El descodificador

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Han propuesto a una actriz que interprete el papel de una periodista que interpreta el papel de una princesa. No es un trabalenguas. Es el próximo trabajo de Amaia Salamanca, la artista que ejercerá de Letizia Ortiz en la nueva tv movie de Telecinco sobre la pareja de españoles aspirantes al trono. Salamanca, la famosa Catalina del narcoculebrón “Sin tetas no hay paraíso”, será la Leti de una producción que promete reventar las audiencias pero aún no tiene nombre. ¿Qué tal “Sin tetas no hay monarquía?”.

A fin de cuentas, ¿qué es la monarquía sino la cumbre de la interpretación? La farsa elevada a categoría política, la simulación convertida en espectáculo social. Justificar en pleno 2010 la pureza de la sangre, la importancia de la sucesión, la superioridad de una familia, es mucho más que la antítesis de la democracia. Es un alarde circense sin precedentes. Un triple mortal con  tirabuzón digno de la carpa de Ángel Cristo. Es un arte que merece todos los elogios y respetos.

Nada más conocer la noticia, Amaia “sin tetas” ha dicho que quiere ponerse en contacto con Letizia para que le cuente algún detalle de su relación con el Príncipe. Fundamental para bordar su papel. Porque los reyes son importantes, cazan osos, pero solos no van a ningún sitio: necesitan a las mujeres para dar continuidad a sus dinastías. Ya lo dijo la reputada tertuliana Bárbara Rey: “A alguien podía haberle hecho la putada de tener un hijo”.

En la propia cadena, ignorantes, se toman el tema a chufla. “La nariz la tienen igualita. Ah… ¿qué la tiene operada? Bueno, la sonrisa, eso sí, es la misma. Ah… ¿qué Leticia lleva aparato? Vaya, vaya…”, ironizan en “Sálvame diario” (Telecinco). ¡Qué feo es morder la mano que te da de comer! Como si Juan Carlos condenase a estas alturas la dictadura franquista…

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TVE dedicará en los próximos días numerosos homenajes a Juan Antonio Samaranch. En la imagen, el que fuera Presidente del Comité Olímpico Internacional (COI) junto a Martín Villa, actual Presidente de Sogecable.

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En mitad del Telediario, Pepa Bueno presenta unas imágenes con unas personas mayores que presumiblemente están actuando. Dice que parecen actores profesionales, pero que no lo son. “Después veremos de qué se trata”, afirma justo antes de dar paso a un suceso que ha tenido lugar en Valencia.

La misma miserable técnica del “reclamo” que inventó “Aquí hay tomate”, y que hoy es habitual en los programas del corazón. Diez minutos después Bueno desvela el misterio: un concurso de cortometrajes para ancianos. Televisión pública de calidad.

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Un motivo para NO ver la televisión

Del panteón a Buenos Aires.

Autor: René Goscinny.

Editorial: Libros del zorzal.

Goscinny fue mucho más que el guionista de Asterix. El escritor y dibujante parisino publicó algunas crónicas humorísticas magníficas que no se han editado jamás en España (que yo sepa). Por eso esta minúscula pero intensa colección de textos breves es todo un descubrimiento.

Escritos entre 1964 y 1976, publicados en lugares tan dispares como Pilote o Paris Match, las diecisiete reflexiones humorísticas que forman este librito son francamente tronchantes. Piezas de apenas cuatro o cinto paginas que tratan de los temas más variopintos: los rumores, las dietas, la incomprensión, la muerte de la polémica, la glotonería…Una mezcla sencilla de humor, ironía, desencanto y ganas de vivir. Y es que el Goscinny escritor debería ser considerado un maestro por todos aquellos que pretenden hacer reír a los demás. Este texto da título al libro…

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Del panteón a Buenos Aires.

El 14 de agosto de 1926, mi hermano mayor dejó de ser hijo único. Nunca me lo perdonó. Nací en el distrito V de París, no muy lejos del Panteón, ¡súper práctico! “A los Grandes Hombres, la Patria agradecida”, es poco frecuente que se lo digan a uno ya desde el nacimiento.

Me fui de Francia en 1928, llevando a mis padres conmigo, y me quedé en Argentina hasta 1945. Nuestra llegada fue maravillosa: nos esperaban con guirnaldas, un desfile militar y fuegos de artificio. Sí que sabían recibir bien a los que arribaban. Mucho después me enteré de que habíamos llegado el día de una celebración patria.

Hice la escuela en español y también en francés: la primaria era obligatorio hacerla en español, y al mismo tiempo la cursé en francés. Luego entré en el Liceo Francés de Buenos Aires. Es gracias a eso que hoy puedo decir así, con facilidad y sin dudar, que “dos más dos son quatre”.

Ya en ese tiempo hubiera hecho cualquier cosa para hacer reír a mis compañeros. Y para hacerlos reír a ésos había que hacer cualquier cosa. Era un niño tímido y, ahora, soy un adulto tímido. Era muy buen alumno, porque me habían dicho que se estilaba. Creía que un mejor alumno se aburría menos. Es un error común: el primero de la clase se aburre tanto como el último. Yo era un niño absolutamente no deportista y nunca me peleaba. Más bien me pegaban. No muy seguido, por otra parte, porque nunca me quedaba demasiado tiempo cuando la cosa se ponía fea.

Sí, por supuesto, yo hacía dibujitos en los márgenes de mis cuadernos. Tenía un amigo que, en cambio, llenaba sus márgenes con números. Ahora es editor. ¡Ah, sí!, en clase hice un periódico del que era el único compaginador e ilustrador. También era su único lector.

Aún hoy me pregunto qué fui a hacer a Estados Unidos. Uno de mis tíos, que vivía allí, me había escrito: “Tienes que venir a los States”. Y yo, cuando me dicen las cosas con cierta energía, me pongo en marcha. En síntesis, fui con mi madre y, al poner los pies sobre el suelo de Estados Unidos, comencé a preguntarme qué hacía allí. Como los estadounidenses se hacían la misma pregunta…

Muy pronto me dieron una razón de ser: me convocaron a su ejército. A mí no me parecía gran cosa y además tenía ganas de volver a Francia. Fui al consulado francés para preguntar si no existía un modo de zafar. Me dijeron que fuera a ver al agregado militar. Este último, naftalínico en extremo, me dijo: “¿Alistarse en el ejército francés? ¡Pero usted está loco! En el ejército estadounidense, estará mucho mejor: ¡Comerá huevos todas las mañanas!”.

Yo, que nunca como por la mañana, quedé asqueado, y dije no, no, quiero alistarme en el ejército francés. Me dieron un uniforme, una misión a cumplir (díganme si no es serio), y me embarqué en el “Ile de France”. Todos los días langostas. Se soportaba. En Francia, cuando llegué, me preguntaron qué sabía hacer. Dije que hablaba tres lenguas, que escribía a máquina, que dibujaba un poco, que tenía algunas nociones comerciales y que había hecho algo de periodismo. Entonces, me mandaron a la infantería alpina, del lado de Marsella.

Al llegar allí, lo primero que me pidieron mis camaradas fue “¡pan!”. No comíamos nada. Perdí veinte kilos en tres meses. Con decirles que me cambiaron el uniforme basta. Y cuando en el ejército francés hacen eso es porque verdaderamente se trata de un caso extremo. Hay que aclarar que yo daba media vuelta y el uniforme no se movía. Estaban hartos de ver a un muchacho con la corbata en la espalda. Todos me decían: “¿Pero para qué viniste acá? Parece que en el ejército estadounidense ¡comen huevos todas las mañanas!”.

Al cabo de un año, me enviaron de regreso a casa. Como recuerdo me quedaron el grado de sargento, una red forrajera, la insignia de mi batallón y un par de medias de lana que no estaban nada mal.

Una vez de regreso a Estados Unidos, me ocupé en ser un desocupado. Quería animarme a probar esos oficios que me trabajaban la cabeza. Los oficios sí que trabajan, en cambio yo, desafortunadamente…

Y entré en un estudio donde encontré al equipo que fundó la revista Mad: Harvey Kurtzman, Willy Elder y hasta Jack Dais. En ese momento conocí a Jijé y a Morris. Trabajé para un editor de libros infantiles que pronto se declaró en quiebra. Y fue entonces cuando decidí dejar de hacerme el payaso, abandonar Estados Unidos e ir a trabajar a Francia…

Cuarto día sin luz, sin tele. ¿El infierno para un crítico de televisión? No, el paraíso. Seguramente por eso, tener que desplazarme a un lugar con electricidad, concretamente a un bar, para ver cómo Zapatero trataba de explicar sus planes para sacarnos de la crisis, se convirtió en una tortura. A los bares va uno a divertirse, a beber, a ver el fútbol. A Zapatero se le ve en casa, con las persianas bajadas y una caja de pañuelos de papel en el regazo. No es un cascabel, reconozcámoslo: consigue que uno tenga esa sensación melancólica, de vacío, que se esconde tras las miradas caprinas.

Hoy se cumplen dos años de las elecciones que permitieron a Zapatero abordar su segunda legislatura. Anoche el Presidente eligió para su primera entrevista en 2010 un escenario aterciopelado (TVE), un decorado minimalista (un despacho blanco de Moncloa) y tres entrevistadores sin espolones (Pepa Bueno, Ana Blanco y Juan Ramón Lucas ). Lógico. Quería causar buena impresión, tal vez acabar con la maldición que asegura que el Gobierno socialista no “comunica” bien. Viene sucediendo así desde su primer día en Moncloa y, por lo que vimos anoche, Zapatero no corrige sus defectos. Lo que me lleva a pensar que es tozudo. La tozudez consiste en mantener las ideas, algo que puede parecer muy loable pero que acaba convirtiéndose en un defecto que nos aproxima al cruce de burro y yegua. Tozudo como una mula, dicen. La mula, ese animal que comparte espacio en la granja con la cabra.

El Presidente parece un individuo tremendamente aburrido. Quizá alguien debería decirle que vaya al grano, que responda de manera breve, y que mire fijamente a la cámara, para así dirigirse a cada telespectador de manera personalizada. O quizá no deberían decirle nada. Si usted mira a una cabra a los ojos, la cabra, que pertenece a otra especie, ni se inmuta. Y si mira a los ojos de la cabra a través de una cámara de televisión, menos. Tras siglos de sometimiento, la cabra no entiende de buenas palabras o miradas de cordero degollado. La cabra sólo entiende de hechos. Le pones comida en el pesebre, la cabra bala. Le cambias la paja, la cabra retoza. Le descargas la leche, la cabra te lame cariñosamente la cara. Te acercas con un cuchillo, la cabra escapa.

Pepa Bueno fue la única que mantuvo el tipo en el rebaño. Excelente actriz, comenzó interpretando el papel de poli mala: “usted  no vio la crisis, no quiso verla o no vio la envergadura que tenía”, dijo para arrancar. “Su credibilidad ha bajado. ¿Cree que su Gobierno está en condiciones de transmitir confianza?”, preguntó después. Como no había repreguntas, el Presidente contestó sin decir nada, con monólogos largos, aburridos y repetitivos. Y así durante 45 interminable minutos.

Kissinger pensaba que los estadistas, los que dirigen  la granja, manejan unos códigos distintos a los del ciudadano normal, la cabra. Esta diferencia, no sé si genética o moral, le servía para justificar las mentiras y las miserias de los políticos. Las suyas propias. Mucha gente cree que no es así, y que los políticos, incluso los presidentes, deben decir siempre la verdad, e incluso mostrarse por encima de sus promesas. No lo hacen. Algunos incluso se atreven a decir que cerrarán las centrales nucleares, que harán justicia a los asesinados durante la guerra civil, que protegerán el medio ambiente, que pondrán a la iglesia en su sitio. Mienten. A partir de ese momento, podemos volver a creerles o no. Después de ver a Zapatero en la entrevista promocional de anoche ni le creo ni le dejo de creer: me provoca una indiferencia absoluta, algo que, imagino, es la peor sensación que puede transmitir un político. Como cuando miras fijamente a los ojos de una cabra.

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Si yo les digo que los barriguitas tienen su propio estudio de televisión, es muy posible que piensen que hablo de la productora del gordito de Intereconomía y sus colegas. Pues no. Los barriguitas son unos muñecos buenos. Fabricados por Famosa y con el tamaño de una manzana, adoptan diferentes papeles de la vida humana. Hay barriguitas que tienen negocios, como una peluquería, una farmacia o una tienda de mascotas. Otros están en un hospital o en su casa. Una pareja de barriguitas se presenta en un “kit boda” con todos sus accesorios, ramo de novia, tarta nupcial y pista de baile giratoria incluidas. Pero el más original y fascinante es el estudio de televisión.

El plató de los Barriguitas incluye cuatro muñecos. Qué mínimo. Presentadora, cámara, maquilladora y realizadora, imagino. Los niños se lo pasarán como enanos con este divertido juego, que seguro que para las próximas navidades aumenta su plantilla. Ya lo estoy viendo… El quirófano de los barriguitas, con unas diminutas Belén Esteban y Ana Obregón con diferentes caras de quita y pon. El geriátrico de la tele pública, con decenas de barriguitas de cincuenta años y uno de 81 (que puedes intercambiar de posición). Y la fusión de los barriguitas, un batiburrillo de muñecos, empresas, acciones y billetes de 500 euros que puedes ordenar de las maneras más estrambóticas.

Cincuenta euros bien invertidos. Y no serán los últimos… En los grandes almacenes que no admiten que sus trabajadores estén sindicados, ya saben a cuales me refiero, están liquidando “las televisiones sin TDT de Disney”. Con esta frase intentan vender teles viejunas: la rosa de Campanilla, la negra de piratas del Caribe y la roja de Cars se saldan a 59,95 euros. Un chollo, si no fuera porque el descodificador de TDT cuesta otros 50 euros.

Pero para muñequito barriguitas, el cantante Alejandro Sanz, que fue protagonista anoche de un especial en La 1 de TVE. Un programa con muchas similitudes con el que tuvo lugar hace tres años, cuando Pepa Bueno entrevistó, también en Navidad y para la tele pública, a Miguel Bosé. Exactamente los mismos tópicos, las mismas banalidades, el mismo peloteo, pero sólo con parecidos protagonistas: cambien a Bosé por Sanz, y a Bueno por Ana Pastor (su sustituta al frente de “Los desayunos de TVE”), y tendrán el mismo engendro promocional. Entonces Bosé se forraba con “Papito”, ahora Sanz lo intenta con “Paraíso Express”. Los dos con la misma discográfica, Warner Music. Y con el mismo padrino, TVE.


Recostado en el sillón de su casa, con los pies sobre la mesa (como Bush en su rancho), el cantante con el corazón fragmentado en dos o más trozos opinó sobre Obama o Berlusconi. Y resultó que sus opiniones despiertan el mismo interés que sus canciones. Cero. Y sin bajar los pies se atrevió a hablar sin decir nada sobre el hambre en el mundo. ¿Lo mejor? Saber que Alejandro necesita una limpieza de cutis: “le sale el arte por cada poro”, asegura Ana Pastor en su blog. Terminaron brindando “por el paraíso navideño”.

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Según informa la agencia EFE, el habitual mensaje de Navidad del Rey cambiará la “escena tradicional” que ofrecía hasta ahora en su emisión televisiva por una “nueva” y “distinta”, según ha explicado el presidente de la Corporación de RTVE, Alberto Oliart. Al parecer es la Casa Real quien ha solicitado que se “variara” esa imagen. Podemos esperar cualquier cosa…

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La serie “Cuéntame” ha sido galardonada con el Premio Nacional de Televisión que, convocado por el Ministerio de Cultura, celebraba su primera edición. Un jurado, formado por cracks como Carmen Caffarel, Manuel Campo Vidal o Juan Cueto, ha tomado la decisión, que además del honor incluye un sobre con 30.000 euros. No se sabe quién recibirá la pasta, si la productora o TVE. Una cifra con la que no pagan, me temo, ni el catering del capítulo más barato. Una pasta que seguramente el Ministerio de Cultura podría invertir en proyectos más innovadores, arriesgados y, sobre todo, necesitados.

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Un motivo para NO ver la televisión.

Tom Waits.

Cd: Glitter and Doom Live.

El concierto del 12 de Julio de 2008 en San Sebastián está en cada surco (digitalmente hablando) de esta recopilación, un disco amplio (17 canciones) pero incapaz de mostrar en toda su inmensidad el espíritu de Tom Waits sobre un escenario. Tom es Dios. Y también una anguila. Es muy difícil atrapar a una anguila. “Soy un pez albino, ya sabes, ése que lleva tanto tiempo en el lago. Me estoy haciendo mayor y aún no me han pescado”, dijo en una entrevista en Australia. Pero merece la pena intentarlo: no todos los días se editan cd´s con la energía bastarda que desprende este genio de la narración y el sonido. De regalo, un disco con sus historias.

José Antonio Ovies, presentador del programa de Telemadrid “7 días”, un informativo en la línea del clásico “Informe semanal”, define la manifestación por el empleo que se celebró en Madrid el pasado sábado: “Turismo de manifestantes. Como en los viejos tiempos de la dictadura”. Para dar fuerza a sus palabras utiliza imágenes no de la propia manifestación, convocada por UGT y CCOO, sino de las concentraciones de apoyo a Francisco Franco que se celebraban en la plaza de Oriente.

Aquellos que comparten la vida con un perro estarán de acuerdo conmigo en que hay que vigilar su salud y ofrecerle toda clase de atenciones y cuidados. Son nuestros compañeros y amigos. Hasta que desgraciadamente la situación del perro, por enfermedad o vejez, se hace irreversible. Cuando no hay solución, y para evitar la agonía del animal y el sufrimiento de todos, sólo queda la eutanasia.

Telemadrid es un perro rabioso. Desinforma, manipula, censura, miente…Y pierde audiencia y dinero. Es muy posible que la eutanasia sea la única solución para esta televisión enferma. Emitir una información sobre la marcha sindical que convocó a más de 50.000 personas únicamente con imágenes de manifestaciones franquistas es intolerable. No sólo periodísticamente, sino también a nivel social y político. Se trata de una burla para todos aquellos que financian la cadena. Los madrileños. TODOS los madrileños, no sólo los votantes de Esperanza Aguirre. Pero lo peor es que no se trata de una situación nueva o sorprendente: Telemadrid traspasa todos los días la frontera del esperpento.

Creo en la televisión pública. Una televisión de servicio al ciudadano, sin intereses comerciales, libre de la presión del negocio audiovisual. La televisión desde donde recibir información limpia, entretenimiento digno, ocio de calidad. Pero empiezo a creer que determinadas televisiones públicas no tienen solución. Telemadrid se ha  convertido en un cáncer para los ciudadanos madrileños, obligados a financiar el órgano de propaganda del gobierno de su comunidad.

Eutanasia para Telemadrid. Sin ella los madrileños serían más libres.

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Hermann Tertsch presentará el editorial de “Diario de la noche” (Telemadrid) desde el hospital. Se trata de una gran idea, puesto que el periodista supuestamente agredido alcanzará cotas de teatralidad y dramatismo sólo comparables a las de Javier Bardem en “Mar adentro”. Ya me lo estoy imaginando soltando, desde su lecho del dolor, frases tan interesante como la de ayer: “Los que me agredieron pueden ser moros o gente normal, del cine o de la SGAE”.

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El eyaculador interior Sánchez Dragó es uno de los gurús de Telemadrid. Y uno de los grandes beneficiados del agónico estado de esta televisión. Según la plataforma “Salvemos Telemadrid”, Dragó ha facturado “desde 2005 a la cadena 1.200.000 euros, aproximadamente, por el programa “Las Noches Blancas” (con una media de audiencia de un 3%). Más unos 36.000 euros por 4 programas de “Dragolandia” (con una media de un 4.1%). Más unos 350.000 euros por presentar “Diario de la Noche” durante año y medio”.

¿Saben cómo ha conseguido un personaje como Dragó afianzarse en la cadena pública y en el diario El Mundo? Siendo un miserable. Es decir, provocando, defendiendo lo indefendible, insultando, faltando al respeto, mintiendo… El último ejemplo de su sórdida técnica de superviviencia es un texto publicado en el diario de Pedro J. sobre los  cooperantes españoles secuestrados en Mauritania, a los que llamó “gorrones sin fronteras”. Lean a Sánchez Dragó: “Mi mujer, que es japonesa, exclama: ¡Menudo chollo! Los españoles pagáis al contado y, encima, convertís en héroes a esos pijos. Razón lleva. Pijos, caraduras, gilipollas y gorrones, añado. ¿Acció solidaria? No. Acción mamaria (de mamoneo). Lo de esa gubernamentalísima organización no gubernamental es como para clamar al cielo en el que sus frailes no creen. Pijos, porque basta verlos, saber quiénes son sus papis y pasar lista a los enchufes de los que viven. Caraduras, porque jeta de granito hay que tener para asegurar que es la misericordia -solidaridad, la llaman. Jerga progre- lo que los mueve. ¡Oh, cuánto sacrificio! ¡Qué entereza de ánimo la que los lleva a arrastrar las penalidades del turismo de aventura! Gilipollas, porque lo es en grado sumo todo el que piense que con unos cuantos camiones cargados de alubias, chocolatinas y preservativos va a sacar de apuros a millones de personas gobernadas por sinvergüenzas”.

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“Nos tenemos que despedir. Volveremos más adelante”, acertó a decir Pepa Bueno cuando apenas habían transcurrido doce minutos del Telediario (TVE) de las nueve de la noche. Pudimos escuchar esas palabras, pero ella tenía la boca cerrada. Entró un bloque publicitario de ocho  minutos. Después llegó la información meteorológica. Fueron doce minutos de Telediario absolutamente surrealistas en los que había un desfase de varios segundos entre el sonido y la imagen. Doce minutos caóticos, absurdos, patéticos. Y a las nueve y veinticinco minutos, tras la información meteorológica… ¡arrancó de nuevo el Telediario!

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“Lo que no puede ser es que el Gobierno quiera prohibir el tabaco y no el alcohol, que es igual de perjudicial para la salud”, dice la tertuliana de “Los desayunos de TVE”. Gran error. Puede que para la salud del que bebe y fuma ambas prácticas sí sean igual de perjudiciales. Para el que se sienta en la mesa de al lado, no: respiramos el humo ajeno, pero no bebemos sus copas. ¿Es tan difícil de entender? No, pero es que entonces la culpa no sería de Zapatero.

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No hay bestia tan feroz.

Autor: Edward Bunker.

Editorial: Sajalín.

Leer “La educación de un ladrón” (Alba), primer libro editado por Bunker en España, me produjo un placer salvaje y visceral. Era posible una nueva novela negra. Bunker, el preso más joven de San Quintín con 16 años, sobrevivió a una vida al límite y alcanzó la madurez escribiendo sin tapujos. Con la misma naturalidad con que disparaba una recortada, sodomizaba a un preso afeminado o se metía un chute de caballo. Bunker era auténtico. Y “La educación de un ladrón”, autobiografía de un chorizo, todo un clásico.

“No hay bestia tan feroz”, el primer libro escrito por Bunker, se ha editado por fin en España. Y es otra pequeña maravilla. El sórdido submundo de Los Angeles proporciona nuevos y sorprendentes  personajes, historias condenadas a terminar a tiros,  violencia fuera de control. El instinto de supervivencia de Max Dembo, el protagonista, resulta inagotable y enternecedor. Tanto como su capacidad para generar conflictos y provocar dolor. Pero no esperen arrepentimiento. El protagonista de este libro es un delincuente que odia la sociedad, asesina a sangre fría a un policía, ejecuta a un amigo chivato, y se sumerge en una huida sin final. Un criminal que roba, mata y se coloca para sobrevivir. Un guía de lujo para recorrer el lado oscuro de L.A.

Dan Coyle es un escritor norteamericano que recorre el planeta en busca de ingenio. Acaba de publicar un libro, “Las claves del talento” (Zenith), en el que cuenta cosas muy interesantes que ha aprendido durante ese viaje, como por ejemplo que la inteligencia no es un don innato o de origen genético. El talento hay que trabajarlo. “Práctica y repetición”, asegura. Una vez conseguido, el talento  se parece a la energía: no se destruye, sólo se transforma. Y entonces va de un lado para otro con la agilidad de una comadreja. Seguramente por eso anoche la televisión echaba chispas al sufrir un sunami de neuronas: el intercambio de papeles, energías y genialidades entre Buenafuente y Wyoming.

Andreu presentó “El intermedio” y Wyoming presentó “Buenafuente”. Y el invento funcionó. Sin apenas chirridos, de una forma absolutamente natural, con equipos perfectamente engrasados que simplemente intercambiaron piezas maestras. Y detalles, como los chistes de Falete. Las teorías de Coyle son ciertas. El talento es lo que cuenta, y dónde, cómo y cuando tenga que desarrollarse es anecdótico.

“Ya conocen a Wyoming… ahora conocerán a un tipo divertido”. Así arrancó Buenafuente. Parecía feliz el de Reús. Motivos no le faltaban: por un día iba a terminar de trabajar a una hora decente. Además, los miembros del equipo de Madrid le recibieron con los brazos abiertos, con algunos buenos chistes y un montaje divertido sobre el Zapatero corredor. Y le permitieron ironizar sobre su superioridad física e intelectual. Sólo sobraron algunos minutos de encuestas callejeras, puro y lamentable relleno.

“Buenas noches Barcelona… Ja sóc aquí. ¡Otra plaza conquistada!”. Así comenzó Wyoming. Parecía contento el de La Prospe. Acababa de madrugada, pero ya saben que los viernes no curra. “A estas horas estoy en casa viendo anuncios de mujeres desnudas”, reconoció. El arranque del programa fue espectacular: parecía que llevaba toda la vida presentando el programa. Y el resto resultó simplemente brillante. “¡Que suene un pedo muy grande!”, reclamó para cerrar el monólogo. Y cuando explotó la ventosidad (¡peeeeeeeef!), sentenció: “Bienvenidos al humor inteligente”.

Andreu al frente de “El intermedio” y Wyoming de “Buenafuente”. Una ingeniosa vuelta de tuerca laboral que dinamitó las rutinas, limpió algunas telarañas, estimuló la creatividad de los miembros de ambos equipos y, sobre todo, sorprendió a la audiencia. Sensaciones frescas en una noche con magia. E inmejorables noticias para La Sexta, que a diferencia del Real Madrid al menos tiene dos jugadores para un mismo puesto: humorista con talento.

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Pepa Bueno avisó demasiado tarde de la dureza de las imágenes de un atentado en Somalia. Lo hizo en el segundo “pase”, cuando ya nos habíamos horrorizado viendo en los titulares a varias personas agonizando en charcos de sangre. Sólo advirtió de lo brutal que era el tema cuando, minutos después, desarrolló la información. Si el despiste hubiese  tenido lugar en otras cadenas, no dudaría ni un segundo de la mala intención de los editores: les enganchamos con la masacre y les advertimos después. Quiero pensar que en la televisión pública fue simplemente incompetencia.

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Se acumulan los momentos patéticos en las comparecencias de Zapatero ante la prensa. Sus declaraciones cuando le preguntaron su opinión sobre la retirada de los crucifijos de los colegios fueron tibias, imprecisas, vacilantes, torpes, patéticas. “No hay nada de momento, hasta que la ley de libertad religiosa en su caso aborde el tema. E insisto, abordaremos el tema buscando el consenso, la pluralidad y el espíritu de la Constitución”, balbuceó el presidente del Gobierno.

Un motivo para NO ver la televisión.

El próximo día 13 se celebra en Madrid el concierto benéfico Light of day. Es difícil encontrar una causa mejor, la investigación contra la enfermedad del Parkinson, y un cartel más excitante: Marah, Jesse Malin, Willie Nile, Joe D´urso y Los Madison. Se celebra en una sala pequeña (Ramdall, calle Ferraz 38) y las entradas ya están a la venta en ticketmaster.

Lucha de gigantes / Convierte el aire en gas natural / Un duelo salvaje advierte / Lo cerca que ando de entrar / En un mundo descomunal” (Antonio Vega).

No hay mejor ring que la televisión. Con millones de posibles espectadores, la pantalla se ha convertido en un inmejorable campo de batalla para duelos fratricidas. Vean cómo Ana Rosa Quintana y Susanna Griso se tiran de los pelos en directo cada día. O cómo Pepa Bueno y Matías Prats luchan para que sus informativos sean líder. ¿Y qué me dicen de Buenafuente y Wyoming, enzarzados en un combate de sumo dentro de su propia cadena? Pero la lucha más equilibrada, y por lo tanto más despiadada y cruel, tiene lugar en las cadenas temáticas de TDT por la mañana temprano. Es la franja despertador, ese momento en que usted entra en la ducha, pone la cafetera o, perezoso, se quita las legañas. Y es que en ese instante inicial de la jornada, con los primeros rayos del sol, se enfrentan, como en los duelos crepusculares de John Ford, Jiménez Losantos y Bob Esponja.

Algún bromista pensará que Losantos ha elegido el horario infantil para enfrentarse a rivales de su talla. No tiene gracia. Bob Esponja es un dibujo animado para niños. Losantos es un señor bajito. Bob Espoja es un personaje de ficción. Yo diría que un repugnante personaje de ficción, con ojos de cocainómano, discurso anfetamínico y un color amarillo que sólo sienta bien a los Simpsons. Losantos es… un personaje real. Les contaría muchas cosas, pero lo mejor es que ustedes le escuchen. Ayer mismo dijo lo siguiente: “Una noticia escalofriante: Moratinos podría acabar de ministro de Exteriores europeo. De ahí a los almorávides hay nada, diez minutos. La morisma con ánimo de gresca ve a Moratinos y dice, a por él. Y nada, otros ochos siglos aquí luchando contra la media luna. Nosotros estaríamos a favor de la media luna. Zapatero no, pero otros sí”.

Las audiencias, por desgracia para todos aquellos que necesitan droga dura por las mañanas, no están con Losantos. Bob Esponja le da un buen repaso: un 7,97% de share del invertebrado acuático frente a un rácano 1,2% del vertebrado radiofónico. “Es la mañana” (Veo7), la tertulia radiofónica de Losantos, se arrastra por la banda despertador muy por detrás de Esponja (Clan TVE), “Hotel, dulce hotel: Las aventuras de Zack…” (Disney Channel), “Zoey 101 / Príncipe de Bel Air” (Neox),  “Ben 10” (Factoría de Ficción)…Pero Losantos no debería desmoralizarse. La franja matinal de la TDT es su hábitat, la liga que le corresponde. Recuerden que, como dijo Rilke,  “la verdadera patria del hombre es la infancia”.

 

Un motivo para NO ver la televisión.

Los Lobos cantan a Disney.

Sí, Los Lobos, el grupo de David Hidalgo y César Rosas. La banda más grande del norte del Río Grande. El orgullo de la frontera. Los Lobos lanzan un disco con canciones de películas de Disney en versiones… digamos que muy especiales.

Los Lobos en Barrio Sésamo

 

Los Lobos y su versión de “Heigh Ho” de Blancanieves

 

El mejor informativo del mundo anoche duró apenas ocho minutos. El tiempo que le dejó el partido de fútbol amistoso que jugaron Austria y España, y la publicidad. Fueron sólo ocho minutos, pero muy bien aprovechados, la verdad, puesto que hablaron del rescate del Alakrana, de las escuchas de Sitel, de Ricardo Costa, del Ibex 35, de la muerte de dos trabajadores en Valladolid, del futuro presidente de la Unión Europea, del crimen de Fago, de las previsiones meteorológicas y, por supuesto, del mejor informativo del mundo. Que no era otro que ese mismo informativo. El Telediario 2. El de los ocho minutos, las ocho noticias y la autopromoción final.

“Es una alegría para todos los que trabajamos en esta casa”, dijo a modo de sentencia David Cantero, sustituto por un día de Pepa Bueno. La presentadora se encontraba en Zurich con Lorenzo Milá y Fran Llorente, director de informativos, recogiendo el premio. Porque el mejor informativo del mundo es, señoras y señores, el de las nueve de la noche de TVE. Y lo es por delante de los de TF-1, BBC, CBS, ABC News, FOX, NBC, RAI… O al menos eso dice la prestigiosa empresa Media Tenor, un instituto académico de análisis internacional sobre medios de comunicación con sede en, agárrense, Nueva York, Bonn y Zurich.

He consultado con varios especialistas en televisión (informativos, audiencias, consultoría, marketing…) y nadie conoce la prestigiosa empresa Media Tenor. Tampoco han oído hablar de sus premios “TV News Awards”. No importa. A partir de ahora es una empresa muy prestigiosa, y los “TV News Awards” unos premios del copón. Tanto como el Telediario 2 de TVE. Dure ocho minutos o cincuenta. Incluya siete noticias o cien. Esté presentado por Pepa Bueno o por David Cantero.

Aquellos que conocen la importancia de Media Tenor y de los “TV News Awards”, es decir, los que recogieron el premio en Zurich, aseguran en la web de TVE que los galardones se conceden en base “a 13 criterios establecidos mediante una metodología académica desarrollada en universidades de Nueva York, Berlín y Oxford. Entre los criterios, se tiene en cuenta los reportajes analíticos sobre política, la variedad de temas económicos y de países en asuntos internacionales, hasta la cobertura no sensacionalista de noticias de países extranjeros y de interés general. También se valora la visibilidad de las mujeres, la diversidad de cuestiones locales, los reportajes sobre industrias y empresas, y la presencia de temas de salud, educación, medioambiente y democracia, que no son tan frecuentes en otros medios”.

Anoche fue difícil, en esos intensos ocho minutos de información comprimida, arrebujada, prensada y estrujada, diferenciar esos criterios, disfrutar de la metodología académica, encontrar los reportajes analíticos, distinguir la variedad de temas, la diversidad de cuestiones… Fue un informativo mediocre, entregado a la pachanga del fútbol amistoso, indigno de una televisión pública.

El Telediario 2 es habitualmente un informativo aceptable, por independencia y seriedad. Con una presentadora excelente, algunos buenos corresponsales, y varias secciones lamentables (como cultura o deportes). ¿El mejor del mundo? El de ayer, ocho bochornosos minutos, seguro que no.

 

Un motivo para NO ver la televisión.

Nils Lofgren

The Loner (Nils sings Neil).

Antes de ingresar en la E Street Band de Springsteen, Nils Lofgren fue guitarrista de Neil Young. Con el canadiense aprendió “todo lo necesario para subir a un escenario con garantías”. Ahora le devuelve el favor con un sentido homenaje en forma de disco acústico. Lofgren hace quince versiones de otros tantos clásicos del canadiense: “Only Love Can Break Your Heart”, “Light a Hurricane”, “Don’t Cry No Tears”, “Harvest Moon”, “Long May You Run”…

Nils acústico

Nils eléctrico


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