El descodificador

Archivo para diciembre 30th, 2010

Algunos vecinos míos calientan sus casas con leña: no ponen los radiadores eléctricos porque no pueden permitírselo. Mientras tanto nuestro flamante ministro de Industria, Turismo y Comercio se atreve a minimizar la inminente subida de un 9,8% de la tarifas eléctricas diciendo que equivale “a poco más que un café”. Le recuerdo que la factura de la luz no es lo único que sube en 2011: el gas subirá otro 3,9%, las autopistas una media de 1,44%, los trenes de cercanías y media distancia de RENFE un 3,1% y la alta velocidad un 4,8%, la gasolina un 13%, las tasas de aeropuerto un 3,9%, el abono transporte de Barcelona un 3,75%, el agua de Madrid un 2,3%…

La frivolidad y torpeza de Sebastián, un hombre que nos ha regalado algunos de los momentos más lamentables de la política española (recuerden su debate con Gallardón, mostrando fotografías de Montserrat Corulla), podrían parecer insuperables. “Los españoles se merecen un Gobierno que no les mienta”, dijo el actual Vicepresidente Alfredo Pérez Rubalcaba tras el 11M. Pero resulta que hoy mismo sabemos que cuatro guardias civiles han sido condenados por torturar a los etarras del atentado contra la T-4. En aquel entonces Rubalcaba rechazó las acusaciones de tortura asegurando que “si algo tiene la democracia es que somos moralmente superiores a los terroristas”.

No me gustaría tener que dar la razón al genial Joseph Conrad cuando, en “El agente secreto”, escribió aquello de “El terrorista y el policía estan cortados por el mismo patrón”. Pero me temo que torturar a personas, y los etarras lo son, no ayuda a que seamos moralmente superiores a los terroristas. Sólo hace que nuestra sociedad sea más despiadada y sucia. Quizá incluso nos convierta en complices de terrorismo.

Recuperemos a Rubalcaba. Al del 11M… Los españoles seguimos sin merecernos un Gobierno que nos mienta.

¡Feliz año a todos! Bueno, a casi todos…

 

 

Nos lo están poniendo a huevo: sube el recibo de la luz hasta límites insospechados (un 9,8%) al tiempo que la telebasura se extiende de manera imparable por todas las cadenas. ¡Apaguemos la puta televisión! Iniciemos una huelga de antenas caídas que nos permita, además de purgar nuestros deteriorados intelectos audiovisuales, ahorrar una bonita suma de dinero. Y sin tener que llegar a extremos dramáticos, como todas esa mujeres embarazadas que piden a los médicos que les adelanten el parto para poder dar a luz antes del día 31, y así cobrar los 2.500 euros del cheque bebé que se suprime en enero.


Apagar la televisión será el comienzo de la revolución. Con la pantalla en negro el poder se estremecerá, puesto que quedará cerrada su vía favorita para anestesiar e intoxicar a la población. El altavoz de la propaganda política, mudo. Se acabaron los tertulianos crispantes, los políticos hipócritas, los informativos deprimentes y el ocio basura. Sin publicidad televisiva quizá incluso dejemos de consumir como bestias descerebradas. El individuo, liberado de telediarios tendenciosos y entretenimiento alienante, podrá recuperar viejas y buenas costumbres: los libros, los amigos, las cañas, la conversación, la música, el campo, el cine…

El poder no se recuperará con facilidad de semejante bofetada. Tendrá que crear nuevas redes de propaganda, tarea que le llevará años: internet aún se le escurre entre sus dedos grasientos. Tiempo más que suficiente para que los ciudadanos tomemos el mando y exijamos relevos. En la política, en la cultura, en la empresa, incluso en la televisión…

Con sólo apretar un simple botón del mando a distancia, el rojo, estamos levantando una barricada. Stop!!!!


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