurar la supervivencia económica de éstas.
El proyecto se encuentra en la fase final, por lo que me tomo la libertad de recordarles de manera telegráfica los pasos seguidos hasta llegar aquí. Hace unos años todo empresario quería una televisión, es decir, una fuente inagotable de dinero y poder. Lamentablemente la tarta televisiva no daba para alimentar tantas cadenas, por lo que fue necesario sacrificar a una de ellas para que, como en la tragedia de los Andes, sirviese de sustento a los supervivientes. Le tocó a la televisión pública, qué le vamos a hacer. Primero quedó debilitada al ser despojada de lo mejor de su patrimonio: los trabajadores veteranos. Tras el ERE el Ente perdió punch, y las cadenas recién nacidas se hicieron un hueco a codazos. Después llegó la crisis y, como las cadenas privadas necesitaban dinero, TVE les cedió generosamente su publicidad (un 80% de la inversión publicitaria de TVE va a parar a las privadas). Pero no era suficiente, por lo que la televisión pública fue abandonando la producción propia y externalizando trabajo: hasta 53 empresas le facturan a RTVE (mientras muchos trabajadores de la casa permanecen con los brazos cruzados), cuenta con 110 directivos “externos”, el 80% de la producción de deportes está en manos ajenas…
Santiago González, nuevo director de TVE, respondió el pasado sábado en La 2, en una entrevista con Elena Sánchez (defensora del telespectador), a la pregunta de si el nuevo modelo de financiación de la televisión pública puede afectar a sus contenidos. “Debemos optimizar los recursos que tenemos y utilizar a todos los trabajadores… en ese encaje se va a mover el futuro inmediato de la televisión pública”, dijo sin decir nada. Mucho más claro es Jaume Roures, presidente de Mediapro y quién sabe si adivino o poseedor de información privilegiada, al adelantar el futuro de la televisión pública: “TVE se quedará sin gasolina en seis meses. Los fondos no van a ser suficientes como para mantener un nivel atractivo de contenidos”.
En la última asamblea el grito de los trabajadores de TVE fue “¡basta ya!”. Me temo que ya es tarde: la televisión pública española, como la sanidad madrileña, sucumbe víctima de ambiciones personales, de manipulaciones políticas, de intereses privados. Es un cadáver andante.
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P.D.
Y ya que hablamos de TVE, de su financiación y de cómo afectará a la programación… Esta misma tarde (19.00, La 2) tendrá lugar el estreno de una gran serie documental: “El hombre y la tierra”. Sí, aquella que grabó Félix Rodríguez de la Fuente entre 1975 y 1980. Un clásico francamente interesante, de innegable valor histórico, que nos lleva a realizar ciertas reflexiones:
1.- ¡Qué tiempos aquellos, en los que la televisión pública española apostaba por las grandes producciones! (¿Recuerdan “Al filo de lo imposible”?).
2.- ¿Aguanta el paso del tiempo “El hombre y la tierra”? No se lo digo sólo por compararlas técnicamente con las que emite actualmente la BBC de David Attenborough. Se lo digo por la bronca de hace unos días sobre la foto trucada de un lobo, domesticado, saltando una valla. Actualmente los documentales pretenden mostrar a animales en estado salvaje, sin troquelar, sin alterar comportamientos naturales. Rodríguez de la Fuente fue un gran comunicador, un maestro, pero muchas de sus escenas tenían “truco”.
3.- ¿Esto es todo lo que puede ofrecer TVE en cuestión de documentales? Repeticiones anárquicas para la sobremesa y reposición de antiguallas (con todos los respetos) por la tarde.
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Un motivo para NO ver la televisión
Mendel el de los libros.
Stefan Zweig.
Editorial Acantilado.
“Los libros sólo se escriben para, por encima del propio aliento, unir a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido”. Con esta frase termina “Mendel el de los libros”, un cuento tan breve, apenas 57 páginas, como maravilloso, que cuenta la historia de un librero que pasa su vida sentado en la misma mesa de un café de Viena. Dotado de una memoria prodigiosa, Jainkeff Mendel convierte ese lugar en su sala de lectura, su despacho, su hogar. Hasta que un día es detenido y enviado a un campo de concentración. Cuando regresa nada es igual. Zweig escribe un grandioso relato sobre las injusticias de la guerra, la necedad de las fronteras, la ignorancia y el conocimiento y, sobre todo, sobre la tolerancia y la exclusión. Espectacular e imprescindible.

